Mis Vacaciones Prohibidas con mi Hermanastro: Sexo Salvaje en la Costa Azul

Ay, chica, no sabes lo que me pasó este verano… Mis padres se separaron cuando era adolescente. Mi papá nos dejó a mí y a mi mamá por su secretaria, una tal Muriel, que tenía un hijo de mi edad. Yo me quedé con papá y ella, y él con su madre. Al principio todo era tensión, pero luego las cosas se calmaron. Nos llevábamos bien con mi hermanastro, como hermanos, aunque nos veíamos poco. Vacaciones alternadas, ya sabes.

Ese verano, un error en las fechas nos juntó solos en la casa de la Costa Azul, cerca de Fréjus. Dos habitaciones, la de arriba con camas gemelas. Perfecto, pensamos. Nuestros padres salían de excursión y nos dejaban la villa para nosotros. Playas por la mañana, piscina por la tarde. Broncearnos, charlar… Le conté de mi novio Stéphane, que no me volvía loca. Él estaba soltero.

La Pelea que Desató el Deseo

Un día, yo bronceándome en la piscina, él subió a la habitación. Volví por agua y… ¡zas! Lo pillé con mi diario abierto, la polla fuera, masturbándose. “¡¿Qué coño haces leyendo mi diario íntimo?!”, grité. El muy cabrón balbuceó, “E-eh, no…”. Me lancé sobre él, le arranqué el cuaderno, lo tiré lejos. Caímos en su cama, yo encima, dándole golpes. Él se defendía, pero me dejaba, culpable.

En la lucha, me arrancó el sujetador del bikini. Mis tetas al aire, rebotando con cada manotazo. No me di cuenta al principio, estaba furiosa. Olía a su sudor mezclado con crema solar, ese aroma masculino que me ponía… Sus ojos clavados en mis pechos. Mi coño empezó a humedecerse contra su pierna. Él tenía la verga dura rozándome el muslo. “¡Para!”, pero mi cadera se movía sola, frotándome contra su polla.

Nuestras miradas se cruzaron. Sus pupilas dilatadas, mi respiración agitada. Sus manos en mis caderas, desatando los nudos de mi braguita. La tiré, piel contra piel. Mi clítoris hinchado rozando su glande, resbaladizo de pre-semen. “Ahh…”, gemí bajito. Me froté más fuerte, más rápido. Él empujaba desde abajo. El sonido de carne húmeda chocando, chap-chap. Sus manos apretando mis nalgas, olor a sexo en el aire caliente.

Me mordí el labio, cerré los ojos. “¡Joder, no pares!”, susurré. Ondulaba como loca, tetas botando. Él gruñó, “Crystale…”. Mi orgasmo vino como un tsunami, temblores, jugos chorreando sobre su verga. Él eyaculó justo después, caliente, pegajoso, mezclándose con los míos. Me calmé, abrí los ojos, vergüenza total. Me escapé desnuda, bajé las escaleras corriendo.

Esa noche, padres quisieron pizza, dije que no me sentía bien. Lágrimas en la almohada. Él subió, “Lo siento, no debí leerlo…”. Le conté de Stéphane, el cabrón con mi amiga Madison. Me abrazó, me acarició el pelo. Me dormí en su hombro.

Placeres Matutinos y Entrega Total

Al amanecer, su erección contra mí. “Vaya, estás bien puesto por la mañana, ¿eh?”, le dije sonriendo. “E-embarazoso…”. “Si quieres pajearte, hazlo. Yo también.”. Drapes cubriéndonos, manos en marcha. Sus gemidos roncos, mi respiración acelerada. Olía a su excitación, almizcle puro. “Me pone verte…”, dije, quitando el drap.

Mis tetas al aire, pellizcándome los pezones duros. Él mostró su polla, gruesa, venosa. “No follamos, ¿ok? Solo tocar, chupar…”. Su mano en mi brazo, bajando… Tocó mi polla, no, la suya. La agarró, masturbándome lento. Sus tetas rozando mi brazo, suaves, calientes. Le toqué las bolas, pesadas.

Se inclinó, sopló en mi glande, cosquilleo eléctrico. Besó la punta, lengua girando. “Mmm, sabe salado…”. Me la metió en la boca, succionando profundo. Yo me toqué el coño, empapado. Cambiamos a 69. Su lengua en mi clítoris, lamiendo lento, chupando labios. “¡Sí, ahí!”, grité. Él gimiendo con mi boca llena de su verga.

Orgasmo mutuo, su semen caliente en mi garganta, salado, espeso. Tragué todo, limpiándolo. “¡Dios, qué bueno!”, jadeamos. Toda la semana desnudos, frotándonos, comiéndonos. Hasta que un día, frotándome en su polla… “Al carajo”. La guié a mi entrada, resbalé despacio. Llenándome, grueso, pulsando.

Lo cabalgé salvaje, tetas rebotando, sudor goteando. Cambiamos posiciones: misionero, él embistiendo profundo, chapoteos; perrito, nalgadas resonando; piscina, agua salpicando. Plage de noche, arena pegada, olas de fondo. Insaciables.

Vacaciones acabaron, volvimos a nuestras vidas. Pero hablamos diario. En dos semanas, su cumple, va a mi casa. No veo la hora de más…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *