Mi tercera lección con el señor Vidal: Finalmente la penetración que me hizo explotar

Han pasado dos días desde mi última ‘lección nocturna’ y ya no aguanto más. Estoy tan cachonda que siento el coño palpitando solo de pensarlo. Me imagino abriendo las piernas para que el señor Vidal me folle de una vez. Son las ocho de la noche y toco a su puerta en el apartamento de mi casero.

Él abre, con su bata puesta. ‘¡Ah, eres tú, Marie! ¿Necesitas algo?’

La llegada excitada y la elección de la posición

Me pongo roja, pero voy al grano: ‘Sí, a usted…’

‘Entra, veré si puedo complacerte.’

‘Quiero la siguiente lección, si está disponible…’

‘Para ti, mi niña, siempre estoy listo. Vamos al sofá.’

‘Quiero que me folle. Que me meta la polla.’

‘¿Hacer el amor? ¿Qué audacia! ¿Dónde está mi Marie tímida?’

‘No sea cruel. He aprendido: digo lo que quiero. ¿No era eso la lección?’

‘Sí, pero ¿y lo que yo quiero? Si te abro las piernas y te penetro ahora, ¿estarás satisfecha?’

‘Sí… creo… no sé…’

Nos sentamos. Él abre la bata y ¡zas! Veo su polla por primera vez. ¡Madre mía, qué pedazo! Semierecta, gruesa, venosa. Me quito el jersey y el sujetador. La miro endurecerse mientras me toco las tetas. Sigo desnudándome hasta quedar en pelotas. Su verga está tiesa como un palo.

Me siento a su lado, desnuda, oliendo su aroma masculino, a jabón y deseo. La cojo con la mano derecha. Caliente, pulsante. El glande asoma del prepucio, con gotitas transparentes en el meato. Deslizo los dedos por el tronco hasta los huevos duros, retraídos.

‘Así, mi chou, acaríciame los huevos. Qué rico…’

Tiembla cuando paso por debajo. Me toco el coño al mismo tiempo, húmeda, resbaladiza. El olor a sexo empieza a llenar el aire.

‘Tiempo de destapar, Marie…’

Bajo el prepucio y sale el glande hinchado, violeta, brillante. Él aparta mi mano: ‘Cuidado, me vas a hacer correrte. No ahora.’

La acaricio suave, de abajo arriba. ‘Ahora pajeámela fuerte.’

Mi mano va y viene, torpe pero aplicada. Instintivamente, le doy un beso en la punta. Lo lamo, lo meto en la boca. Sabe salado, cálido. La chupo, va-et-vient, mientras él me masajea las tetas, pellizca los pezones que se endurecen.

‘Mmm, sí, Marie, sigue… Sigue tu instinto.’

Masajeo sus huevos, lengua en el glande y el frenillo. ‘Tómala entera.’

La penetración intensa y el clímax inolvidable

Bajo hasta que toca mi garganta, subo lento. Él me guía la cabeza. Gime ronco y ¡pum! Corre en mi boca, chorros calientes, amargos-dulces. Trago un poco, el resto chorrea por mi barbilla, cuello. Huele fuerte, a hombre.

Me arrodillo en el sofá, culito en pompa. ‘Fóllame ahora…’

Me acaricia las nalgas, pasa por mi coño empapado. ‘Estás lista.’ Pero se aleja. ‘Primero, no estoy listo aún. A mi edad, necesito media hora. La lección acaba aquí. Ponte las bragas. Pero mira esto para el próximo.’

Saco la vulva palpitante, frustrada. Él trae el Kamasutra ilustrado. Lo hojeamos. Fotos de pollas entrando en coños en mil posturas. Mi chochito gotea más.

‘Llévatelo. Elige cómo quieres que te folle. Quizás te complazca.’

Arriba, me desnudo y me masturbo mirando. Elijo la Balanza: él sentado al borde de la cama, yo de espaldas sentándome en sus muslos, polla dentro, me inclino y balanceo. Él me toca tetas y clítoris.

El fin de semana con mis padres pasa volando. Vuelvo cachonda. Llamo a la puerta de Vidal.

‘He elegido, señor. La Balanza. Siéntese al borde.’

Sonríe. ‘Buena elección. Desnúdate.’

Me quito todo. Él se sienta, polla ya medio dura. Me pongo de espaldas, huelo su piel caliente. Me siento despacio. El glande roza mi entrada, resbaladizo por mis jugos. Empujo… ¡ahhh! Entra centímetro a centímetro, llenándome. Gruesa, caliente, latiendo dentro.

‘Qué apretadita… Muévete, Marie.’

Me inclino, manos en sus rodillas. Balanceo adelante-atrás. Su polla sale y entra, frotando mis paredes. Plop-plop húmedo. Sudor perla mi espalda, su aliento en mi cuello.

‘¡Sí! Toca mis tetas… mi clítoris…’

Sus manos grandes amasan mis pechos colgantes, dedos en mi botón hinchado. Gimo alto, ‘¡Ohhh, qué rico! Más fuerte…’

Acelero, coño chorreando por sus huevos. Sensación de plenitud, presión en el fondo. Olor a sexo intenso, piel contra piel chapoteando.

‘¡Me corro! ¡No pares!’

Exploto. Oleadas, contracciones apretando su polla. Grito, tiemblo. Él gruñe, ‘¡Yo también!’ y chorrea dentro, caliente, llenándome.

Caigo jadeando. ‘Por fin… un orgasmo de verdad.’

‘Lección aprendida, mi niña. Ahora eres mujer.’

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *