Estaba en la zona de tránsito, esperando el embarque para mi vuelo a Estados Unidos. Un año entero allá, justo después de la uni, antes del curro de oficina y la rutina. Quería aventuras locas, recuerdos calientes para no aburrirme después. Me quedé dormida en uno de esos asientos duros de metal. De repente, el anuncio: todos se movieron como zombies hacia la puerta.
Me levanté, pasé mi pasaporte a la azafata con su sonrisa falsa, y entré al pasillo. Mi sitio junto a la ventanilla, vacío al lado. Perfecto, siete horas sin ronquidos ni olores raros. Despegamos, el avión se estabilizó. Las azafatas empezaron con las bebidas. Vi a un viejo quejándose de un café caliente. Ella calmada, sonrisa forzada, le dio otro. Entonces… nuestros ojos se cruzaron. Su cara de cansancio me hizo sonreír. Me lo devolvió. Ay, si hubiera sabido…
El Inicio del Viaje y el Primer Contacto
Llegó a mí: “¿Qué te sirvo?” Su sonrisa ancha me puso nerviosa. Balbuceé: “Un Coca… no, Sprite.” “¡Decídete!” seco, mirada negra. Me disculpé: “Perdón, Coca está bien.” Me lo dio: “Dos euros, rápido.” Saqué un billete de cinco. “Gracias por la propina.” Vi cómo miró la erección… espera, mi coño se humedeció. Sonrisa burlona. Se fue. Me sentí una mierda… y cachonda. La de al lado me miró juzgándome, sonrisa mala. Me excitó más.
Horas después, cena. Ella no vino. Otra susurró: “Toma, perdedora, come sin quejarte. Sé que te pone ser sumisa.” Temblé. “Sí, señorita.” “¡Bien, puta! Cállate.” Se rio bajito. Mi bandeja: pan seco, agua, lechuga. Debajo, nota: “Vi en tus ojos que eres sumisa. Ayúdame a ganar confianza. Te humillaré, seré tu ama. Bic adjunto. Ve al baño, métetelo en el culo, foto con tu móvil. En 10 min paso. Si lo haces, eres mía todo el vuelo. Sin vuelta atrás.”
Corazón latiendo fuerte. Ya estaba decidida. Fui al baño, olor a desinfectante, me bajé las bragas, húmeda ya. Presión fría del Bic en mi ano… duele un poco, entra. Foto temblorosa. Volví, pantalla lista. Pasó, miró, siguió sin decir nada. Esperé, excitada, sudando. Dormí un poco, ruido de motores. Desperté con dolor en el pezón. Ella encima, dedo en boca. Apuntó su zapato. Todos dormían. Me arrodillé, manos en suelo. Lamí la punta del tacón, salado, cuero áspero. Movió el pie, lados, talón. “Chupa, zorra”, susurró. Chupé, lengua alrededor, humillada, coño chorreando.
Segundo pie igual. Quitó zapatos, pie desnudo en mi boca, sudor leve, olor a medias. Lamí dedos, planta, 10 minutos eternos. Vergüenza y placer. “Quítate la blusa”, labios. Dudé, patada en coño: “¡Rápido!” Desnuda de arriba. Marcador en pechos: “Soy una puta sumisa y lo amo.” Temblores. Me hizo gatear detrás, a la zona de azafatas. Miraba rangos, rezando que duerman. Casi al final, una chica despierta leyendo. Nos vio. “Joder…” “Le gusta, ¿por qué no?” Susurró mi ama. La chica: “Se ve. Divertíos, algún día lo pruebo.” “Es único.”
La Zona Secreta: Placer y Humillación Total
Llegamos, cortina. “Mira mi juguete.” Otra azafata: “¡No jodas! ¿Aceptó? ¿Qué dice?” “¡Levántate, puta!” Leí alto, roja. “Bonita, ¿no? Buena polla no, pero sumisa nata. ¡Desnúdate!” Me quité todo, rodillas, manos atrás. Nuda, aire frío en piel, pezones duros. “Buen coño, pero perra total.” Mi ama: “Lame mis pies otra vez.” Gateé, lamí, culo alto. “¡Levanta más! Mira su raja, Sarah.” Risas. Tacón en clítoris, dolor-placer, gemí.
“¿Te excita, mierda?” “Sí, ama, me muero de gusto.” Sarah: “Increíble, ¿por qué?” “No controlo nada, humillación… nunca tan cachonda.” Mi ama se sentó, falda arriba, bragas abajo, coño depilado, olor dulce-musgoso. “Lámeme, zorra. Quiero correrme.” Lengua dentro, clítoris hinchado, jugos salados. Gime: “Dios…” Sarah: “¿En serio? Tengo un dildo en el bolso.” “¡Pono una capucha y fóllatela!” Sarah rio: “Vale, puta lista.”
Dildo en mi ano, lubricado, presión… entra de golpe. Dolor agudo, luego olas raras, próstata? Gemí en su coño. Gifle: “¡No pares!” Sarah empuja fuerte: “¡Gime como puta! Me das pena, cero respeto.” Bombazos, lleno, placer anal subiendo. Ama tiembla: “Voy a… ¡Ahhh!” Chorros en mi cara, dulce-amargo. Yo al límite: “¿Puedo correrme, amas?” “¡Sí, en el suelo como perra!” Exploto, squirt en piso, piernas temblando.
“Límpialo todo, trágatelo.” Lamí mi squirt, pegajoso, salado. Sarah: “Loco.” “Vístete y lárgate, perdedora. No comes desayuno.” Me fui gateando un poco, vestí rápido. Volví al sitio. La chica que vio: “¿Bien?” “Lo mejor ever.” Aterrizamos. Ella me dio papel: “Gracias, único. Miami + número.” Sonreí. Año brutal me espera.