Ay, chicas, acabo de llegar a Montreal después de meses sin verlo. Mi chico, Rémi, me recibe en su piso y… bum, directo al baño. No es grande, pero la vanidad aguanta mi peso mientras me siento y lo beso con ganas. Nuestras manos vuelan por los cuerpos, buscando calor. Palpo su pecho duro, él aprieta mis pechos redondos, pellizca el pezón… ay, se endurece al instante.
Los labios chasquean húmedos, gemidos suaves, piel rozando piel. Huele a su jabón fresco mezclado con mi perfume. Mi mano baja, roza su erección que crece entre mis muslos, golpeando suave contra mi sexo húmedo. Suspiro, la agarro, la masajeo… mmm, se pone tiesa del todo.
En el baño, el primer fuego
—Hmmm, sigue así —le digo jadeando.
Me empuja las manos atrás, levanto el culo y guío su polla a mi entrada. Deslizo yo misma, pubis contra pubis. Nos separamos las bocas para respirar. Empieza a moverse, lento al principio. Mis dedos van al clítoris, lo froto… él gime.
—Ay, sí, no pares, es tan bueno…
La otra mano gira su pezón, igual que al clítoris. Baja la boca al otro pecho, lo muerde suave, chupa. Yo me muevo, masajeo su polla con mi coño apretado.
—Voy a correrme otra vez…
Dientes apretados, aspira aire, muslos me aprietan. Tiembla, grita:
—Hmmm, ¡me corro!
Su orgasmo me enorgullece. Siento contracciones en mi polla. La saco, brillando de nosotros. Nos besamos calmados.
—Gracias, amor. ¿No practicaste sin mí, eh? —bromeo mutina.
Sus manos en mi espalda, cuello. Palpo sus brazos. Estamos cómodos, el deseo intacto pese a los 6000 km.
—¿Y si nos duchamos juntos?
—Claro, el calentador es nuevo, agua gratis.
Le sonrío, masajeo su piel suave. Mordisquea mi boca, ríe.
—Podría bañarme horas…
—Pero no te arrugues mucho, ¿eh?
Gloteo, me aparto, me inclino a la bañera desnuda, sin pudor. Agua corre, manos en mí sin parar. Ella ondula, sube el calor.
Entra primero bajo el chorro, pelo suelto, agua entre pechos, bajando por espalda. La sigo, froto jabón por todos lados.
—¿Te vas a lavar o qué? —ríe.
—Sí, ya…
Veo su mano enjabonar el sexo, limpia lento. La abrazo, beso. Suspiro, mano en culo, otra en pecho suave. Mueve caderas:
—Casi, sigue…
Cabeza en mi hombro, muerde cuello. Dedo entra en su coño, fuerte, rápido, vueltas. Besos en mi torso, agarra mi polla, masturba.
—No aguanto más, quiero follarte otra vez —susurro.
La ducha y el placer interminable
Besa, lenguas juegan. Sexos rozan bajo agua caliente. Se gira, ofrece culo perfecto, agua resbalando.
Paso atrás, pego polla a sus nalgas. Entro lento, acelero. Cachetes chocan, manos en pechos. La pillo duro, dedos en clítoris.
—Ooh, sí… voy a correrme de nuevo.
—¿Otra? ¡Exageras!
Acelero máximo, pellizco botón. Grita, cabeza atrás, orgasmo fuerte. Me echa fuera, besa gimiendo.
—Hay que salir ya.
Salimos sauna total. Toallas, secamos mirándonos.
—Brrr, hace frío aquí.
—Espero te sientas en casa.
Se seca pelo, cuerpo expuesto. Ojos brillan ante mi oferta:
—Te comería con lengua ahora.
—No, me usas demasiado.
En cama, nos acurrucamos. Mano en torso, nariz en pelo.
—Estoy tan bien contigo.
—Yo igual.
Beso langüe, saliva mezcla. Dedos en piercing ombligo, tira, muerde labio. La tumbo, beso cuello, pechos, mamelones duros. Chupo, gime.
Lengua baja vientre, montículo, soplo coño. Lamo hendidura, clítoris hinchado. Olor adictivo, gusto dulce.
—Aaah, sí, lame más…
Miro arriba, ve sus tetas, dedos en pezones. Ondula caderas. Dedo entra, croquéa punto G. Cambra, tiembla.
—¿Vas a correrte?
—Oooh, Rémi, sí… ¡me corro!
Juicios, inunda mentón. Tiembla toda. Subo, beso tierno.
—Mmm, perfecto.
Se duerme pegada. Yo admiro curvas en sombra. Mañana le digo te quiero.