Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que soñé anoche. Parecía tan real… Estaba en el salón de casa, completamente desnuda. Solo llevaba dos brazaletes de metal en los tobillos, unidos por una barra plateada que me obligaba a mantener las piernas bien abiertas. Mi Amo estaba vestido, sentado en el sofá, mirándome con esa sonrisa perversa que me pone a mil. Mi coño ya chorreaba solo de sentirme expuesta así, el aire fresco rozándome la piel húmeda.
Él coge una hoja y un boli, destapa el capuchón… y ¡zas!, se le cae al suelo, varios metros más allá. ‘¡Mierda! Qué torpe soy’, dice riéndose por dentro, lo sé. ‘¿Me lo vas a buscar, preciosa?’. Sonrío con una mueca, porque sé que es a propósito. Me muevo despacio, tambaleándome con la barra limitándome. El capuchón está bajo el mueble. Me pongo a cuatro patas, el culo en pompa hacia él, piernas abiertas. Siento sus ojos devorándome, el olor de mi excitación subiendo. Lo agarro con los dedos, me levanto con esfuerzo y se lo doy.
La barra de tobillos y las tareas humillantes
Él lo pone en la mesa y… ¡el boli se cae rodando por la mesa hasta el suelo de tomettes rojas! Me mira con esa ceja alzada. Suspiro, ‘Sí, Amo’, y voy. Mis tetas se bambolean suaves, cada paso es un desafío, el metal frío contra la piel. Otra vez a gatas para pillarlo. Mi coño abierto al aire, palpitando. Se lo llevo, él sonríe.
‘Tengo sed, tráeme un vaso de agua’. Voy a la cocina, el clic-clac de la barra en el suelo, vuelvo lo más rápido que puedo. Bebe un sorbo y… ¡ups!, derrama un poco en el suelo. ‘Mira qué desastre… Limpia eso’. Vuelvo por la bayeta, me arrodillo y froto el suelo a cuatro patas. Él suspira: ‘Estás preciosa así. Veo todo: tu culo redondo, tus tetas colgando, tu coño empapado brillando. ¿Te da vergüenza?’. ‘No, Amo, estoy feliz de gustarte’, respondo jadeando un poco.
‘¿Ya está seco?’, pregunta. ‘Sí’, digo después de comprobar. ‘Pues subamos’. No sé cómo llegué arriba, era un sueño, ¿no? Ahora en la habitación, sin barra ni brazaletes. Estoy sobre un caballo vibrante, como un Sybian. Un dildo enorme metido en el coño, un plug gordo en el culo. Piernas dobladas, atadas a una cintura alrededor de mis caderas. Manos en la espalda, fijas cómodas. La máquina apagada. Amo delante, contemplándome satisfecho. Estoy que exploto, huelo mi propio jugo, siento el relleno pulsando dentro.
Se acerca con pinzas. ‘No, Amo, enciende esto primero’, pienso, pero en el sueño lo deseo todo. Las pone en mis tetas: cuatro por cada una, pinchando la piel sensible, una en el pezón que duele rico. Gimo bajito, ‘Ahh…’. Su mano va al botón. ¡Por fin! Arranca suave. El vibrador me invade, el dildo y plug masajeando adentro. Placer subiendo como una ola. Él juguetea con las pinzas, tirando suave.
‘¿Puedo correrme, Amo?’, suplico. ‘No, demasiado pronto. Aguanta’. Obedezco, mordiéndome el labio, sudando. Baja la velocidad, se desnuda. Hace calor, su cuerpo perfecto, polla floja aún. Se pone delante, semi-sentado en una mesa. Lamo su sexo, huelo su aroma masculino, salado. ‘Mmm, qué rico’. Se acerca, la meto en boca, chupando despacio, lengua en el glande, bolas suaves. Me contorsiono, ignorando la máquina que zumba.
El caballo vibrante, la felación y el castigo ardiente
Sube el ritmo. ‘¡Dios!’, tiemblo entera, el plug estirándome, dildo follándome. ‘¡Por favor, Amo, déjame correrme!’. ‘Solo con mi leche en la boca. Tanto como quieras, pero con mi semen dentro. ¿Entendido?’. Asiento frenética. Es una tortura deliciosa, no puedo parar, soy su juguete. Me concentro en él: succiono fuerte, profundo, lengua rápida, gemidos vibrando en su polla. Se pone dura, venosa, palpitante.
Ruge largo, ‘¡Aaaah… sí!’, eyacula caliente en mi boca, espeso, salado. ¡Libre! Me corro brutal, olas y olas, cuerpo convulsionando, tragué un poco para no ahogarme, grito con la garganta libre, ‘¡Síii! ¡Joder, qué rico!’. La máquina sigue, otro orgasmo me arrasa, sonidos guturales saliendo de mí.
Para la máquina, sonriendo. ‘Ahora el castigo. Te corriste con la boca vacía, prohibido’. Cambio de escena, mágica del sueño. Boca arriba en la cama, torso sobre el colchón, caderas al borde de la estructura de hierro. Brazos arriba atados a la cabecera con cuerdas suaves. Muslos colgados del pie de cama, abiertos al máximo.
‘Hay que castigar ese coño desobediente’, dice. No soy de SM en la vida real, el dolor me jode, pero en sueños… pinzas en los labios mayores, atadas a muslos, abriéndome como una flor. Cravacha en mano. ‘Cuenta’. Primer golpe, ¡zas!, quema. ‘Uno’, gimo. Dolor punzante, coño ardiendo, pero huelo mi excitación. ‘Dos… tres…’. Diez. ‘Gracias, Amo’. ‘Más’. Otros diez, clítoris hinchado rogando. Chorreo.
‘¿Más?’, digo yo, voz compartida. Sigue, tiemblo, cuerdas tensas, indefensa. Para. Su polla dura entra de golpe, caliente, llenándome. Clítoris con magic wand vibrando fuerte, dedos en tetas, embiste salvaje. ‘¡Me corrooo!’, grito con él, chorros de placer mezclados, su semen caliente dentro mientras yo exploto.
Gracias, dulce sueño. Ojalá vuelva esta noche.