Ay, chica, si te contara lo que me pasó hoy en el curro… Estaba en mi mesa, pero no, espera, voy a empezar por él. Mi compañero, ese tío serio siempre con sus pilas de papeles. Lo oí desde el pasillo, su despertador viejo sonando a las doce y media, clac-clac, como un tren viejo. Yo sabía que estaba solo, todos en la pausa del almuerzo. El piso desierto, solo el zumbido de los aires acondicionados.
Decidí sorprenderlo. Me quité todo en el baño, piel de gallina por el aire fresco, mis pezones ya duros. Mis tetas pesadas balanceándose, el corazón latiéndome fuerte. Caminé por el pasillo desnuda, el suelo frío bajo mis pies, olor a café rancio y papeles viejos. Empujo la puerta de su despacho, me apoyo en el marco, brazos en alto, piernas abiertas. Luz de neones blanca, iluminándome toda. ‘¡Hola!’, le digo, voz juguetona.
La entrada inesperada y provocativa
Él ni levanta la cabeza al principio, mascando sus noodles chinos con palillos, la camisa blanca salpicada de salsa dulce-picante de jengibre. Huele a eso, a pollo y soja caliente. ‘¡Hola!’, insisto. Por fin me mira, y se queda con la boca abierta, fideos colgando. ‘¡Cierra la puerta!’, susurra, ahogándose. Yo río bajito. ‘Tranquilo, no hay nadie. Todos comiendo fuera. Solo tú y yo.’
Me acerco, chupando mi dedo mojado, deslizándolo por mi cuello, entre mis tetas grandes y redondas, bajando al vientre suave, hasta mi coño depilado en forma de ticket, con mi dragón tatuado encima. Gimo suave, ‘Mmm…’, ojos cerrados, cabeza atrás. Mis dedos se meten dentro, húmeda ya, olor a mi excitación mezclándose con la comida. Él me mira fijo, sudando, corbata floja.
‘¿Qué coño haces?’, balbucea. ‘Quería ver tu cara’, digo sonriendo pícara. Me apoyo en su mesa, beso su mejilla roja, caliente. Luego me voy contoneando, culo gordo ondulando, pero él grita ‘¡Espera, Sofía!’ Se levanta torpe, tropieza con cables, cae de culo al suelo con un ‘¡Plof!’, papeles volando. Río fuerte. ‘Pobre, ¿te has hecho daño?’
El clímax en su escritorio
Se levanta rojo como tomate, y veo su polla dura abultando el pantalón. ‘¡Mira qué cochino, con una erección!’ Él baja la vista, avergonzado. ‘¿Qué puedo hacer para compensarte?’, digo melosa. ‘Termina lo que empezaste’, murmura. ‘Vale… un fuego encendido hay que apagarlo.’ Lo beso gula, lengua dulce como caramelo, manos rápidas desabrochando su pantalón. Su polla salta, dura, venosa, 17 cm, olor a hombre sudado.
La agarro, masturbo lento, piel suave deslizándose, luego más rápido. ‘Mmm, qué rica’, digo, ojos dominantes. Él gime ‘Ah…’. Calor en el despacho, sudor perlando su frente, lo lamo con dedo. Me arrodillo, beso su vientre, muslos, lamiendo huevos peludos, salados. Luego engullo su polla, labios húmedos envolviéndola, lengua girando en el glande hinchado. ‘¡Joder, qué bueno!’, gime él. Chupo fuerte, saliva chorreando, manos masajeando huevos.
Sus tetas… no, mis tetas balanceándose. La meto entre ellas, calientes y suaves, subiendo y bajando, lengua lamiendo glande. ‘¡Sí, así!’, ruge. Vuelvo a mamarla entera, garganta profunda, glug-glug, saliva lubrificando. Dedo en su culo, suave, él tiembla. ‘¡Me corro!’, grita. Jets calientes, espesos, salados en mi boca. Trago todo, glup-glup, gusto cremoso. Sigo masturbando, saco más, chupando dedos llenos de semen pegajoso.
Lo beso, compartiendo sabor. ‘¿Te gustó?’, susurro. ‘¡Sí, hazlo más!’, dice. ‘Si eres bueno, la próxima follamos.’ Lo beso último, salgo desnuda, él queda con pantalón abajo, polla aún dura, brillando. Noodles fríos olvidados. Oigo colegas volviendo, él apresurándose. Yo sonrío en el pasillo, coño palpitando, lista para más.