Chica, si supieras… Acabo de volver de mi viaje en solitario por el océano. Fui a por el tour del mundo en vela, como un sueño loco. Pero en los mares del Sur, todo cambió. Te cuento, eh, como si fuera ayer. Estaba exhausta, el barco crujía con olas de 50 nudos. Viento furioso, frío que cala los huesos. Sal saltaba por todas partes, olor a sal y metal mojado. Me agarraba al timón, el corazón latiendo como loco. Una ola gigante… bum. Me golpeó, todo negro.
Despierto… ¿eh? Una voz suave, cantarina. ‘Despierta, por favor’. Abro los ojos despacio. Calor en el cuerpo, nada de dolor. Una mano acaricia mi cara, ligera, tibia. ‘Hola, soy Abby. Te salvé justo a tiempo’. La miro. Dios, qué belleza. Pelo largo negro mojado, ojos verdes brillando, piel blanca como la espuma. Desnuda, completamente. Sus pechos perfectos suben y bajan con su respiración. Olor a mar, pero dulce, como jazmín mezclado con sal.
La tormenta y el despertar misterioso
‘¿Dónde estoy?’, balbuceo. ‘En tu barco, tranquila. La tormenta pasó por ahora’. Todo quieto, niebla espesa fuera, mar en calma. Me incorporo, ella me ayuda, su cuerpo contra el mío. Su piel… suave, sedosa, erizada de gotas. Me besa el hombro, un beso húmedo, caliente. Tiemblo. ‘Necesitas relajarte’, susurra. Sus labios rozan mi cuello, lengua tibia lamiendo el sudor salado.
No pienso más. La beso, hambrienta. Sus labios carnosos, sabor a miel salada. Manos por todos lados. Le toco los pechos, pesados, pezones duros como perlas. Gime bajito, ‘Sí, así…’. La empujo contra la litera. Huelo su excitación, almizcle marino, intenso. Abro sus piernas, su coño depilado brilla húmedo. Lo lamo despacio, lengua en el clítoris hinchado. ‘Ahhh… qué lengua tan buena’, jadea. Sabor salado-dulce, jugos calientes en mi boca. Chupa mis dedos, gime más fuerte.
Me monto encima. Frotamos coños, clítoris contra clítoris. Resbaladizo, caliente, sonidos chapoteantes. ‘Más fuerte, fóllame así’, gruñe. Nuestros pechos se rozan, sudor mezclándose, olor a sexo puro. Cambio posición, ella de rodillas. Le meto dos dedos profundo, bombeo rápido. ‘¡Sí, joder, no pares!’. Su culo redondo tiembla, aprieto sus nalgas. Grita, orgasmo la sacude, chorro caliente en mi mano.
El clímax con mi guardiana del mar
Ahora ella. Me tumba, abre mis piernas anchas. Lengua experta, chupando mi clítoris hinchado. ‘Estás tan mojada… deliciosa’. Dedos dentro, curvados tocando mi punto G. Olor nuestro mezclado, gemidos llenan la cabina. ‘¡Voy a correrme!’. Explosión, piernas temblando, grito ahogado. Nos abrazamos, piel pegajosa, respiraciones jadeantes.
Pero… ‘¿Quién eres?’, pregunto. Sonríe pícara. ‘Tu sirena guardiana. Te salvé del naufragio’. ¿Sirena? Sus piernas se funden en cola plateada, escamas brillantes. ‘Vuelve a la realidad’. Me aprieta el cuello suave, ojos rojos un segundo. Despierto sudando. Tormenta de nuevo, iceberg cerca. Giro el timón a tiempo.
Meses después, en tierra, echo de menos esa locura. ¿Real? ¿Sueño? Solo sé que su sabor, sus gemidos, me persiguen. Quiero volver al mar… por si la encuentro otra vez. ¿Qué dices, te ha puesto cachonda mi confesión?