Te soñé en un apartamento vacío: sexo salvaje en una silla inestable

Oye, amiga, siéntate que te cuento lo que me pasó anoche. Eh… Estaba en un apartamento vacío con él, solo había una silla vieja e inestable en medio de la nada. Lo miré y pensé: esto va a ser brutal. Él se sentó al borde, las nalgas colgando, desnudo completamente, su polla ya tiesa y palpitante, oliendo a hombre excitado, ese olor salado que me vuelve loca.

Yo todavía con mi falda y blusa, me acerqué despacio. Le rozaba las mejillas con mis labios, mis pelos le cosquilleaban la piel. ‘¿Quieres que te toque?’, le susurré, pero no, lo hice esperar. Mi boca cerca de su verga, pero esquivándola adrede. Él gemía bajito, ‘Por favor…’. Mientras, mi mano bajaba a mi coño, húmedo ya, resbaladizo. Me metí dos dedos, los saqué brillantes de mis jugos y se los pasé por los labios. ‘Prueba cómo estoy por ti’.

El comienzo en la silla: teasing y deseo incontrolable

Al fin, mi lengua rozó la punta, despacito, lamiendo el precum salado, ese sabor amargo que adoro. Él temblaba, ‘¡Joder, no pares!’. Pero yo sí paré, succioné un poco y solté. Mi otra mano en mi clítoris, masturbándome suave. Él no aguantó, agarró mis pelos y me empujó hacia su polla. ‘¡Chúpamela ya!’.

La tragué entera, profunda, sintiendo las venas pulsar en mi garganta. Glup, glup, los sonidos húmedos llenaban el cuarto. Pero yo quería más, quería su lengua. Lo levanté, me senté en la silla yo, abrí las piernas, pies en sus hombros. ‘¡Bebe de mí!’. Agarré su nuca fuerte, pegué su cara a mi coño chorreante. Él lamía voraz, lengua dentro, dedos abriendo mis labios, sorbiendo mis jugos con ruiditos obscenos. Olía a sexo puro, mi olor almizclado mezclándose con su saliva.

‘Ahh… sí, así, métela más profundo’, jadeaba yo. Me volteó rápido, yo de pie inclinada sobre la silla, él sentado entre mis muslos, cara enterrada en mi culo. Lamía mi ano, dedos en la chatte, me hacía correrme chorreando por sus dedos.

No resistí. Empujé la silla, él se tumbó en el suelo frío. Me senté en su cara, coño en su boca, y me incliné para su polla. 69 perfecto. Lo chupaba agresiva, mordisqueando la cabeza, lengua girando. Él gemía vibrando contra mi clítoris, ‘¡Mmmph!’. Sus caderas subían, follando mi boca. Manos en sus bolas, apretando suave, dedos en su culo. ‘¡Para, voy a correrme!’, gritó. Pero no paré, succioné más fuerte, lengua en la uretra. Explotó, chorros calientes en mi garganta, tragué todo, ese sabor espeso y salado. ‘¡Ahhhh!’. Me corrí yo también, ahogándolo en mis jugos.

Clímax anal contra la pared: placer extremo y explosión

Después, abrazados en el suelo, besos suaves. ‘Te quiero follar’, murmuró él, polla dura otra vez. Me subí encima, centímetro a centímetro lo metí en mi coño, caliente y apretado. Cabalgaba lento, sintiendo cada vena rozar mis paredes. ‘¡Más rápido!’, pedí. Pero él me paró, me puso a horcajadas en la silla, de espaldas al respaldo, culo en pompa.

‘Camárate más’, ordenó, tirando mis pelos. Lengua en mi ano primero, lamiendo círculos, dedos en la chatte. Olía a sudor y deseo. Sacó las bolas de geisha que me regaló la vez pasada, las metió en mi coño una a una, ‘¡Siente cómo te lleno!’. Luego su polla en mi culo, despacio al principio, estirándome, dolor-placer. ‘¡Es enorme!’, grité. Embestidas fuertes, plaf plaf contra mis nalgas. Las bolas presionaban contra su verga a través de la fina pared, él gruñía animal, ‘¡Estás tan apretada!’.

Me levantó sin salir, contra la pared. Tiraba mis pelos, me arqueaba. Cara contra la ventana fría, tetas aplastadas, pezones duros. Él martilleaba mi culo, besos en el cuello. ‘¡Te amo así, jodida!’. Sentí sus bolas apretarse, ‘¡Me corro!’. Me metí dedos en la chatte con las bolas, frotando clítoris. ‘¡Ven conmigo!’. Explotamos juntos, su semen caliente llenándome el culo, yo squirtando por las piernas. Gritos ahogados, cuerpos temblando, sudor pegajoso.

Caímos exhaustos, riendo. ‘Increíble’, susurró. Sí, lo fue.

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