Mi profesor de francés: del amor adolescente a una felación en plena calle

Hoy tengo veintiocho años, él va a cumplir cincuenta pronto. Bueno… todo empezó cuando era una cría, con doce o trece años, en el colegio privado. Entró en clase, mi profe de francés nuevo, Monsieur P. Italiano, piel morena, ojos oscuros, no muy alto, pelo canoso, un poco calvo ya. Pero esas manos… anchas, fuertes. Su voz suave, su nuca gruesa. Me fascinaba.

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No sabía qué tipo de hombre me gustaba, pero al verlo, fue él. Solo él. Los chicos de mi edad, niños tontos, nada. Soñaba con él por las noches, sola en la cama. Imaginaba lamiéndole el ombligo, no sé por qué. Años después, se lo recordé mientras le recorría el cuerpo con la lengua.

El flechazo que me cambió la vida

Todo el mundo se enteró de mi crush. Lo seguía a todas partes, llamaba a su casa por las noches solo para oír su voz. Escándalo en el cole. Él era amable, me hacía la mejor alumna. Al final del curso, me derrumbé llorando. Me consoló: ‘Es imposible, con el tiempo lo olvidarás’. Pero no.

Seguí viéndolo en los pasillos del insti. Obsesión total. Rechazaba a todos los chicos. No era Edipo ni nada, era amor puro, magia. Saqué el bachiller, me fui a la uni de letras, sola en una resi. Intenté salir, follar con otros, pero nada. Él en mi cabeza, en mi corazón latiendo fuerte.

Hace ocho años, con veinte, viernes noche, karaoke con amigos. Lo vi por casualidad, con sus colegas saliendo de un restaurante. Me acerqué: ‘¡Hola, señor P.!’. Él, entusiasmado: ‘¡Cuánto has crecido! ¿Un trago?’. Hablamos horas, solos en el mundo. Sacamos el tema del pasado. ‘Me asustaste, pero me halagó. Eras tan joven…’. Me miró diferente, con deseo.

Me contó de su pareja, profe de inglés, la quiere ‘a su modo’, pero no enamorado. Le dije: ‘No te pido tu vida, solo una noche’. Se turbó, pero nos fuimos de la mano. Bajando por la calle de la Paz, noche negra, me pregunta: ‘¿Querías besarme?’. Nuestros rostros se rozan, labios suaves al principio. Luego lenguas, profundas, calientes. Su boca sabe a vino, a hombre. Nuestras manos se enredan, pechos pegados.

La noche de pasión prohibida en la calle

Siento su aliento caliente en mi oreja: ‘Me pones cachondo, no aguanto más’. TiemBlo. Me besa el cuello, escalofríos eléctricos. Meto manos bajo su camisa, piel ardiente, torso peludo, suave. Bajo al pantalón, lo desabrocho. ¡En plena calle! Tres de la mañana, me da igual. Él jadea: ‘Sí, cariño, tócalo’.

Sus manos en mi sujetador, lo suelta. Mis tetas grandes, hinchadas, pezones duros como piedras. Las amasa, las pellizca: ‘Qué pechos tan perfectos, tan llenos’. Gimo: ‘¡Ay, sí, más fuerte!’. Siento su polla tiesa bajo el slip. La saco, enorme, palpitante. Venosa, caliente. Me arrodillo, la miro: ‘Dios, es preciosa’. Él enreda dedos en mi pelo: ‘Chúpamela, preciosa, la quiero en tu boca’.

La lamo desde la base, huelo su aroma masculino, sudor y deseo. La chupo despacio, lengua alrededor del glande, salado. La meto hondo, gárgaras, saliva chorreando. Él gruñe: ‘Joder, qué boca, me vas a hacer correr’. Masajeo huevos calientes, tensos. Bombeo rápido, suelta: ‘¡Me corro!’. Chorros calientes en mi garganta, espeso, amargo. Trago todo, él aprieta mi cabeza contra su vientre peludo.

Quedamos abrazados, jadeando. Olor a sexo en el aire, semen en mi boca. Luego, estudiantes salen de la disco, nos arreglamos rápido. Me promete: ‘Otra noche, solo una’. Y sé que no será la última…

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