Mis primeros temblores con Fernando

A ver, chicas… no sé por dónde empezar. Tengo 27 años y soy super abierta al sexo, me encanta el riesgo, el deseo que quema por dentro. Siempre he flipado con los tíos, pero hace poco reviví algo que me marcó para siempre. Fue mi primera vez anal, justo después del bachillerato, con Fernando, un amigo de clase. Éramos dos chavales de 18, en vacaciones en un estudio al borde del Atlántico que sus padres nos prestaron. Yo ya había tonteado con chicas, besos y tal, pero nada serio. Me atraía su boca carnosa, imaginaba su lengua en la mía, su saliva… Ay, qué calor me daba pensarlo.

Los días pasaban en la playa, bañándonos, riendo. Pero en mi cabeza, fantasías locas. Me masturbaba pensando en él penetrándome por detrás, mi ano palpitando al correrme. Él lo notaba, estoy segura. Una tarde, en las duchas públicas, nos metimos en la misma cabina, con bañador puesto. Se puso detrás, ‘por joda’, y me dio unos empujoncitos con la cadera, simulando follarme el culo. Sentí su polla dura contra mis nalgas, a través de la tela mojada. Un escalofrío me recorrió, entre las piernas me humedecí. ‘¡Eh, para!’, le dije riendo, pero sin fuerza. Regresamos al estudio, yo con el coño ardiendo.

La iniciación en las duchas públicas

Al día siguiente, pasó de nuevo. Se pegó más fuerte, su verga tiesa presionando mi raja. Esperé más antes de apartarme. Olía a sal, a sudor fresco, su aliento en mi cuello. Noche tras noche, me tocaba en la cama de al lado, gimiendo bajito para que oyera. ‘¿Estás despierto?’, susurraba yo. Silencio, pero sabía que no dormía.

El último día, en las duchas otra vez. Agua cayendo, vapor caliente. Se posiciona atrás, y zas, baja mi bikini hasta las rodillas. Me giro, desnuda ante él. Su polla… Dios, grande, morena, satinada, glande brillante, pelitos rubios húmedos. ‘Mira cómo bandeas, vas a ser mi puta hoy’, me dice con voz ronca. Yo tiemblo, excitada. Saca un kleenex con vaselina de su bolsa de playa, se unta la verga. Me gira, empuña mis caderas. Su aliento acelerado en mi oreja. Siento la punta abriendo mi ano virgen, milímetros adentro. Me camo, piernas abiertas. No duele, es… delicioso. Calor húmedo, plenitud. Cinco centímetros, retrocede, va y viene. Cuatro embestidas y exploto, grito: ‘¡Aaaah!’. Él sigue, más rápido, su piel chocando mis nalgas con palmadas húmedas.

De repente, una mujer abre la puerta. ‘¡Maricones degenerados!’, grita. Corremos, vestidos a medias, en silencio al estudio. Vacaciones acabadas, no volvimos a vernos así. Vergüenza, pero el recuerdo me quemaba.

Años de frustración siguieron. Busqué sexo anal con otros, una docena de tíos. Jóvenes, viejos, en sitios cutres, rápido y sin alma. Condón que mataba la sensación, ellos solo descargaban, yo insatisfecha. Me doía, faltaba erotismo. Volvía a fantasear con Fernando, su polla sin goma, rompiéndome el culo.

Hace un año, Charles, un tipo del club de tiro, me invita a casa. Me enseña su estudio porno amateur. Ponemos un vídeo: un gordo calvo, Gilbert, follando a un twink rubio. Polla perfecta, cruda, sin condón. Grosos planes del empalamiento, gemidos reales. Me mojo viendo al rubio cabalgar esa verga, luego en perrito. Me toco el clítoris por encima del pantalón, ano palpitando. ‘¿Te mola? Gilbert te partiría’, dice Charles. Me baja el zipper, mama mi coño… No, espera, soy yo la pasiva. Me chupa la polla no, soy chica: me mete dedos, lame. Corro en su boca en un minuto.

No dormí esa noche. Llamé al día siguiente. Quedamos para filmar con Gilbert. Escenario: tienda de ropa, yo dependienta.

El éxtasis filmado con Gilbert

Entro temblando. ‘¡Motor!’, grita Charles. Sonería, pliego pantalones. Entra Gilbert, pide slips grandes. Va a probador, rideau entreabierto. Lo espío desnudo, polla erguida, 20cm, jugosa. ‘Ven a ver, está prieta’, dice. Entro, palpo su paquete. ‘Tu boca sí cabe mi verga’, replica.

Me arrodillo, bajo slip. Polla salta, vena gruesa, olor almizclado. Lengua en base del glande, saboreo pre-semen salado. Labios cierran, chupo, él empuja cadera. ‘¡Joder, qué boca!’, gime. Me levanta, besa profundo. Primera lengua masculina en mi boca, suave-firme, me derrito.

Me desnuda, caricias ásperas. Dedos en mis nalgas, presión en ano. Gel frío, resbaladizo. ‘Fóllame ya, rómpeme’, suplico fuera de guión. Salimos, sobre ropa. Quiero a cuatro, pero me pone misionero anal: piernas en alto. Miro su polla apuntando. Contacto, abre mi ano, entra suave, luego hondo. ‘¡Síii!’, gimo. Va-et-vien, ajusto cadera, clítoris rozando su vientre. No toco mi coño, placer puro anal. Charles filma, se pajea, chorro en mi mejilla. Lamo, sabor amargo-dulce, olor fuerte.

Gilbert acelera, beso saliva, corro: ano convulsiona, grito. Él eyacula dentro, caliente, rebosando. Me retiro, extasiada, culo abierto chorreando.

Desde entonces, adicta. Semanal con tíos de Charles, elijo por fotos. Soy su puta estrella. Gilbert mi favorito, nos vemos sin cámara. Hoy viene a casa, probaré posición silla: piernas en reposabrazos, él misionero. Lengua en boca al correr.

Pero sueño con Fernando. A los 35, más macho. Lo buscaré hasta encontrarlo. Leerá esto, lo seduciré, me follará sin parar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *