Confesión íntima: Mi primera vez en un club swinger y el intercambio que no esperábamos

¡Ay, chicas, no puedo creer que esté contando esto! Mi novio y yo, después de hablarlo mil veces como un fantasme loco, decidimos ir a un club swinger. Yo tengo 27, él 29, y los dos somos super abiertos al sexo, al morbo, a las sensaciones fuertes. Queríamos solo mirar, exhibirnos un poco, quizás caricias… Nada de penetración con otros, ni oral con hombres para mí. Él quería lo mismo, voyeurismo puro.

Elegimos un día entre semana, por la tarde, para que no hubiera mucha gente. Buscamos en foros y dimos con uno cerca del centro, solo parejas. Me vestí sexy: falda de cuero negra, botas altas, medias, bustier… sin nada debajo. Error de novatas, ja ja. Llegamos nerviosos, timbramos. Un ojo nos mira por la mirilla, el corazón me late fuerte. Puerta abierta, entramos. Oscuro, bar grande, cortina al fondo.

La decisión y la llegada al club

Nos piden desvestirnos, nos dan una bebida gratis. Yo pido vodka para soltarme, él algo sin alcohol. Pasamos la cortina… ¡Vacío total! Solo nosotros. Banquetas en filas, alcobas con agujeros redondos. Vamos al fondo, última banqueta. Un poco decepcionados, pero excitados. ‘Venga, amor, aprovechemos’, me dice él, quitándome el bustier. Me abre las piernas, sus dedos en mi coño ya húmedo. Huele a cuero y a su colonia mezclada con mi excitación.

Se pone de rodillas, lengua en mi clítoris. ‘Mmm, qué rico’, gimo bajito. Chupa suave, luego mete dos dedos de cada mano, abriéndome como a mí me gusta. El aire fresco me eriza la piel. ‘Más, cariño, métemelos todos’, le pido. Tres, cuatro dedos de una mano, lengua girando. Mi coño palpita, olor a sexo mojado. Gimo fuerte, ‘¡Sí, así!’. Suena la puerta, entra una pareja. No paro, exploto en orgasmo, grito: ‘¡Me corro, joder!’. Olas de placer, cuerpo temblando, sudor salado en mi piel.

El pareja: él alto, musculoso, rapado; ella morena, alta, cuerpo firme. Se desnudan sin mirarnos, van a la alcoba de al lado. Ella a cuatro patas, él la penetra en perrito. Plaf, plaf, ruidos secos. Ella gime ahogado. Yo miro de reojo, excitada. Mi novio me acaricia otra vez. Nos ponemos en 69, yo chupando su polla dura, salada. ‘Qué guarra estás’, me dice. Luego perrito yo, él entra… pero flojea un poco, nervioso.

El intercambio inesperado y el clímax

Cambiamos: yo encima de su boca, ondulando. Mi coño chorrea, sabe a mí misma. Gimo, ‘Lámeme más’. Oigo a ella gritar cerca. De repente, una mano en mi teta. Suave, torpe. Mano de mujer. ‘¿Te gusta?’, susurra mi novio. No digo nada, dejo. Sus dedos aprietan pezones, bajan a mi vientre. Él besa sus dedos, guía al clítoris. ‘Sí… toca suave’, murmura ella.

Me levanto, bajo a su polla. Fellatio profunda, garganta. De pronto, otro rostro cerca: el de ella. Labios rozan, lenguas en su polla. No sé quién chupa. ‘Mmm, qué polla rica’, dice ella bajito. Yo sonrío, excitada. Él la toca, pechos firmes bajo encaje. Veo la polla del otro cerca, enorme, venosa. Me acerco… la lamo la punta, salada. ‘¿Quieres?’, pregunta él ronco. ‘Solo un poco’, digo, engulléndola. Gime fuerte.

Mi novio mete dedos en mí, roza los de ella dentro. ‘Qué apretada’, dice ella. Yo a cuatro, él me folla con dedos. Ella ya me toca el coño. De repente, siento su dedo dentro, curvado. Placer raro. Mi novio lame su coño, ella con tanga corrida. ‘Sí, chupa, métemelos’, gime ella. Yo monto al otro: condón puesto, polla gigante. ‘¡Qué gruesa!’, grito cabalgando. Él empuja fuerte, plaf plaf, tetas botando. Huele a sudor, sexo, vodka.

Orgasmos en cadena. Ella se corre en la boca de mi novio, chorrea. ‘Gracias, guapo’, jadea. Yo sigo con el suyo, accroupie, gritando: ‘¡Me folla tan bien!’. Él gime, se corre. Yo exploto, coño contrayéndose. Bajo, beso mi novio, risa nerviosa. Duchita rápida, nos vestimos. Ellos normales, sin miradas. Salimos, luz brutal. En casa, hablamos horas. ¡Inolvidable!

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