Mi primera vez con un chico en silla de ruedas: confesión ultra caliente y real

Estaba feliz al fin. Por primera vez, un tío sentía deseo por mí. Lo sabía, su calentura venía más por el escote profundo que por mi cara mona. Qué risa, ‘monois’ siempre va con ‘joli’, y me hace pensar en gatos… y en mininos jugosos, en coños acogedores. Qué tontería.

Tanto si era por mis tetas o por su miseria sexual –lo entiendo, a los 18 en silla de ruedas, con las hormonas a tope–, no importaba. Yo también andaba seca. Pensaba: esto podría ser mi primer amor. No lo dejaría pasar. Lo difícil: domarlo. Bajo esa coraza, intuía un chaval tierno. ¿Me llamaría?

La llamada y la llegada temblorosa

Tres días. Su madre al teléfono.

—Señorita Lucía, mi hijo Julien necesita tus servicios. Insistió tanto… Desde tu visita, está cambiado. Más sociable, toca la guitarra otra vez, hasta sonríe. Algo pasó, ¿eh? No pregunto, pero si le da ganas de vivir…

Mi corazón latía fuerte. Sudor en las palmas.

—Señora, en una hora estoy ahí.

Temblando, toco el timbre. Julien abre. Solo. Dos horas sin su madre.

—Pasa, al salón.

Entro, me quedo de pie. Él llega.

—Julien, lo de la última vez… me encantó. A ti también, ¿no? Por eso me llamaste.

No le dejo hablar.

—No soy guapa, lo sé. Eres el primero que me mira así. Gracias. Pero no haré todo lo que quieras. Si ignoramos nuestros defectos físicos… algo puede pasar.

—Lucía, ibas a decir lo mismo. Fui un gilipollas masturbándome delante de ti. Me arrepentí toda la noche. Te vi como presa fácil para descargar… pero solo, me sentí idiota. Quiero empezar de cero. Me pones mucho, tu corazón compensa todo, y esa sensualidad tuya…

Escucho, callada. Mi coño palpita.

El clímax: masturbación, penetración y éxtasis compartido

—Es verdad, mi cuerpo y mi corazón quieren amor. Ansío caricias que sola no satisfago. Como tú, ¿no?

—Sí, me pajeo mucho. Y… mientras te esperaba, empecé.

Sonrío. Voz ronca, no mía.

—Sigue donde lo dejaste.

Baja el pantalón despacio. Su polla flácida sobre los huevos. La coge por la base del capullo. Va y viene. Se hincha, endurece. La agarra fuerte. Yo, de rodillas. Hipnotizada. El glande asoma, se esconde. Ritmo constante. Olor a hombre, a deseo. Pongo mi mano sobre la suya. Ayudo. Acelero. Él gime bajito, ahogado. Saca la mano. La mía sola. Chorros calientes salpican mi palma. Semen espeso, pegajoso. Huele fuerte, salado.

—Oh, Lucía… has hecho que corra como nunca. ¿Te gustó tocarme?

Ya me tutea. Mi clítoris duele.

—Claro, mi Julien… me ha puesto cachonda perdida.

—Muéstramelo.

Me levanto. Jupe al suelo. Olvido mis piernas feas, caderas anchas, culo flaco. Su mirada quema. Como una polla invisible me folla. Solo culotte fina, empapada. Transparente, labios marcados. Primera tía así para él, seguro. La quito. Abro piernas. Toison espesa. Con dos dedos, separo labios. Le muestro mi humedad brillante. Huelo mi excitación, dulce-amarga. Meto dedo en la raja. Profundo. Sale chorreando. Unto mi clítoris hinchado, fuera del capuchón. Su mano sobre la mía. Aprende rápido. Gira, presiona. Piernas tiemblan. Me quito blusa, sujetador. Pino tetones duros. Su polla revive, tiesa.

Cerca del orgasmo. Le monto, espalda contra su pecho. Agarro su verga. Guío a mi entrada. Me hundo de golpe. Dolor fugaz del himen, olvidado en el éxtasis. Olas me barren. Grito suave. Vuelvo en mí. Él mueve caderas lo que puede. Quiere correr dentro. Subo, bajo. Ritmo frenético. Piel sudada pega. Olor a sexo llena el aire. Coño chupa su polla, jugos corren por sus huevos. Cojo sus manos, a mis tetas. Él aprieta pezones. Gime ronco. Siento pulsos, chorros calientes golpean fondo. Clítoris con dedo: exploto yo también. Temblores, contracciones ordeñan su semen.

Lágrimas. Beso profundo, lenguas enredadas. Saliva dulce. Nos separamos.

—Lucía, qué guapa eres.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *