Un nuevo jueguito en el sótano con padre e hijo

Ay, chicas… no sé por dónde empezar. Tengo 28 años, española de pura cepa, con curvas que vuelven locos y un fuego dentro que no se apaga. Mi marido Carlos y yo… uf, somos puro vicio. Llevamos años probando extras, tríos, lo que sea que nos ponga. Él siempre con ideas locas. Anoche, en la cama, sudados y jadeantes, me dice:

—Mi amor, tengo un jueguito nuevo para mañana por la tarde.

La sorpresa de Carlos

Me río, pasando la mano por su pecho peludo, oliendo a sexo nuestro.

—¿Nuevo? ¿Qué es esta vez, eh?

—Algo que no has hecho nunca. Dos tíos… uno lo conoces.

El corazón me late fuerte. ¿Un padre y su hijo? Me lo suelta así, casual. Yo, excitada ya, pregunto:

—¿El padre o el hijo? Dime algo…

—Sorpresa, preciosa. Mañana te recojo del curro y vamos directos.

No insisto. Confío en él ciegamente. Sus planes siempre acaban en orgasmos de infarto.

Al día siguiente, termino pronto, me cambio en el baño: falda corta, medias con liguero, sin bragas, blusa suelta sin sujetador. El pezón me roza la tela, ya dura. Carlos llega, me besa el cuello, huele a su colonia fuerte.

—Estás para comerte viva.

Sonrío pícara.

—Ya verás qué fácil.

Cogemos el coche, periférico, luego una zona pija. Grúa eléctrica, badge violeta que abre la puerta. Bajamos al sótano dos, paredes moradas abajo, aire fresco y olor a cemento húmedo. Aparcamos en la plaza 256, bajamos ventanas. Pasos… dos pares, desacompasados, eco en el vacío.

Carlos sonríe.

—Para ti, mi reina.

Salimos. Sombras en penumbra. ¡Antonio! Mi antiguo amante, el relojero elegante, jubilado en el sur. Le salto al cuello, su cuerpo duro contra el mío, erección notoria presionando mi vientre. Beso rápido en labios, sabor a menta.

—¡Antonio! ¿Qué haces aquí?

—Volví unos días, Sandra… quiero decir, Lucía. Y este es Javier, mi hijo.

Javier, unos 30, guapo, parecido a él pero más joven, ojos hambrientos en mis piernas. Se acerca.

—Hola… Papá no exageraba, eres… increíble.

Río, coqueta.

—Mentiroso. ¿Hablas español? Mejor quédate en eso.

Antonio explica: Javier en crisis, necesita “terapia”. Yo soy el remedio. Fantasma de Antonio: sexo en parking, sobre coche. Carlos specta, prioridad a ellos.

Me siento en capó, aún tibio del motor, subo falda lento. Medias negras, liguero, piel blanca de muslos. Javier traga saliva. Antonio empuja a su hijo.

—Adelante, hijo.

Fuego en el capó del coche

—Puedo… tocar?

—Claro, ven.

Manos temblorosas en mis pantorrillas, sube, seda suave bajo dedos, calor subiendo. Olor mío ya, leve almizcle. Me enardezco, subo más falda: coño depilado, solo corazoncito de vello arriba. Javier gime bajito.

—Dios… tan suave.

Dedos rozan labios húmedos, resbaladizos. Besos en pubis, lengua tibia. Yo busco polla de Antonio por pantalón: dura, gruesa, familiar. La saco, venosa, piel caliente, olor masculino intenso. La acaricio, pulso fuerte.

Javier abre pantalón, su verga sale: igualita, pero más fresca. La cojo, boca abierta, succiono voraz. Saliva chorreando, glotones profundos, bolas lamiendo. Alterno: padre, hijo, manos branlando las dos. Gemidos suyos, slap de carne húmeda.

—¡Joder, qué boca!

—Te dije, hijo… escúchame.

Javier tiembla, cerca. Le digo:

—Córrete en mi boca, dale.

Chupa fuerte, semen caliente explota: chorros espesos, salado amargo, trago todo, lengua limpiando. Él suspira, polla ablandándose en mi mano, pulso calmándose.

Antonio me tumba en capó, metal fresco en espalda. Abre blusa, tetas libres, pezones duros. Los pellizca, mordisquea, electricidad al clítoris. Javier abajo, lengua en coño: lamidas lentas, chupeteo cyprine dulce, olor a sexo mojado.

—Más piernas, Lucía…

Abro, él agarra muslos, tira hacia él. Preservativo puesto, glande roza entrada, resbala en jugos. Frota clítoris, fuego sube.

—¡Vicioso!

Entra lento: estirándome, lleno, venas frotando paredes. Pistonea, profundo, slap slap contra culos. Me corro brutal: contracciones, grito ahogado, piernas clavadas en él.

Me levanta, empalada, tetas aplastadas en su pecho sudoroso. Besos fieros, lengua invadiendo, pistones salvajes. Otra ola, vuelo alto, jadeos nuestros eco en sótano.

Después… más rondas, corridas múltiples, yo en éxtasis. Todos vestidos, jadeantes, olor a semen y sudor. Javier me coge mano.

—Ven a mi piso arriba… cena, y más.

Carlos asiente.

—Te trae antes de medianoche. Primera parte, ¿eh?

Antonio ríe.

—Nos vemos pronto, recargaré contigo.

Subo con Javier, piernas temblando, coño palpitante. ¿Qué pasará arriba? Uf… otra historia.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *