Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó anoche. Estaba muerta de cansancio preparando el cumpleaños de mi chaval, que ya tiene 18. Servilletas bordadas, mesa perfecta, comida de lujo… Todo el día cosiendo, cocinando. Mi marido, pobrecito, me ayudaba viéndome el culo mientras yo mandaba. ‘Cariño, gracias por aguantarme’, le dije antes de dormir. ‘Mañana tu mujer sexy vuelve al lío, te lo prometo’. Él sonrió: ‘Te quiero así, agotada y todo’. Pero yo… uf, las pelotas que tenía él, lo notaba en sus pantalones. Me dio pena.
Subí a la cama después de la fiesta. Todos alabando mi curro: ‘¡Qué maravilla, Suzanne!’. Mi hijo se fue en su scooter, emocionado. Yo, llena de orgullo, pero el coño ardiendo. ‘Mañana no, hoy necesito follar’, pensé. Me desnudé despacio. La habitación a oscuras, solo la tele parpadeando colores en mi piel blanca. Me miré en el espejo: tetas firmes, pezones duros como piedras, barriguita suave que él adora agarrar. Bajé la mano… mi coño, depilado liso, ya húmedo. Olía a deseo, ese aroma dulzón, salado, mío.
Preparando la fiesta y la promesa de sexo
Saqué el vibrador del cajón. Aceite comestible en la mesita. Me unté los labios, el clítoris hinchado. ‘Para ti, amor’, murmuré. Encendí el juguetito, zumbido bajo, vibrando contra mi entrada. Lo metí despacio… ahhh… lleno, estirándome. Gemí bajito. Pensaba en su polla gorda, venosa, cómo palpita dentro. Movía las caderas, lento al principio. El olor subía, mi jugo chorreando por las nalgas. ‘Sí, fóllame fuerte’, susurraba. El clítoris latiendo, lo froté con los dedos. Ondas de placer… más rápido. El vibrador zumbaba furioso, mis tetas botando. ‘¡Joder, sí!’. Corrí fuerte, cuerpo arqueado, grito ahogado. El coño contrayéndose, leche saliendo. Me quedé jadeando, el juguetito quieto entre mis muslos abiertos.
Cerré los ojos, agotada. Soñé con él. Su lengua en mi clítoris, dedos dentro. Me corrí en sueños, o eso creí. Silencio. Olía a sexo, mi sudor mezclado con aceite dulce. Dormía profunda, piernas abiertas, coño expuesto, brillando.
Desperté… no sé cómo. Sentí presión. Calor. Algo duro, vivo, empujando dentro. Abrí los ojos un poco: él, mi marido, de rodillas entre mis piernas, polla enterrada hasta los huevos. ‘¿Qué…?’, balbuceé. Él no paró, follándome suave, profundo. Su cara de placer: ‘Shhh, duerme, Suzie’. Mi coño lo chupaba, resbaladizo de mi corrida anterior. Olía a nosotros, polla y coño mezclados, intenso, animal. Gemí: ‘Sí… más’. Él aceleró, appui sur brazos, saliendo y entrando, chapoteo húmedo. Sus pelotas golpeando mi culo. ‘Estás tan mojada… por mí’, gruñó.
El despertar con su polla dentro de mí
Lo empujé contra mí, manos en su culo. ‘Fóllame dormida, cabrón’. Él rio bajito. Cambió: me puso de lado, una pierna arriba, penetrando hondo. Toque su pubis contra mi clítoris. ‘¡Ahhh!’. Mordí la almohada, olor a semen viejo. Él lamió mi cuello, sudor salado. ‘Te olía desde la puerta, tu coño llamándome’. Gemí más fuerte. El vibrador… lo cogió, lo metió con su polla. Lleno total. Vibraciones + carne palpitante. ‘¡No pares!’. Corrí otra vez, chorros calientes, empapando sábanas.
Él se corrió dentro, caliente, espeso. ‘Toma, mi leche’. Se quedó quieto, polla ablandándose. Luego, lengua en mi coño: lamió todo, su semen + mío, dulce-amargo. ‘Delicioso’. Dos dedos dentro, girando, chupando clítoris. Temblores… otro orgasmo, pequeño, largo. Somnolienta, corrí dos veces más así, entre sueños y vigilia.
Al amanecer, ojos abiertos: ‘Has tardado mucho anoche’. Él, arrodillado aún: ‘Perdón’. Lo tiré encima, misionero. Polla dura de nuevo. ‘Me masturbé pensando en ti… soñé y corrí’. Besos, lenguas enredadas, sabor a coño. Follando lento, profundo. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Eres mi Suzie otra vez’. Corrimos juntos, gritando. Agotados, abrazados. ‘Gracias por esperarme así’. Sonreí: ‘Siempre, amor’.