Acababa de llegar a casa después de un día infernal de trabajo. La calor me tenía la piel pegajosa, sudada, con ese olor fuerte que tanto odio. Abrazé a mi gato Zébulon, mi amor peludo, me quité la ropa húmeda, la metí en la lavadora y me serví un zumo de limón frío y un rosado fresquito. La brisa por la ventana abierta me erizaba la piel, me sentía viva.
Caminaba desnuda por el piso, sabiendo que el vecino cotilla de enfrente no me veía, ocupado con las bañistas de la playa. Pensaba en la noche: cena ligera y discoteca para pillar un tío guapo que me alegrara la velada, nada serio. Amo el sexo, las emociones fuertes, pero mi libertad es sagrada.
La ducha interrumpida y el gato fugitivo
De pronto, un ruido horrible del vecino. Ese tipo me saca de quicio: alto, moreno, pelo largo, siempre con vaqueros y camiseta, flojo como un Lagaffe. Su música a tope siempre justo cuando me corro o duermo. Golpeo paredes, grito, pero él dice ‘Lo siento, no pensaba que sonaba tanto’. El syndic no hace nada.
Entro en la ducha. El agua tibia me acaricia, relaja músculos. Me enjabono, cierro el grifo para que haga más espuma, huele a vainilla. Un aire fresco… ¿Por qué? Salgo cubierta de jabón: la puerta abierta. ¡Zébulon! Su cola azulada se escapa por la rendija.
‘¡No, Zébulon, ven!’ Corro detrás, desnuda, jabonosa. El pasillo largo, él feliz explorando. ‘Ven, mi bebé…’ Sprint, pasa entre mis piernas, entra en su piso. Alivio. Pero la puerta se cierra. ‘¡Nooo!’ Grito como loca.
Tamborileo en su puerta, cubierta de espuma menguante. Abre, en camisa decente. ‘¿Qué coño haces?’ ‘Mi gato… puerta… cerrada…’ Temblando, manos cubriendo tetas y coño. ‘Que te apañes.’ Cierra. Abre. ‘Entra, enjuágate, hay camisetas.’
Interfon sonando. Abre, una morena entra, me ve casi desnuda. ¡Bofetón! ‘¡Perverso!’ Se va. ‘Emmerdeuse total’, dice frotándose la mejilla. Le pido perdón. ‘Qué es todo esto?’ ‘Mi estudio de música.’ Pone un tema: wahou, precioso para videojuegos.
Cenamos ensalada, jamón, rosado. Hablamos: compone para pubs, series. ‘¿Incluyendo pañales?’ Me río. Él se ofusca, pero cocina genial. ‘Duerme en mi cama, yo sofá.’
Noche. Oigo miau. Balcón. ‘No, no saltes.’ Entra él: ‘¡Estás loca, cuarto piso!’ Zébulon en el balcón vecino. Planche entre barandillas, jamón. El gato cruza. Ella se abraza a mí, tetas contra mi pecho desnudo, coño sin bragas rozando.
Nos miramos. Caemos. Besos salvajes, lengua en boca. Manos en culos. Ella agarra mi polla dura, yo sus nalgas firmes. ‘No te muevas’, dice subida a horcajadas. Frota mi verga en sus labios húmedos, entra un poco, sale. Baja despacio. ‘Ahhh…’ Oscilo caderas, ella sube baja. Me chupa pezones, yo masajeo sus tetas pequeñas, pezones duros.
Del odio al éxtasis: sexo inolvidable en su cama
Olor a sexo, sudor mezclado jabón. Gemidos bajos. Corro rápido, ella también. ‘¡Joder, qué fuerte!’ Se affala sobre mí, polla saliendo flácida, pero jugos calientes goteando.
Minutos. Revive. Ahora él encima, lento primero. ‘Mmm, sí…’ Acelera, frena. Dedos en mi culo, labios chupados. ‘¡Más fuerte!’ Olor musgoso de su piel, sabor salado. Explosión otra vez.
Mañana. Despierto, él con bandeja: café, croissants. Drap bajado, tetas al aire. Agarra mi polla bajo bandeja. ‘No felaciones, pero…’ Beso glande, rayo eléctrico.
Yo bajo: ‘¡Me encanta tu coño!’ Ríe. Lengua en labios, clítoris hinchado. ‘¡Oh sí, no pares!’ Humedad dulce, salada. Dedos dentro, aprieta. ‘¡Fóllame ya!’ Misiónero lento, besos. Corremos juntos.
‘¿Por qué pelo?’ ‘Me da miedo depilar.’ ‘Me flipa, como peluche.’ Fin de semana: sexo, ducha follada contra pared, mordiendo albaricoque de su boca, agua caliente.
Gato dauphinois. Mezclo, prueba dedo. ‘Perfecto.’ Lame mis pezones untados crema. Horno 45 min. ‘Mientras…’ A la cama, cabalgada, 69 sudoroso.
Lunes, cerrajero. Vuelvo al trabajo. Él triste, sin noticias.
Viernes, su música fuerte. Venganza. Abro desnuda, maillots en mano. ‘Te devuelvo los de Karabatic.’ Beso, agarro polla. ‘Quiero repasar tu flauta, Allegro Orgasmo.’ Luego pastel, mimos. ‘Eres mío, follas como dios, cocinas, amas gatos.’