Mi noche loca con dos hombres mientras mi marido me miraba

Chicas, no sabéis lo que pasó hace unas semanas… Después de aquella noche loca en nuestro décimo aniversario, pensaba que era cosa de una vez. Error mío. Estábamos en la cama, acabábamos de hacer el amor suave, sudados y pegados. Mi marido me acariciaba el pelo, y de repente, susurró: “¿Sigues pensando en esa noche?”. Me quedé quieta, el corazón latiéndome fuerte. “Sí… fue… increíble”, admití, sintiendo cómo mi cuerpo se calentaba solo de recordarlo.

Le conté todo: el placer físico, ese desconocido follándome sin parar, y lo mental, sentirme tan deseada, tan puta… perdón, tan libre. Él me tocaba el clítoris mientras hablaba, suave, en círculos. “Cuéntame más”, gemí. Mi coño se mojó al instante, olía a sexo fresco. Su polla se endureció contra mi muslo, gruesa, caliente. Nos follamos como animales: él encima, embistiéndome fuerte, yo arañándole la espalda. “¡Sí, amor, así!”, gritaba yo, corriéndome con un grito ahogado.

La chispa que lo cambió todo en nuestra cama

Calmados, sudorosos, hablamos. Le confesé que me encantó ser la mujer sexy, fácil, ver cómo los hombres me miraban. Pero solo si él estaba. “Quiero verte así”, me dijo, besándome. Fue una liberación. Ya no dudas, solo ganas.

Días después, viernes noche. “Salimos esta noche”, anunció. “¿Adónde?”, pregunté con ojos pícaros. “Primero cena, luego… ya verás”. Corrí a ducharme, el agua caliente resbalando por mis tetas, mi culo. Salí en bata, oliendo a vainilla. Él había dejado ropa en la cama: lencería negra, portaligas, medias, blusa transparente, falda abierta. Me miró y entró al baño sin decir nada.

Entró en mi cabeza la puerta: “Cariño, ¿nada de bragas?”. “Para una tía fácil como tú, es pérdida de tiempo”. Sus palabras me golpearon: excitación y rabia mezcladas. “Y maquíllate más, estás sosa”. Como una bofetada. Bajé la vista, pero él añadió: “Te quiero ardiendo esta noche, por nuestro placer. Te amo”. Sonreí: “Yo también”.

A las 8, el niñero llega. Sus ojos en mis tetas, duras bajo la blusa. Perfecto. Cenamos en el restaurante del aniversario. Vino a raudales, yo achispada. El camarero nos reconoció, devorándome con la mirada. Antes del café: “Ve a darle las gracias”. Abrí la chaqueta, tetas al aire, pezones tiesos. Él se relamió. Saliendo: “¿Te gustó exhibirte?”. “Mucho, estoy empapada”. “¿Quieres más?”. “Sí, amor. Quiero ser sin límites”.

Al piano-bar. Besos, cócteles. Bailamos. La música retumba, mi falda sube, coño al aire. Hombres alrededor. De pronto, ¡Jaime! Mi amante de aquella noche. Me abraza, besa mi mejilla, húmeda, cálida. Busco a mi marido con la mirada. Nuestros ojos se clavan. Agarro la cabeza de Jaime y lo beso, lenguas enredadas, saliva dulce.

Vienen a la mesa. Tensión. Yo cojo su mano: señal. Se besan… no, él me besa. Lengua profunda, manos en mi pelo. Mi marido dice: “Esta noche no es mi esposa, es una mujer libre”. Me quito la chaqueta, tetas transparentes. Jaime: “¿Libre para bailar conmigo?”. “Sí, totalmente”. Bailamos, todos miran: hombres babeando, mujeres celosas.

Vuelvo sola, un poco avergonzada. “Jaime trae a un amigo”. “¿Quieres?”. “Sí, si tú me ves”. Llegan: Juan Luis, bajito, panzón, pero sonrisa tierna. Cócteles, risas. Estoy entre ellos. Jaime susurra, lo beso largo. Silencio. Giro y beso a Juan Luis, labios suaves, lengua juguetona.

El hotel: placeres prohibidos y explosiones de deseo

Mi marido nota mi celos falso. Digo: “Pertenezco a mi marido siempre. Lo hago por él”. Mentira a medias, pero lo calma. Jaime: “Vamos a un hotel”. En el coche, yo atrás con Juan Luis. Besos salvajes, su mano en mi coño. “¡Está chorreando!”, grita. “Sí, soy vuestra esta noche”. Dedos dentro, oliendo a mi excitación, jugo en sus dedos. Me los chupa.

En la habitación, Jaime me desnuda: solo portaligas, medias, tacones. Cojo champán, cruzo desnuda, tetas bamboleando. Bebemos de mi boca: besos, dedos en mi coño, pezones pellizcados. Ebria, caliente. Jaime a mi marido: “¿Miras o participas?”. “Empieza tú”.

Se desnudan, pollas duras. Bailan conmigo, polla de Jaime en mi pubis. Juan Luis por detrás, mordiendo cuello, olor a sudor. Mi marido se toca. Me arrodillo, pollas en la cara. Miro a mi marido: “Te amo”. Chupo una, otra: salada, venosa, goteando precum. Gemidos: “¡Joder, qué boca!”.

Juan Luis: “Mira a tu marido mientras te follo”. Me pone a cuatro, entra despacio… ¡ahhh! Gruesa, llena. Embiste fuerte, plaf plaf, sudor goteando. Corro, él gruñe, eyacula dentro, mordiendo mi hombro. Coño abierto, semen chorreando, blanco cremoso.

Jaime: “Admira su coño usado”. Me arrodillo, huelo a semen, lo veo gotear. En la cama, boca abajo. Jaime en mi culo: lento, lubricado con mi jugo. Duele-placer, entra toda. Mi marido susurra: “Te amo”. Jacques folla fuerte, culo abriéndose. Olor a sexo intenso, sudor, corrida. Mi marido se corre en mi cara, caliente, pegajosa. Nosotros dos: grito, él ruge.

Silencio, repuestos. “Vámonos”. En taxi, semen bajando piernas, pegajoso. Mi marido mete mano, abre muslos. Llegamos, follamos en el sofá, tierno.

Todo el finde lo mimé. Y así seguirá.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *