Confesión erótica: Mi Navidad salvaje en Biarritz con pelotaris vascos

Ay, amigas, acabo de volver de Biarritz y tengo que soltarlo todo. Tengo 28 años, divorciada hace poco, y esta Navidad decidí huir sola. Nada de familia, nada de ex con los niños. Quería aire nuevo, olas rompiendo, ese olor salado del mar pegado a la piel. Llegué el 24, bruma suave, instalé mi estudio diminuto y bajé directo a la playa. Caminaba descalza, arena fría entre los dedos, viendo parejas acarameladas que me pinchaban un poco el corazón.

De repente, veo a esta mujer mayor, unos 50 largos, pelo blanco corto, alta, elegante como de revista. Me sonríe, cómplice, como diciendo ‘yo también estoy sola’. No le di bola entonces, pero por la noche, en una brasserie cutre, pido una pizza y ¡zas! Entra ella. Se sienta al lado, pide ensalada y arranca: ‘¿Vacaciones aquí?’. Le cuento mi rollo, divorcio fresco, niños con el ex hasta el 1. ‘Yo también divorciada, hace diez años. Abogada de París, Véronique. ¿Y tú?’ ‘Marta, de España, en agroalimentaria’. Charlamos horas, divorcios, sexo… Ella suelta: ‘Me encanta la polla, no me conformo con una sola’. Yo, flipada: ‘¿A tu edad?’ ‘Más que nunca, quiero follar mientras me deseen’. Yo confieso: ‘Hace dos años sin sexo’. Ella guiña: ‘Eso se acaba aquí, guapa’.

El encuentro inesperado en la playa y la noche que lo cambió todo

Al día siguiente, paseo por el sendero aduanero. Aire marino llenándome los pulmones, suave como caricia. Hablamos de todo, nos tuteamos. Al despedirnos: ‘Esta noche, discoteca que conozco. Ven a casa, te presto algo sexy’. Su villa enorme, armario infinito. Me pongo minivestido negro, sin sujetador, piernas eternas al aire. Pechos firmes, tetas redondas perfectas. Ella, vestido largo fendido hasta la ingle, sin nada debajo: ‘Así me siento lista para follar’. Yo tiemblo de nervios, pero excitada. ‘Los vascos son bajos pero pollones y resistentes’, dice riendo.

Primera noche, bar tranquilo, piernas cruzadas en taburetes altos mostrando muslos. Nada. Segunda, ingleses borrachos, huimos. Tercera, ¡bingo! Entra pandilla de pelotaris, ruidosos, olor a sudor fresco y cerveza. El entrenador, Peyo, 50 grisáceo, peludo, trapón, ataca a Véronique. Marko, alto flaco moreno, ojos que queman, se pega a mí. Accent cantarín, brazos musculosos finos. Charla, risas, pelote vasca que no pillo. Cambiamos bar con vistas al mar, yo ya siento cosquilleo entre piernas, humedad tibia.

En coche de Peyo, atrás con Marko. Su mano sube mi falda, dedos precisos como golpeando pelote. ‘Estás mojada, eh’, susurra. Yo río bajito, piel erizada, olor a su colonia mezclada con mar. En villa, Izarra servida, Peyo mete mano a Véronique: ‘Joder, sin bragas, estás buena’. La dobla sobre mesa, dedos dentro, ella gime ‘sí, así…’. Marko me tumba sofá, beso hambriento, lengua invadiendo, sabor a licor dulce. Levanta vestido, string empapado. ‘Mira esta polla’, saca monstruo largo, venoso. Glande hinchado en mi boca, salado, pulsando. Chupo ansiosa, gárgaras húmedas, saliva chorreando.

Desnuda él, torso seco, músculos duros. Yo tiro vestido, pechos libres, tetas saltando. Bas y tanga al suelo, coño gritando ‘¡polla ya!’. Capotes en mesa, gracias Véronique. Marko se pone, adosada sofá, piernas abiertas. ‘Despacio, hace tiempo y eres enorme’. Entra poquito a poco, estirándome, ardor dulce. Plop plop, lleno al fin. Olor a sexo crudo, sudor fresco. Empujo caderas, uñas en su espalda. ‘¡Fóllame fuerte!’ Gritos míos, slap slap carne contra carne. Orgasmo brutal, cuerpo temblando, cara roja, pelo revuelto, ojos lagrimosos. Él sale, no correrse aún.

El cuarteto desenfrenado: intercambios, anal y placer sin límites

Miro enfrente: Véronique y Peyo en 69, ella chupando polla gorda, él lamiendo coño peludo. ‘¡Venid a la cama, más cómodos!’ Gran cama, nos ponemos a cuatro, culos al aire. Penetrados juntos, ‘¡ahhh!’ Suspiros idénticos. Gemidos, ‘¡más profundo!’, onomatopeyas slap slap, squish squish jugos. Cambio parejas, Peyo en mí, más grueso, me abre. Marko dobla a Véronique pies a orejas, yo igual. ‘¡Joder, sí!’ Cri guttural. Él casi corre, pausa. Izarra, pies de Véronique en huevos Peyo. ‘Eres cerdo, pero follas bien’. ‘Tú puta del culo’. Yo: ‘Quiero a cuatro como perra’.

A cuatro patas, caras juntas, alientos calientes. Penetradas, caras espejo: O en boca, lenguas fuera, ‘¡fóllame!’. Beso Véronique, labios suaves, no soy bi pero qué más da. Miro Peyo machacando ella, clac clac. Marko en mí, ‘¡sigue, no pares!’. Véronique: ‘¿Bien te folla?’ ‘¡Gracias a ti, amor!’. Ella: ‘Ahora me encula’. Peyo lubrica, entra despacio, cara ella éxtasis ‘¡houuu, qué bueno!’. Marko en mi ano, me cabo, resbaloso, couilles golpeando coño. ‘¡Aaaah!’ Cri del alma, caderas locas.

‘¡Me corro, me corro!’ Gritamos juntas, postillas volando. Ellos aceleran, Peyo eyacula en capote. Marko resiste, me da ráfagas feroces, sale, arranca goma, leche caliente en lumbares. Gruñe en vasco, sudado, ‘¡qué hembra!’. Despertamos al día siguiente, desnudas juntas. Duchas, desayuno. ‘¿Bien desfogada?’ ‘Pies de infierno, no me creía capaz. Gracias, me sacaste bestia interior’. ‘Ellos casados seguro, pero follamos como diosas’. Río: ‘Si a tus 50 follas así, firmo’. ‘No es edad, es ganas. Mujeres maduras follamos de verdad’.

Me voy al día sig, carnes sensibles, rouillée un poco. En tren, resuelta: próxima vez, París contigo. Navidad inolvidable, olor a sexo aún en piel.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *