Muriel: Mi confesión ardiente tras la palabra mágica

Desde el domingo, hace dos días ya, todo ha cambiado. Adiós a la depre, solo veo lo bueno. Los colores brillan más, la gente me sonríe… hasta las tareas aburridas me parecen fáciles. Pero mi armario… uf, hay que renovarlo. Nada de trapos grises que esconden mis curvas. Hoy, para el curro, saqué un vestidito mono, color beige que resalta mi piel de rubia. Escarpines a juego, taconeando bajo el sol primaveral. Clac, clac… los tíos me miran, y yo… ¡me encanta! Antes me habría escondido, ahora me hace cosquillas en el corazón.

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Entro en la tienda. —Hola, Virginie.— Me mira flipada. —¡Muriel! ¿Eres tú? — Río. —Sí, guapa. Sorprendente, ¿eh? — ¿Qué te pasa? — Es mágico. Estoy feliz. He descubierto mi cuerpo, mi sensibilidad… ¡amo la vida! Me abraza. Virginie es mi mejor amiga desde peques. Ella, con su pelo castaño corto, pechitos pequeños, pura energía. Criando sola a Océane, de 17 ahora en USA.

El despertar sensual en la tienda

Entra una clienta, la señora Desrouches, alta, curvilínea pero tímida. Siempre compraba cosas básicas. —Hola, señora. ¿Qué necesita? —Sostén y camisón, como siempre.— La guío al salón de pruebas, luces suaves, sillones comfy. Elijo modelos sexys: encaje blanco, bustier azul… Se prueba, torpe. La ayudo con los pechos, piel suave, pezones endureciéndose… humm, su calor en mis manos. —Mira qué tetas perfectas tienes.— La cojo por detrás, levanto sus pechos. Se tensa, pero se rinde, apoya la cabeza en mi mejilla. Prueba el negro, semi-balconet. —¡Demasiado puta… mi marido!— Río. —Tu marido flipará con esto, créeme.— Se va con el conjunto negro y camisón transparente.

Virginie alucina. —¡Vendiste lo más hot a la pudorosa Desrouches! ¿Qué te pasa?— Le cuento todo: Kévin, la palabra mágica, mi primer orgasmo con él… Ese felicidad lúcida. Vendí más en una tarde que en un mes. Al cerrar, té en mano, la miro. Sus manos finas, su nariz puntiaguita… la deseo. —Quiero que tú también seas feliz.— Dudó. —Es demasiado mágico.— —Kévin te lo dirá.—

Llego a casa reventada. Me toco suave, pensando en el poder sobre esas mujeres semidesnudas… orgasmo dulce, duermo.

A la mañana, desayuno desnuda. Kévin me mira, se sonroja. —Si te molesta…— —No, me excitas.— Hablo de Virginie. Se cierra. —Es secreto.— Sonrío. —Piénsalo… si eres bueno.— Chantagea juguetón. —¡Ni de coña!— Se arrepiente.

Compro ropa sexy. Noche: ramo de Kévin. Lo abrazo, beso profundo. Manos en mi culo, calor subiendo. Desabrocho su camisa a tirones. Él saca mi teta, mama… ¡temblor! Soutien suelto, pezones lamidos, piernas flojas. Me siento, él de rodillas, lengua en mi coño. Dura, suave en el clítoris… gimo, huelo mi excitación, muslos apretando su cabeza. ¡Grito! Orgasmo brutal, vacío feliz.

El trío explosivo con Virginie y Kévin

En el suelo, me lame el vientre, ombligo… río. Piernas en su cintura, su polla roza la mía. Tensa, pero entra suave. Lento, luego rápido… pierdo el sentido, múltiples orgasmos. Despierta: —¡Muriel! ¿Estás bien?— —Formidable… y sí, para Virginie, el palabra.—

Viernes noche, cena los tres. Virginie nerviosa. Kévin solo con ella, yo fuera. Vuelve radiante, ojos brillantes. Se tira a mis brazos. —¡Te amo, Muriel! Fóllame.— Le quito la camiseta, chupos sus pezoncitos duros. Gime, se arquea. Llama a Kévin. —Venid los dos, tengo mucho que recuperar.—

Lo tetamos juntas. Orgasmo rápido. Desnudos arriba. La lamemos entera: risas, gemidos, jugos. Triángulo: yo chupando a Kévin, él a Virginie, ella a mí. Risas, luego placer… ella explota, yo, él eyacula en mis tetas.

Ducha juguetona, agua y espuma everywhere. Abajo desnudos, té/cerveza, sensualidad pura. Arriba: 69 yo sobre ella, Kévin me folla por detrás. Polla dura, embistes, lenguas en coños… gemidos, sudores, olores a sexo. Dormimos al alba, probando todo menos penetrar a Virginie. Increíble…

A seguir…

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