Mi finde libertino: anal salvaje y sin límites en el gîte

Era hace un tiempo, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Nosotros cuatro, dos parejas jóvenes, locos por el sexo sin tabúes. Yo, con mi novio, y Luc con Léa. Alquilamos un gîte en la montaña, aislado, perfecto para desatarse. Llegamos, comimos, bebimos… y acabamos todos en una sola cama enorme. El aire olía a pino y a deseo.

Me desperté tarde, sudada de la noche anterior. Mi novio roncaba en el sofá. Oí agua correr en el baño. Empujé la puerta… y allí estaba Luc, desnudo en la bañera llena de espuma. Su polla dura entre mis tetas. Yo la masturbaba lento, apretando con los pechos. Olía a jabón y a su piel salada. Metí un dedo en su culo, suave, girándolo. ‘¡Joder, sí! ¡Córrete en mí!’, le susurré, con la voz ronca. Sus ojos vidriosos, gimiendo bajo.

La sorpresa en la bañera de espuma

No me di cuenta de que mi novio nos vio. Pero no importaba. Yo estaba poseída. Quería su leche caliente en mi piel. Él se tensó… ¡pum! Chorros espesos salpicando mi cuello, mis labios. Lamí un poco, salado, pegajoso. ‘Mmm, qué rico…’, murmuré. Luego lo monté en levrette, el agua salpicando por todos lados. ‘¡Fóllame fuerte! ¡Más adentro!’, grité. Su polla me abría, chocando contra mis paredes. El sonido chap-chap, resbaloso. Olía a sexo húmedo, a espuma y sudor.

Después, silencio. Salimos, pero el fuego no se apagó. Mi novio y Léa se liaron en una habitación. Yo, con Luc, busqué más. Fuimos al granero, el olor a madera vieja y heno. Me tumbé en la mesa de ping-pong, cabeza atrapada en la red. Él encima, embistiéndome como un animal. ‘¡Sí, así! ¡Rómpeme!’, jadeé. Pero no era mi coño… me estaba follando el culo. Sin condón. Su verga gruesa entrando entera, estirándome al límite. Dolor-placer, quemazón dulce. Cada golpe hacía temblar la mesa, crac-crac.

La follada brutal en el granero

‘¡En mi culo! ¡Córrete dentro!’, le rogué, arqueándome. Él gruñía: ‘¡Puta zorra, toma todo!’. Se corrió a chorros, caliente, llenándome. Sentí el calor expandirse, goteando. Abrí los ojos… mi novio y Léa allí, mirándonos. No sorpresa, solo lujuria. ‘Limpia su polla’, les dije, sonriendo traviesa. Ellos dos, de rodillas, lamiendo juntos. Yo los vi, excitada. Luego les ofrecí mi culo abierto, manos separando nalgas. Lenguas dentro, saboreando la mezcla de semen y mi jugo. Salado, amargo, delicioso.

No paramos. Todos en la mesa. Mi novio me sodomizó después, deslizándose en el semen de Luc. Po-se, caliente, resbaladizo. ‘¡Aspírame, amor!’, gemí, moviendo caderas. Él se corrió profundo, mezclando todo. Después, salí desnuda al jardín, sudorosa, goteando. Léa me alcanzó, beso largo, lenguas enredadas. Nos duchamos juntas, riendo, tocándonos pezones duros.

Volvimos con ellos, en pareos, mejillas sonrosadas. Besos suaves. Fue único, de confianza total. Ahora solo nosotros seguimos… pero ese día, sin límites, fue puro fuego.

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