¡Hola! Soy Sofía, tengo 27 años, española de Madrid, y… uf, acabo de volver de unas vacaciones en la Costa Azul que me han dejado temblando. Me encanta el sexo, las sensaciones fuertes, ese cosquilleo que te sube por la piel hasta explotar. Hoy te cuento algo que me pasó hace dos días en un sauna libertino en Niza. No lo planeé, pero… ¡madre mía, qué delicia!
Entramos mi novio Pablo y yo sobre las 14h. El sitio impecable, limpio, con esa luz tenue que invita a todo. Nos quitamos la ropa en el vestuario, solo toallas alrededor de la cintura. Yo, con mi melena morena rizada suelta, pecho firme y culo redondo que sé que llama la atención. Pablo es guapo, moreno, con ese cuerpo atlético que me enloquece. Vamos directo a la ducha colectiva. Agua caliente cayendo, vapor subiendo, olores a jabón y piel húmeda. Me miro en el espejo empañado, mis pezones duros por el agua, y siento miradas. Uf, ya estoy excitada.
La llegada al sauna y el primer contacto
Luego, hammam. Calor denso, vapor espeso que te envuelve como una caricia. Nos sentamos, sudando, respirando hondo. Huelo a eucalipto mezclado con sudor sexy. De repente, veo una silueta alta, hombros anchos, rubio-rojizo, saliendo de la ducha. Nos mira, sonríe. Yo le devuelvo la mirada, mordiéndome el labio. Pablo me susurra: “¿Le has visto? Parece interesante”. Nos apoyamos en la pared cerca de las duchas, observando. Él pasa cerca, nos saluda con la cabeza.
De pronto, se acerca directo a mí. Alto, guapo, unos 40, pero con cuerpo de nadador: piernas largas, culo prieto. Me dice algo en francés, no entiendo nada. Sonríe, mima con las manos: frotando hombros, diciendo “massage”. ¡Masaje! Pablo y yo nos miramos, excitados. “Vale”, le digo yo en inglés torpe, “massage, yes”. Él sonríe más, vamos al vestuario por su aceite, luego a una salita privada. Cierro el pestillo, corazón latiendo fuerte. Quitamos toallas. Desnudos total. Olor a aceite de coco calentándose en sus manos.
Me tumbo boca abajo en el colchón grande, Pablo a mi izquierda, él a la derecha. Sus manos calientes en mi espalda. Circulares, firmes… ay, qué bien. Desde hombros bajando, rozando costillas. Soy cosquillosa, me retuerzo un poco, riendo bajito. “Mmm…”, gimo. Él sigue, más lento, dedos largos como de pianista rozando mi culo. Huelo su piel, mezcla de sudor y aceite. Pablo me mira sonriendo, su polla ya medio dura.
Sus pulgares en mi raja, presionando suave. ¡Joder! Me abro un poco las piernas. Consentimiento total con un gemido. Masajea mis nalgas, fuertes, separándolas un pelín. Aceite chorreando. Luego piernas: tobillos, pantorrillas, muslos… subiendo, rozando mi coño húmedo sin tocarlo aún. Respiro agitada, piel erizada. “Voltéate”, mima él. Me pongo boca arriba, piernas entreabiertas. Mi coño depilado brilla de jugos. Él lo mira, ojos hambrientos.
El masaje que me volvió loca de placer
Empieza por piernas otra vez, manos subiendo, rozando labios mayores. No toca el clítoris aún, me vuelve loca. Pablo se masturba despacio, acaricia mi teta derecha. Yo abro más las piernas: “Sí… por favor…”. Él masajea alrededor de mi coño, dedo resbalando en mi humedad. Gimo fuerte: “¡Ay, Dios!”. Me muevo, pidiendo más. Él se mueve al lado, masajea mi otra teta, pellizca pezón. Yo le toco muslos, brazos duros. Su polla tiesa, palpitando.
No aguanto, le chupo el pezón: salado, duro. Lengua alrededor, mordisquito. Él besa mi cuello, orejas, susurro: “Sí, así…”. Vuelve entre mis piernas, cara cerca de mi coño. Huele mi aroma dulce-musgoso, sopla suave. Lengua en mis labios, lamiendo lento. “¡Mmmph!”, grito bajito. Mano en mi vientre, otra en tetas. Dedo dentro, curvado, tocando punto G. Bombeo suave, chupando clítoris. Olor a sexo puro, sonidos chapoteantes, mis jugos goteando. Pablo gime viéndonos.
¡Exploté! Orgasmo brutal, cuerpo arqueado, gritando: “¡Sííí! ¡No pares!”. Temblores, coño contrayéndose en su dedo. Él lame suave, calmando. Me incorporo, beso su pelo. Ahora yo: acaricio su pecho, abdomen, agarro su polla dura, venosa. Tira precum, lo unto. Lo pajéo lento, él gime: “Oh yes…”. Pablo y él se miran, complicidad. Me corro de nuevo solo tocándolo. Ellos follan delante mío después: Pablo me penetra fuerte, él mirando, masturbándose. Gemidos, palmadas, semen caliente.
Uf, salí flotando. Recuerdo su tacto, su lengua… Quiero más. Chicas, ¿os atreveríais a un masaje así en un sauna libertino?