Mi lotería del deseo: del culo virgen al gangbang en club libertino

¡Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer! Todavía tengo el cuerpo temblando. Me llamo Carmen, tengo 28 años, española pura, de Madrid, pero ahora vivo en París desde que gané esa lotería de diez millones. ¿Os lo imagináis? Dejé a mi marido, ese egoísta que solo se corría y ronroneaba como un cerdo satisfecho. Ahora soy libre, cachonda perdida, buscando sensaciones que me hagan gritar.

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Todo empezó con mis nuevas amigas, Lise y Sophie. Fuimos a casa de Lise, ella en bata, desnuda al instante. ‘¡Mira qué lencería tan sosa!’, me dice riendo mientras me quita la chaqueta. Sus manos rozan mi piel, mi corazón late fuerte. Olía a su perfume dulce, mezclado con algo almizclado, excitante. Me pone un tanga diminuto, un sujetador que empuja mis tetas firmes. Se pega a mi espalda, sus pezones duros contra mí. ‘¿Te gusta?’, susurra en mi oreja, lamiéndola suave. Gimo bajito, ‘Sí… ay, Lise…’

El encuentro con Lise y mi primera sodomía inolvidable

Sus labios bajan por mi cuello, mordisquean. Me tumba en la cama, besa mis pechos, chupa mis pezones hasta que duelen de placer. Huele a mi excitación, ese olor salado y dulce de coño mojado. Sus dedos abren mis labios, lengua en mi clítoris, chupando suave. ‘¡Oh, Dios, qué bien! Más…’, le pido. Encuentra mi plug anal, ese rosado que compré en la sex shop. ‘¡Mira la puta, con un tapón! ¿Tu amante te lo metió?’, ríe. Lo saca despacio, lame mi ano, mete la lengua. Explota mi orgasmo, grito, ella me besa con mi propio jugo en la boca, sabor ácido y mío.

Llaman a la puerta, entra Sophie desnuda. ‘¡Bienvenida al club, coquine!’, dice. Hablamos de todo: intercambios, anal. ‘Vincent es perfecto para tu primera vez en el culo’, dice Lise. Yo, con mi culo virgen de verdad, aunque jugaba con plugs. Comemos, Lise se va con los niños. Vincent me abraza por detrás, besa mi cuello. Huele a hombre, a colonia y sudor ligero. Nuestras lenguas se enredan, salvajes, saliva mezclada.

Me desnuda, sus manos rozan mi piel como plumas. Acaricia mi coño, clítoris hinchado. Yo agarro su polla dura, venosa, goteando precum salado que lamo. ‘A cuatro patas’, me ordena suave. Me miro en el espejo: culo alzado, coño abierto, reluciente. Pone condón, lubrica mi raja, frío al principio, luego cálido. Entra en mi coño, ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñe. Bombeada lenta, chapoteos húmedos, olor a sexo fuerte.

Luego, su glande en mi ano. Presiona, duele un poco… ‘¿Vale?’, pregunta. ‘Sí, despacio…’. Lubrica más, entra centímetro a centímetro. Plena, estirada, calor quemante que vira placer. Empieza a follarme el culo, lento, luego rápido. ‘¡Ay, sí! ¡Fóllame el culo!’, grito. Mi clítoris palpita, me toco, exploto en orgasmos. Él sigue, salvaje, piel chocando, sudor goteando. ‘Me corro…’, avisa. Me giro, le quito el condón, mama su polla sabor fresa y culo mío. Chorros calientes en mis tetas, olor a semen fresco.

Lise vuelve: ‘¡Cuéntamelo todo! ¿Te gustó tu pucelage anal?’. Reímos, y eso fue solo el principio. Me invitaron al club libertino. Entramos, cuerpos desnudos, aire cargado de feromonas, moans por todos lados.

La noche salvaje en el club: doble penetración y sumisión total

En la sala BDSM, ato a Lise y Sophie, abiertas, tetas colgando, coños chorreando. Invito hombres: lenguas en sus sexos, lamidas ruidosas, jugos goteando. Vincent y Alain follan culos de las amigas, dobles penetraciones. ‘¡Mira cómo entran esas pollas!’, digo. Ritmo sincronizado, cuerpos bamboleando, gritos: ‘¡Sí, más profundo!’. Semen en condones, olores intensos.

Luego, cuatro más: Paul, mi ligue, y un negro guapo para Lise. ‘¡El piano!’, gime ella recordando África. La follan duro, ella explota: ‘¡Me corro, joder!’. Agnès, la fría, se masturba viendo la polla negra entrar y salir, brillando.

La siguen a una habitación. Paul la obliga: ‘¡Chupa esa polla negra!’. Agnès la mama, garganta profunda, saliva cayendo. La pone a cuatro, el negro la penetra brutal: palmadas, ‘¡Han! ¡Han!’, choques carnosos. ‘¡Sí, fóllame fuerte! ¡Me corro!’, grita ella por fin. Su mujer mama la polla post-follada, semen en cara.

Ellos me lo agradecen: Paul, Vincent, Alain me usan. Boca llena de polla, coño y culo repletos. Triple penetración, estirada al límite, placer doloroso continuo. ‘¡No paréis, me corro otra vez!’, suplico. Líquido chorrea, orgasmos en cadena. Prometo volver pronto.

¡Chicas, esta es mi nueva vida! Lotería de placeres infinitos.

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