Chicas, os cuento lo que me pasó anoche, como si estuviéramos tomando un vino y confidenciándonos. Estaba medio dormida en el coche, volviendo de ese cóctel asfixiante. Mujeres con tacones de vértigo, saltando como cabras, caras estiradas como peces en un acuario, hombres de negocios, políticos de pacotilla, famosos aburridos por ser famosos. Todo wannabe. Solo por ser amiga del anfitrión fuimos. Bebí dos copas de champán, me aparté un poco de la multitud porque odio pegarme a mi marido en esas movidas. Y claro, atraes miradas. El más creído se acercó, un político recién separado. Me miró de arriba abajo, qué morro. Le di la espalda, mirando por la ventana. Insistió con preguntas tontas, monosílabos míos. Se salvó citando a un humorista: ‘Es más fácil levantar a una mujer que dejarla caer’. Me reí, pasamos un rato decente, pero ni caso a sus avances. Mensaje a mi marido, desaparecido. Lo busqué, esperé en la entrada, subí al coche, ajusté el asiento y… plof, sueño.
De repente, su voz corta el silencio: ‘Mimi, jodes un huevo. En serio, jodes’. Me giro, ¿está loco? ‘¿Perdón?’. ‘Sí, hartazgo. Donde vas, destacas. Te plantas, hablas, y solo te ven. Fui al bar, te vi de lejos y casi te ligo antes de darme cuenta que eras tú’. Pienso: ‘Qué mono’. ‘Desprendes demasiado. Vivo con eso y no es un placer’. ‘Lo siento’. ‘Sí, claro’. Lo miro, entre risa y ganas de mandarlo a paseo. Sé que busca bronca para excitar su adrenalina baja. Alusiones a mis infidelidades pasadas, que él memorizó de mi ordenador. No tengo ganas de sexo, me cansa esa gimnasia animal. Quiero estar sola, leer, paz.
El camino de vuelta y la discusión
Por fin casa. Me escabullo a mi baño, pongo Scarlatti bajito, me sirvo un vaso, me siento en el sillón junto a la bañera. Amo a mi marido, odio el matrimonio. No me siento casada. Ver la misma cara diaria, soltando dramas como si nada. Yo guardo mis mierdas. Matrimonio: días de mal humor, noches de malos olores. Pienso en mis aventuras, odio palabras como ‘infidelidades’, ‘adultério’. Subestiman el relax que dan. Vacío el vaso, me lavo los dientes, desmaquillo, me miro en el espejo grande y el pequeño de perfil. Buen culo aún. Me pongo una camiseta de algodón, a la cama. Plenitud. Nada de compartir camas con amantes, sudores ajenos.
Leo a Hemingway cuando irrumpe: ‘¿Tienes ibuprofeno? Kanguros en la cabeza’. Salto, culo al aire por la camiseta, piso el mármol frío, bailoteo hasta el baño, se lo doy. ‘¿Crees que me quedo anestesiado viéndote bailar semidesnuda?’. Capto el guiño, juego. ‘Espera, vuelvo’. Oigo un pitido de SMS. Voy al baño, Nicolás: ‘Nieva esta noche’. ‘Gracias por la info’. ‘La naturaleza exagera’. ‘Tú eres buena natura, nos entendemos’. ??????? 😕😕. Corto el rollo. Vuelvo, levanto la camiseta como una cría pilla: ‘Ven’. Le clavo la mirada. Destapo la cama, me siento con piernas abiertas. Él se baja el pantalón, bóxers volando. Polla tiesa, impresionante. ‘Joder, qué máquina’, pienso. Después de años, aún flipa.
Se acaricia mirándome. Me encanta el efecto, pero no quiero maratón. ‘Ven’, me tumbo, abro labios, coño rosado, seco aún, aprieto. Se echa encima, huelo su colonia chypre elegante, cara de sus éxitos, zapatos relucientes. Mujeres babean, lo sé, amigas incluidas. Penetra a presión, me excita ser tan estrecha. Entra en mi sequedad, al instante cyprine lo moja. Empuja largo, voluptuoso. Manos en sus nalgas, lo pego más, profundo. ‘Para, me corro’. Frena, inspira hondo. Lo guío lento, mecánico. Sensaciones olvidadas, imagino que es un ligue, no el de las tostadas mañana.
La pasión desatada en la cama
‘Mimi, estás para morirte. Tu coño de visón. Eres mía’. Verdad, no aguantamos a nadie más. Nos picamos, discutimos, pero aquí estamos. Él me desea por falta, yo por paz. No hablo en el sexo, salvo pedo. Hoy no. Me folla bien, ojalá fuera una desconocida suya. Levanto en perrito, él prefiere borde cama, piernas alrededor. No aguanto saltos, él no resiste mi culo. Se lanza, salvaje. Imagina al político. Con su asesor sí, cena romántica con velas, mayordomo y gendarme. Risas con vanidades. Político no me pilló hoy.
No aguanta, orgasmo. Se estira, palpita dentro, sensible para mí. Placer mío también. Kleenex ya, semen chorrea. Odio sábanas pegajosas, que use mi bidé. Limpio.
Mañana desayuno, sorbo su zumo verde: ‘¿No crees que deberíamos hacerlo más?’. No, ya estamos casados.