Estaba caminando por la avenida, el sol de primavera calentándome la piel. De repente, un coche se para delante. Un tío sale, alto, con esa mirada que no olvido. ‘Perdón, señorita, ¿puedo preguntarte algo?’ Me paro, lo miro… y ¡joder! ‘¡Hola, Bernard!’ Él se queda flipado, yo también. ‘¡Odile! No sabes las veces que te busqué, te esperé…’ Mi corazón bombea fuerte, el pulso en las sienes. Le cuento que me casé hace tres meses, por presión familiar, nada más. Pero él no suelta: ‘Ven al coche, no te dejo ir así.’ Subo, su olor a colonia varonil me invade, mezclado con cuero del asiento. Hablamos, reímos. ‘Hoy traigo la cámara, hay que hacerte fotos.’ Dudo, tengo que volver a casa… pero arranca. En un camino tranquilo, portezuela abierta, clic clic. ‘Levanta la camiseta.’ Lo hago, sostén negro apretado, mis tetas hinchadas. ‘Quítatelo.’ ¡Y lo hago! Mis pezones duros al aire, fresquito del viento. Él arrodillado, cara contra ellas, fotos… Acabamos el carrete. Me da su dirección esta vez, quedamos para verlas. Me deja, yo temblando de emoción, el coño ya húmedo pensando en más.
Llega el día, piso en primer andar, radio sonando bajito. Nuisette blanca al ras del culo, mis muslos suaves rozando. Me levanto de la mesa, voy a espiar por la cerradura… ¡Es él! Toco suave. ‘¿Quién?’ ‘Bernard.’ Abro, sonrisas, besos en las mejillas. Nos miramos… y ¡pum! Boca con boca, lenguas enredadas, su cuerpo duro contra el mío. Sus manos en mi culo, apretando carne, yo gimiendo bajito ‘Mmm…’. Se siente mi pecho puntiagudo contra su torso, olor a su sudor fresco. Le enseño las fotos, sentados. Veo sus ojos en mis areolas tras la tela fina. Pasa detrás, acaricia mi espalda desnuda, cuello… besa, manos en tetas, pezones endureciéndose. ‘¡Ay, Bernard!’ Giro, beso profundo. ¡Toc toc! Puerta. Pánico. ‘¡Odile!’ Voz de mi madre. Lo meto en armario de la habitación, robe de novia colgando, olor a lavanda vieja. Ella no abre, se va. Sale temblando: ‘Era mi madre.’ La abrazo, su piel caliente. ‘Vámonos esta tarde, más seguro.’ Nervios, pero excitante, ¿no?
El casual encuentro en la calle
A las 14:30, llego con pantalón y bolsa de ropa que pidió. Vamos a las colinas, charlando de estos años, mi boda de mierda. Refotografiamos el sitio, perruca corta, risas. Luego, rinconcito verde, sol calentando. Me quita camiseta lento, savoréandome, desabrocha sostén… ¡Tetas al aire! Ríe, las tapa. Le quito manos, él de rodillas, cara frotando, olor a hierba y mi piel. ‘Tus pezones… están metidos.’ ‘Normal, pero salen con mimos.’ Boca en ellos, chupando, tirando… ¡Salen duros! Fotos, una con uno dentro otro fuera, jaja. Jupeta corta, culotte, luego medias de rejilla, liguero. Calor asfixiante, pero me excita. Acurrucada, culo en pompa, muslos abiertos, poils asomando bajo tela tirante. Él desnudo en slip, polla tiesa marcada. Se frota contra mí, torso en espalda, manos en tetas, besos en cuello, orejas… ‘Hueles tan rico…’ Beso largo, saliva mezclada.
Nuisette otra vez, una teta fuera, sin culotte. Dedos en mis pelos púbicos, rizado suave, húmedos. Tiemblo. ‘¿Te pongo cachondo?’ ‘¡Sí, joder!’ Me echo, piernas abiertas, coño chorreando, olor almizclado subiendo. ‘¡VEN!’ Él se lanza, polla gorda rozando mi entrada, resbaladiza. Empuja, ‘¡Ahhh!’ Llenándome, grueso, venas pulsando. Ritmo lento primero, piel chocando clap clap, sudor goteando. ‘¡Más fuerte!’ Gimo, uñas en su espalda. Cambiamos, yo encima, tetas botando, sus manos guiando caderas. Olor a sexo, tierra, jadeos ‘¡Sí, Odile, cabalga!’ Piernas temblando, orgasmo subiendo, contracciones apretando su verga. Él gruñe, se corre dentro, caliente chorros. Nos quedamos pegados, respirando agitados, sonrisas cómplices. Increíble, después de tanto tiempo.