Ay, chica, no sabes… acabo de volver de algo que me tiene temblando todavía. Soy Sayuri, tengo 27 años, española pero viviendo en Tokio con mi marido Yoshio. Él es tradicional, pero con fantasías locas. Todo empezó ayer, en el parque Meiji-Jingu. Los sakura en flor, ese olor dulce y fresco, pétalos rosados cayendo como nieve suave sobre mi kimono verde agua. Caminábamos del brazo, su mano en mi cintura, apretando un poco. Sentía su calor a través de la seda, mi piel pálida erizándose.
—Mmm, Sayuri, hoy estás irresistible —me susurró, olfateando mi perfume de cerezos.
El paseo bajo los sakura y la cena caliente
Yo sonreí, batiendo pestañas. —Gracias, amor. ¿Vamos a Zakuro? Quiero shabu-shabu.
En el metro, sus ojos devorándome el culo redondo bajo el kimono. Vibraciones del tren haciendo que mi coño se humedeciera un poco. Llegamos al restaurante, humo del caldo subiendo, olor a carne fresca, gambas. Yukio-san nos recibió, inclinándose tanto que vi su mirada lasciva en mis tetas.
Comiendo, me inclinaba, dejando ver el borde de mis pechos lechosos. —Está delicioso, ¿no? —decía, metiendo palillos en el caldo hirviendo, salpicando gotas calientes.
Él carraspeó. —Sí, perfecta. Mañana, Choices. Te espero allí.
Mi pulso se aceleró. Sabía lo que significaba: exhibirme para extraños.
Esa noche vi a Takako, mi amiga, con un gaijin alto, ojos azules. Pasaron por la ventana del Zakuro, ella acurrucada en él. Yoshio se inquietó. —Es Takako con un extranjero.
—Interesante… dicen que son grandes —le dije juguetona, mordiendo una gamba jugosa, salada en mi lengua.
Él llamó. Invitó a Takako y su amigo para mañana. Yo brillaba de excitación, sorbiendo mi Carolan’s dulce y frío.
Al día siguiente, tras el ofuro, agua caliente envolviendo mi cuerpo imberbe, salí temblando. Me puse la robe noire: finas tiras elásticas sobre tetas y vientre, dejando coño y pezones al aire. Manto de lobo encima. En la limusina, Sato conduciendo, bebí Carolan’s, hielo crujiendo, dulzor bajando por mi garganta. Llegamos a Shinjuku, neones parpadeando, olor a ciudad húmeda.
La noche explosiva en Choices
Subí al 20, pasillo alfombrado silencioso. Bajé por escaleras mecánicas, mirando vitrinas: un gordo con máscara masturbándose, un chaval eyaculando al verme. En mi sala, me quité el manto. Luces suaves, Yoshio en sombra.
—Muéstratelos, amor —dijo él.
Me subí al cubo de satén, robe negra pegada, nuca expuesta primero. Grupo afuera, silbidos, ‘¡Date la vuelta!’. Olor a polla excitada filtrándose. Me giré lento, perfil: culo redondo, tetas 90C cayendo suave.
Luego cara: nada bajo la robe, solo tiras. Coño liso, labios hinchados húmedos brillando, pezones rojos pintados duros. Jadeos afuera. Manos en sensors: el gaijin, Marc, tocándome. Guantes fríos rozando piel caliente.
—Ohhh… sí… —gemí, voz temblorosa saliendo por altavoz.
Sus dedos en mi clítoris, círculos lentos, jugos chorreando. Entró uno en coño, apretado, caliente. —¡Más! —grité, cabrándome. Multitud muda, pajas furiosas.
Me giré, ofreciendo culo. —Tócalo ahí —ordenó Yoshio.
Dedos abriendo nalgas, olor a mi excitación fuerte. Índice en ano, estirando, ardor dulce. Segundo dedo, follando lento. —¡Ahhh! ¡Joder, qué profundo! —chillaba, espasmos, sudor perlando espalda.
Orgasmo brutal, piernas flojas, desaparecí en sombra. Afuera, Takako abierta, un calvo follando su coño con condón, gruñidos, semen llenando látex.
Yoshio sonrió. —Perfecta, mi puta española. Mañana más.