Mi noche loca con el desconocido de ICQ: de la pantalla al sexo salvaje

Era una noche cualquiera, sentada en mi sofá con el portátil, navegando por ICQ. De repente, me llega una solicitud: ‘No muy listo pero polla gorda con cámara’. Me parto de risa. ¿Eso es tu carta de presentación, guapo? Le escribo. Quiero ver si es verdad eso de que eres un toro… o solo humo.

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Su perfil es un misterio. Sin edad, email falso, faltas de ortografía por todos lados. Pienso: otro que se subirá a su camión después de pajearse conmigo online. Pero describe su polla enorme, me invita a verla en NM. Umm… estoy un poco cachonda, ¿por qué no? Nada pierdo. Soy como la cabrita de Seguin, sin miedo al lobo.

El chat que encendió todo

¡Y vaya lobo! No muestra cara, pero su verga… Dios, gruesa, venosa, palpitante en la cam. ‘Muéstrame todo’, dice. Yo, obediente, le mando fotos frontales, traseras. Clips en vivo, me toco gimiendo bajito, ‘¿Te gusta, Hulk?’. Él gruñe, ‘Más, zorra, haz ruido de chupada’. Simulo con un condón lleno de agua, slurp slurp, me masturbo salvaje, piel sudada, olor a excitación en la habitación.

Se queja: ‘Tu producción es poca, la mía es top’. Le espeto: ‘¡Obseso, solo te interesa mi culo!’ Él: ‘Vieja puta, nunca pasarás al real’. Yo: ‘Si es para que me folles duro, no es cuestión de valor…’. Peleamos semanas, pero volvemos, bragas mojadas, calzoncillos hinchados.

‘Envíame tu tanguita con jugos por correo’, pide. ‘¿Tu nombre y dirección primero?’. ‘No te atreves’. ‘Tú no saltas el paso…’. ¡Y lo hice! Preparo el clip: me la quito, olfateo mi aroma almizclado, la froto en mi coño húmedo. Se la pela con ella en cam, chorrea semen caliente sobre la tela. ‘Ahora sí, huelo a ti’, dice jadeando.

Tenía que ser real. Él pensaba que era una ninfómana loca, yo un torturado en celo. Pero éramos más. Miedo a la realidad después de tanto cibersexo ultra real: chupadas virtuales, penetraciones que sentía en las entrañas.

Llego a su piso, botella de cava en mano. Corazón latiendo fuerte, braga empapada. Bebemos viendo clips en la tele, su voz grave –la oí solo una vez antes–, 1,90m de puro macho, cara no fea. Él ya me conoce entera. Me deslizo hacia él en el sofá, cava a medias.

Nuestras miradas se clavan. ‘Ven aquí’, murmura. Me subo a horcajadas sobre su vientre, falda corta arriba, botas de cuero rozando sus muslos. Su polla dura presiona mi pubis a través de la tela. ‘Joder, qué tiesa’, susurro, oliendo su sudor masculino, piel caliente.

Del sofá al éxtasis total

Le quito la camisa, lamo su pecho peludo, sabor salado. ‘Quítame el top’, digo. Sus manos grandes aprietan mis tetas, pezones duros como piedras. Gimo: ‘Ahh… sí’. Bajo la cremallera, libero esa bestia: venosa, cabezona, pre-semen brillando. ‘Chúpala’, ordena.

Me arrodillo, boca abierta, saliva cayendo. Glup glup, lengua alrededor del glande, olor fuerte a macho. Él gime ronco: ‘¡Coño, qué boca!’. Me folla la garganta, bolas contra mi barbilla, arcadas húmedas. ‘Para, me corro’, jadea. No, quiero más.

Me tumba en el sofá, arranca mi tanga. ‘Mira cómo chorreas’, dice metiendo dedos. Chapoteo, coño chupando sus falanges. Lamida salvaje: lengua plana en mi clítoris, succiona, ‘¡Sí, come me!’. Olor a sexo puro, jugos en su barba.

‘ Fóllame ya’. Me pone a cuatro, polla en la entrada. Empuja lento… ‘¡Joder, qué gruesa!’. Estira mis paredes, lleno hasta el fondo. Plaf plaf, cachetes contra sus caderas, sudor goteando. ‘¡Más fuerte, toro!’, grito. Cambiamos: yo encima, rebotando, tetas saltando, sus manos en mi culo.

Gime: ‘Me aprietas tanto…’. Acelero, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Él: ‘Dentro, sí’. Chorros calientes inundan mi coño, piernas temblando, beso sucio con lengua.

Agotados, piel pegajosa, olor a semen y sudor. ‘Volveremos’, susurra. Sonrío. Realidad mejor que el sueño.

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