Era un sábado normal con mi novio del momento, Marcos. Hacíamos compras en la galería. Él fue a por cosas de deporte, yo al vivero por tierra y semillas. Quería hacerme un jardín, ¿sabes? Inventarme una amiga verde.
Y ahí la vi. Inclinada, removiendo tierra. En estos sitios nunca hay nadie para ayudarte, la gente vaga como zombis. Me acerqué: «Disculpa, señorita, busco…».
El encuentro que lo cambió todo en la galería comercial
Me contestó gruñona, sin mirarme. Pensé: «Vaya, qué antipática». Al final se ocupó de mí. Una chica normalita, nada glamorosa, manual, tocando la tierra con placer. Me caía regular, mirada esquiva, nerviosa. Quizás mis ropas la intimidaban, iba ‘a la moda’ por Marcos.
Pero cuando nuestros ojos se cruzaron… ¡pum! Se clavaron. Hablaba de plantas, pero sus ojos en los míos. Yo preguntaba más, para no parar. Sonreía, ojos brillantes. ¡Era una castañita adorable! Quería besarla, decirle que la amaba. Pero no, había que esperar.
Si has estado enamorada, sabes. Pasa así, de golpe. Amor infernal, compartido al instante. Me sentía ligera, eufórica.
Vino un cliente viejo, lo miré asesina. Ella lo despachó rápido y volvió. ¡La adoraba! Hablábamos de plantas como excusa, solas en el mundo. Corazón latiendo fuerte. Retrasaba irme. Mi boca formó ‘Te quiero’, no lo dije, pero lo pensó. Su mano en mi brazo… ¡electricidad!
Marcos esperaba. Última mirada: ‘Volveré, confía’. Sus ojos brillaban de alegría.
En el coche: «¿Qué te pasa? Estás rara». Sabía algo había pasado, pero no todo. La radio: ‘…Tengo que mejorar, lo sueño aún…’. Soñaba con ella, su cara, labios, pelo castaño, lunar en la mejilla. Dije ‘Te quiero’ sin querer. «¿Qué?», gruñó él.
Llegamos, me conecté. Escribí a mi amiga lejana: larga carta de amor por esta puce nueva. ‘¿Se puede amar dos veces? Te quiero igual que a ella. Imagina nos tres, más que amigas…’. Envié justo cuando Marcos entró: «¿Otra vez en la compu? Sal, hace sol».
Follamos esa tarde, pero mi cabeza con ella. Simulé. En el orgasmo, vi SU cara.
Discutimos, se fue dando portazo. Me senté en la cama, zapeando, comiendo cacahuetes, nueces, helados. Me calmaba tragar, manos en pies.
Al día, Samira llamó. Vino, vio paquetes vacíos: «¿Y tu línea, Nora?». ¡Gracias, amiga!
Fui al vivero, la invité a salir. Su jefe me echó: ‘Nada de privado aquí’. Pero ella sonrió radiante. ¡Conexión!
Noche de pasión: lenguas, pies y crema chantilly
En la disco con Samira y sus tontas. Glosaban con copas. Samira olió lo nuestro, atacó a Marina. Habló de 11-S, palestinos, judíos. Marina palideció. Luego homos, lesbianas: ‘No son normales’, mirando viperina.
«¡Basta!», grité. Tomé su mano, salimos. «Eres una imbécil», le dije a Samira. Ella: «¡Mirad las lesbianas! Id a comeros los coños».
Lágrimas en sus mejillas. La abracé en la calle. «No llores, amor. Te quiero». La besé, lamí sal de lágrimas. Rió. Coche casi nos atropella.
La llevé a casa. Nos metimos en la cama vestidas, frío otoñal. Pero calor subió rápido. Ropa fuera…
Me encanta su fragilidad. Gauche, real. Piel suave, constelada de lunares. Voz grave, chillona. Todo perfecto. ‘Marina, te amo tanto… Tus gestos me vuelven loca’.
Jugamos: batalla de besos bajo sábanas. Encontré sus zonas. Bajé, lamí sus deditos de pies. Se retorcía: «¡Para, por favor!». Pero gemía, quería más. Olor natural, delicioso, no jabón. Me encanta crudo, urgente.
Ella me lamió pies, torpe al inicio. ‘¡Sí, así!’. Ondas de placer, insoportables, adoro sufrirla.
Nos pusimos 69. Su lengua en mi coño… ¡casi exploto! Respiraba mal bajo sábanas. Las quité, corrí como fuente. ‘¡Aaaah!’. Ella furiosa, lamiendo todo. Olvidé el suyo, pero di vuelta, chupé su clítoris hinchado, jugos dulces, salados. Dedos dentro, curvados. Gritó: «¡No pares, Nora! ¡Me corro!». Temblores, chorros en mi boca.
Sudadas, olor a sexo, riendo. A la cocina desnudas. Pastel chocolate. Unté en sus pezones morenos, lamí: crujiente, dulce. Ella Chantilly en mí: ‘¡Te como entera!’. Persecución, pegajoso por todo. Me atrapó en escaleras, devoró crema de mi coño.
De vuelta cama, charlamos, reímos. ‘¿Qué te gusto?’. ‘Todo, amor. Eres perfecta’.
Finde en brazos. Patines, caídas, risas. Luego, adiós. Yo viajo 3 semanas. Cartas a mano. Le regalaré móvil.
En avión, recuerdo esa canción… Pero ahora, sueño con su sabor, su olor, su ‘Te quiero’.