Mi Fantasma del Viol Consentido: La Noche que Cambió Todo con mi Mejor Amigo

No sé cómo llegamos a hablar de eso. Bueno, sí lo sé un poco. Era una noche normal, ¿sabes? Lo invité a casa, a Juan, mi mejor amigo desde… ¿la primaria? ¿El instituto? Ni idea. Siempre hemos sido uña y carne. Problemas de la escuela, padres, amores… todo. Nunca lo vi como otra cosa. Hablamos de todo, sin filtros, pero esa vez… la cosa se torció.

Habíamos bebido un par de copas, mordisqueado algo. Yo mencioné a mi amiga Marta, que tiene un tío diferente cada noche. Juan dijo que cada uno tiene sus deseos, y eso hace el mundo genial. Asentí, y zas, acabamos en sexo. Prácticas favoritas, lo que nos pone…

La Confidencia que Desató el Deseo

Yo lancé la pregunta primero:

—¿Tienes fantasías? ¿Deseos inconfesables? Sexo, eh, claro.

Juan se puso rojo como un tomate. Es panadero, pero listo de cojones. Se removió en el sofá, murmuró:

—Me gustaría… un trío.

—¿Dos tías para ti? ¡Bien hecho! —le guiñé el ojo.

—No… yo, una mujer y otro hombre.

Me quedé muda. Joder, sorprendente. Quería ver a una mujer gozar con otro y luego relevarlo. Y… ¿dejar que el otro lo tocara?

—¿Y tú… a él? Ya sabes…

—Sí, por qué no.

—¿Lo has hecho con un tío?

—No, casi una vez, pero soy tímido. Lo lamento.

Le dije que me lo contara todo, que no juzgaba. Luego me preguntó a mí.

Yo me sonrojé. Tenía uno, obvio.

—No… no tengo.

—¡Flor! ¡Dime!

Suspiré.

—Fantasmeo con… una violación.

Se rio suave.

—Muchas mujeres lo hacen. No es real, ¿eh?

—No, claro que no quiero que me violen de verdad. Pero la idea de un desconocido tomándome sin pedir permiso… me excita.

—Puedo arreglártelo. Un tío protegido, te da placer, pero no sabes quién ni cuándo.

Me dejó flipada. Dije que no. Encendí la tele, cambiamos de tema.

Pasaron años. Juan vivió su trío, no le moló. Yo, harta de tíos mediocres, lo llamé un día:

—Quiero que lo hagas. Ahora.

—¿Estás segura?

—Sí. Condiciones tuyas.

—Vale cuando yo diga, no preguntas nunca quién ni cuándo. Él se protege, te hace gozar.

—Hecho.

Colgó. Mi vientre se anudó. Excitación, miedo. Semanas paranoica en parkings, ascensores. Luego olvidé. Seis meses, cabreada. Seguía follando, pero nada serio.

La Noche de Placer Prohibido y la Revelación

Esa noche volvía del curro, estresada. Parking oscuro. Murmuraba insultos a Juan. De repente, olor fuerte, como cloroformo. Pañuelo en la boca, suave pero firme. Oscuridad.

Desperté con venda en ojos. Desnuda, piel erizada por el aire cálido. Oía crepitar velas, olía cera y vainilla. Manos y pies atados con cuero suave a la cama, piernas abiertas. Podía tirar, no dolía. Me habían lavado, olía a jabón fresco, limpio.

—¿Hay alguien?

Mano en mis costillas, cálida, suave. Salté.

—¿Quién eres?

Dedos en mi boca, labios en barriga. Chupé suave, saliva salada. Labios jugaban con ombligo, cosquilleo. Me relajé. Besos en pechos, lengua áspera en pezones. Gimeé, duros como piedras. Manos en cuello, vientre. Mordisquitos suaves.

Mano bajó, pubis rasurado —no suelo—. Dedos rozando labios hinchados, mojados. Olía a mi excitación, almizcle dulce. Jugó con clítoris, ondas calientes subiendo. Dedo entró fácil, caliente, resbaladizo. Imitaba con mi lengua. Otro dedo, estirándome, lleno. Bombeaba, chup chup húmedo.

Al borde, polla dura entró. Gruesa, venosa, llenándome. Empujones lentos, profundos. Piel sudada chocando, slap slap. Olía a sexo, sudor masculino. Gemí alto, contracciones. Me folló eternamente, roces en punto G. Explosión, jugos chorreando.

Luego caricias everywhere. Piel sensible, temblores. Olor a éter, pañuelo. Oscuridad otra vez.

Desperté en mi coche, vestida. Cinco horas perdidas. Dormí como muerta.

Al día siguiente, al curro flotando. Llamé a Juan:

—Gracias. Fue increíble.

—¿De qué?

—Anoche. Perfecto.

—Era la idea, no preguntes más.

Sonreí. Meses soñando eso. Luego conocí a un tío, nos casamos, hijos. Pero él me engañó. Divorcio, todo mío.

Juan siempre ahí. Una noche, niños dormidos, copas:

—¿Cansado de estar solo?

—Estoy aquí contigo.

—Gracias. Me veo fatal, cuarentona…

—Eres preciosa, Flor.

Silencio.

—Era yo.

—¿Qué?

—Esa noche. Yo.

Entendí. Lágrimas. Me besó.

—¿Desde cuándo?

—Siempre.

Reí. Lo abracé. Fue mi hombre hasta el final. Amor loco.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *