La ducha prohibida con mi mejor amigo: mi confesión más caliente

Chicas, no sé por dónde empezar… Ay, qué nervios contároslo. Soy Sofía, tengo 28 años, y mi mejor amigo Miguel y yo nos conocemos desde la uni, hace como diez años. Somos inseparables, nos contamos todo, nos hemos visto desnudos mil veces en la playa o piscinas, pero nunca… nunca ha pasado nada sexual. Hasta anteayer. Estábamos los dos solteros, haciendo deporte juntos en su casa grande. Él tiene piscina, gimnasio, todo. Llegué ayer, sudadas después de una randonnée dura. Él dijo: «Venga, a la ducha, y luego salimos a la ciudad». Le comenté que su baño de invitados tenía solo bañera, que iba a mojar todo. Y él, con esa sonrisa pícara: «Pues dúchate conmigo, y si quieres, te enjabono». Me miró, vi un brillo en sus ojos. Pensé medio segundo… «Vale, ¿por qué no?».

Entré en su baño, el vapor subiendo, agua caliente cayendo fuerte, olor a su gel de hombre, ese fresco con madera. Él ya desnudo debajo, cuerpo atlético, polla floja colgando natural. Yo con toalla grande alrededor. «¿Espero o entro?» dije juguetona. «Ven, que te enjabono como dijimos», respondió riendo. Me quité la toalla, piel erizada por el calor, pechos 90B firmes del deporte, mi pubis con pelitos bien cuidados, no rapado como una niña. La ducha italiana es grande, entramos fácil. Agua golpeando, caliente, relajante. Hablamos del día, riendo. Luego: «Date la vuelta, empiezo por la espalda».

Cómo empezó el enjabonado inocente

«Te enjabono, si no te gusta, paras, ¿ok?» «Ok, pero ve despacio». Tomó la pastilla, frotó suave mis hombros, bajó por espalda. Sus manos fuertes, jabón resbalando, olor cremoso mezclándose con sudor limpio post-deporte. Se agachó, enjabonó piernas, subió a culo. Dedos entre nalgas, limpiando todo, profesional pero… uff, sentí cosquilleo. «Todo bien?» «Sí, sigue». Enjuagó, dedos rozando ano, húmedo por agua, no por otra cosa aún. Me giré, nos miramos desnudos, sonrisas. Él semi-duro ya? No, flojo. «¿No te pone nada enjabonarme toda?» «Nah, solo te limpio bien».

Enjabonó brazos, luego pechos. Ahí cambió. Pasó pastilla lento, círculos en tetas, pezones endureciéndose bajo dedos. Titiló suave, dos veces, placer eléctrico bajando a coño. Respiré hondo, sonrisa mía más grande. «Tus tetas son increíbles» murmuró. «Tus manos también». Olor jabón dulce, agua salpicando, su piel cerca. «Cuidado, voy a enjabonar el coño. Si no, paro». «No, hazlo, quiero sentir cómo lo haces». Pastilla en pubis, pelitos mojados bajo dedos, labios sensibles. Sorpresa, surqué, calor subiendo. «¿Paro?» «No, solo sorpresa… Sigue, mi coño quiere más».

El clímax bajo el agua caliente

Manos suyas sensuales ahora, frotando labios, clítoris hinchándose. Gemí bajito, agua tapando ruido. «Cuando te tocas, ¿te frotas o metes dedos?» «Ambas, capitán. Hazlo tú». Encontró clítoris, círculos lentos, presión perfecta. Ondulé caderas, buscando más. Bajó dedo a entrada, húmeda no solo de agua, jugos míos salados. Dentro suave, masajeando paredes, arriba clítoris. «Tu clítoris es delicioso, coño suave… ¿Por qué me lo ocultaste tanto?» «No rías, hazme correr». Pellizcó pezones, suspiros míos ahogados por agua cayendo. Él endureciéndose, polla tiesa ahora, venas marcadas.

«¿Quieres dedo en culo?» Susurró al oído, aliento caliente. «Sí… Métemelo ya». Dedo corazón lubricado entró fácil, ano apretando, placer doble. «Suave tu culo». «No rías, fóllame con dedos, hazme correrme rápido». Alternaba: clítoris frotado fuerte, dos dedos coño estirando, llenándome. Respiración mía agitada, jadeos «Ah… sí… más fuerte». «Pon dos en coño». Entraron resbaladizos, bombeé duro. «Clítoris a tope ahora». Froté salvaje, ano pulsando alrededor dedo. «¡Siiiiii!» Grité, cuerpo temblando, olas placer explotando, jugos mezclados agua, olor sexo fuerte subiendo vapor.

Sonreí jadeante, lo miré. «Joder, qué bien me haces correr». Mané su polla dura, gruesa, caliente en mano. Pre-semen salado en dedo. «No te dejo así. Mira mis ojos mientras corres tú». Branqué rápido, otra mano huevos suaves, pulgares masaje. Agua golpeando, gemidos suyos graves. «Vas a correr… mírame». Aceleré, vi placer en ojos, polla palpitando, semen caliente salpicando mi vientre, bajando piernas con agua. «Eres precioso corriéndote». Ralenticé, solté suave. Nos miramos, sonrisas cómplices, corazones latiendo fuerte. «¿Y ahora?» «¿Nos besamos?» Agua seguía cayendo, pero todo había cambiado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *