¡Ay, amiga! No sabes lo que me pasó ayer. Bueno, hace unos días. Estaba yo en casa con Gabriel, mi chico, sabes, el que parece mi padre pero me vuelve loca. Lo tenía atado arriba en la mezzanine, brazos en esposas colgando, piernas abiertas con una barra, ojos vendados y la boca con un bozal. Su polla tiesa, oliendo a lubricante y sudor. El aire pesado, como cargado de sexo.
Tocaron a la puerta. Era Philippe, el vecino que bricola solo en su casa nueva al lado de la playa. Le pedí una tenaza cortante, ¿sabes? Para el pretexto. Volvió con ella y le dije: ‘¿No tienes algo más grande?’. Se rio un poco, pero se fue. Minutos después, volví a llamar. ‘No puedo, no soy lo bastante fuerte. ¿Vienes?’. Dudó, miró su short sucio de pintura, oliendo a hombre trabajando. ‘¿Tu novio no está?’, preguntó. ‘Sí, pero no puede. Ven, porfa’.
La sorpresa con el vecino bricoleur
Entramos. Oscuridad suave, cortinas echadas. Lo vio: Gabriel desnudo, expuesto, gimiendo bajito. ‘La llave está atascada’, mentí. Philippe se acercó, oliendo a jabón de su ducha reciente, fuerte, masculino. Me puse detrás de él, mi aliento en su oreja. ‘¿Te choca?’, susurré. ‘No’, dijo seco. Mi cuerpo pegado a su espalda, tetas duras contra él. ‘¿Has probado esto?’, pregunté. ‘No así, más suave, con mi mujer atada’. ‘¿Patricia? ¿No está aquí? ¿Qué diría si supiera?’.
‘Nos contamos todo, somos libres’, contestó. Mi mano ya en su short, bajándolo. Su polla saltó, gruesa, venosa, oliendo a hombre excitado. ‘Desde la playa soñamos contigo. Tu verga obsesiona a Gabriel’. Lo empujé hacia él. Manos en su piel suave, culito redondo. Capote en su polla, lubricante fresco. Empujé. Su glande abrió el ano de Gabriel. ‘Ummmph’, gimió él por el bozal. Entró lento, apretado, caliente. Yo me arrodillé delante, chupando a Gabriel, sintiendo los empujones de Philippe a través de su cuerpo.
Philippe follaba fuerte, ‘clap clap’ de carne contra carne, sudor goteando. Olor a sexo, a lubricante, a pollas calientes. Gabriel bababa por el bozal. Philippe jadeaba: ‘Joder, qué apretado’. Se corrió, quitó el capote, leche espesa en las nalgas de Gabriel, chorreando. Yo hice correr a Gabriel en mi boca, besándolo luego, pasándole su propio semen, salado, viscoso.
Bebimos algo. Le conté el engaño. Él nos habló de Patricia, su mujer abierta, retirado él, ella viene en julio. Se fue, pero llamó a ella esa noche, se lo contó todo. Tres días después, llegó Patricia. La invité. Joven parezco, 28 años, tetas pequeñas firmes, coño rasurado. Ella madura, curvas jugosas. Jugamos a los pasteles: uno da poder dos horas.
El intercambio explota con su mujer
Philippe lo sacó. Susurró órdenes. Yo la besé, labios suaves, lengua dulce. Hombres detrás, desnudándonos. Piel contra piel, carne de gallina. La tumbé en el sofá, dedos en su coño húmedo, chorreante, olor a excitación femenina. ‘¡Ahhh!’, gritó cuando lamí su clítoris hinchado, succionándolo. Tres dedos dentro, ano rozando. Se corrió, jugos en mi boca, agrios, calientes.
Luego, pollas en sus manos. Yo chupé clítoris mientras follaba sus agujeros con dedos. Ella branlaba las dos vergas, comparándolas. Gemía: ‘¡Sí, sí!’. Chorros de placer. Después, a cuatro patas chupando a Gabriel. Lengua en huevos, salados, sudorosos. Boca profunda, ‘glug glug’, saliva chorreando. ‘¿Quieres correrte en mi boca?’, pregunté. ‘Sí’, gruñó. Leche espesa, burbujeante, tragué mostrándola primero, obscena.
Lucie chupó a Philippe, nos besamos compartiendo semen. Pausa, cena. Nuevos pasteles. Lucie gana. Vendo ojos de Philippe, Gabriel lo hace arrodillar, polla en su boca. Lamía, chupaba, polla endureciéndose. Atado arriba como Gabriel antes. Lucie en su polla, empalándose, coño estrecho apretándolo. Gabriel lamió su culo, luego folló. ‘¡Ah!’, gritó Philippe. Empujones transmitidos, follando a Lucie a través de él.
Yo llevé a Patricia a otra habitación: tres tíos mirando en tele el show. Pollas duras. Ella las tocó, chupó una branlando otras. Volvimos. Ella se folló dos: coño y culo, llena, gritando ‘¡Sí, sí!’. Philippe vio todo al caer venda. Yo lo enculé con otro, Patricia chupándolo. Se corrió eterno, leche en su boca, besándose luego.
¡Dios, qué noche! Días cortos bricolando, noches largas de sexo salvaje. Vendrán más vacaciones…