Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Estaba haciendo senderismo sola por la montaña, era un mediodía de verano asfixiante, sudando como loca bajo el sol. El aire olía a pino y tierra seca, mi camiseta pegada a la piel, los pezones duros rozando la tela. De repente, veo este lago abajo, azul oscuro, tentador. Bajo por el sendero, el corazón latiendo fuerte, pensando en meterme desnuda, fresca.
Llego a la orilla, dejo la mochila, me quito las botas… uf, los pies ardiendo. El agua… helada, me eriza la piel al tocarla con los dedos. Miro alrededor, niebla ligera flotando, nadie. Me desnudo rápido, el sol calienta mis tetas pesadas, el coño ya húmedo de la excitación del aire libre. Me siento en una roca, piernas en el agua, gimo bajito por el frío subiendo por mis muslos.
La Llegada al Lago y el Primer Encuentro
Entonces lo veo. Un tío sentado ahí, desnudo, con la polla medio tiesa. Me sumerjo, nado lento, el agua mordiendo mis pezones, chapoteos suaves. Emerjo cerca, él me mira fijo. ‘¡Hola! ¿No nadas?’, le digo sonriendo, voz juguetona. Él tartamudea: ‘¡Hola! Sí, pero está fría…’. Río fuerte, dientes blancos, ‘¡Qué va, es un gustazo!’.
Nado alrededor, hago la plancha, mis tetas flotando como boyas, la brisa secando mi mata de pelo pubiano. Él se pone duro, lo veo, polla gruesa apuntando. Me acerco, agua hasta la cintura, manos en sus rodillas frías. ‘¿Me dejas…?’, susurro, ojos en los suyos. Él asiente mudo. Toco su verga, piel suave, venas pulsando, caliente contra mis dedos helados.
La acaricio despacio, arriba abajo, olor a hombre sudado mezclándose con el lago. Me mira con lágrimas, gime ‘Ahh…’. Me inclino, la meto en la boca, salada, dura, lengua girando el glande. Chup chup, succiones húmedas, saliva goteando. Él agarra mi pelo mojado, ‘Más lento… sí, así’. Gimo con la boca llena, vibrando en su polla.
‘¿Por qué haces esto?’, pregunta jadeando. Saco la verga, brillante de saliva, ‘Porque me encanta, ¿no te gusta?’. ‘¡Sí, joder!’. Río, vuelvo a chupar voraz. Luego lo empujo, me apoyo en la roca, culo al aire. ‘Fóllame’, le ordeno. Él se mete, fácil, mi coño chorreando. Agua chapoteando con cada embestida, ‘¡Plas plas!’, pechos balanceándose, frío en los muslos, calor dentro.
Gimo alto, ‘¡Más fuerte! ¡Sí, cabrón!’. Él me agarra las caderas, piel resbaladiza, olor a sexo crudo. De repente, oigo pasos. Dos chavales, rubios, jóvenes, mirándonos boquiabiertos. Yo giro la cabeza, sigo follada, ‘Venid, chicos…’. Les hago gesto, ellos dejan mochilas, se acercan sonrojados.
La Orgía Descontrolada con los Randonneurs
‘¿Qué pasa aquí?’, dice el rizado, short abultado. ‘Nada, venid a jugar’, respondo, mano en sus piernas. Bajo el short del primero, polla arqueada salta, dura como piedra. La masturbo, ‘Mmm, qué rica’. El otro igual, dos vergas en mis manos, glande rosados goteando pre-semen salado. Sigo con el primero dentro, embestidas brutales, tetas rebotando.
Me arrodillo un poco, chupo una, luego la otra, ‘Glup glup’, bolas en la boca, olor almizclado. ‘¡Joder, qué puta!’, gime el de pelo en cepillo. Río con la boca llena, saliva por barbilla. El de atrás acelera, ‘Me corro…’. ‘¡Dentro no, en mi cara!’, pero él sale, chorros calientes en mi espalda.
Llega otro, cincuentón, desnudándose riendo. ‘¡Haced sitio, esta es una golosa!’. Se sienta en la roca, me pone a horcajadas, polla en mi culo, apretado, dolor-placer. ‘¡Ayy!’, grito, pero empujo. El primero vuelve a mi coño, doble penetración, testículos chocando, ‘¡Plaf plaf!’. Los chavales a los lados, chupándolos alterno, lengua en uretra, sabor salado.
‘¡Es una puta insaciable!’, grita el viejo, manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Gimo, ‘¡Sí, folladme más!’. Agua helada subiendo, piel de gallina, sudor salado en labios. Uno de los chavales se corre primero, semen espeso en mi pelo, olor fuerte. ‘¡Traga!’, el otro en mi boca, glup, amargo caliente bajando garganta.
El viejo bombea mi culo, ‘¡Me vengo!’. Chorros dentro, resbaloso. El primero en mi coño, orgasmo mío explotando, ‘¡Aaaah, síii!’, contracciones, jugos mezclados con agua. Me suelto, nado un poco, cuerpo cubierto de semen secándose al sol. Les miro sonriendo, ojos agradecidos. ‘Gracias, chicos…’. Nado lejos, niebla me envuelve, desaparezco.
Ahora, cada verano vuelvo, irregular, al lago. Soy la Dama del Lago, nadie sabe mi nombre, de dónde vengo. Solo placer, deseo puro. ¿Quién soy? Shh, un misterio… pero el placer es real, chicas, os lo juro.