Confidencia Íntima: Mi Noche de Sexo Salvaje con el Hermano Brodsky en la Logia Olímpica

¡Ay, chicas! Aún tengo el cuerpo temblando… Acabo de volver de la logia, y no puedo callarme. Soy Lilas, 27 años, piel morena suave como la seda, curvas que vuelven locos a los hombres. Descendiente de Afrodita, dicen ellos. Y anoche… uf, anoche fue una locura con el nuevo hermano, Simon Brodsky.

Todo empezó en esa sala luminosa, con ese Ojo Coquín mirándonos desde arriba. Yo llevaba mi vestido transparente, pegado al cuerpo, mis pezones duros asomando, el olor de mi perfume almizclado flotando en el aire. Cyrielle, con su velo blanco vaporoso, tetas pequeñas pero firmes, y Démonia en látex negro, culo redondo perfecto, crin rubia hasta las nalgas. Brodsky en el centro, máscara quitada, ojos brillantes de deseo.

La Ceremonia y el Elegir Prohibido

—Escoge, hermano Brodsky —dijo Radagast, con esa voz grave que retumbaba—. Una de nosotras te guiará en el amor un año entero.

Cyrielle fue primera, voz dulce como miel:

—Cógeme a mí, Brodsky. Te daré amor tierno, caricias suaves, mi coño virgen apretándote despacio…

Yo la miré, mordiéndome el labio. Eh… virgen, dice. Ja, pero sus ojos decían otra cosa. Luego Démonia, tacones clavándose en el suelo, látigo en mano:

—Arrodíllate, esclavo. Mi fouet te hará gozar en el dolor. Te montaré hasta que supliques.

Su olor a cuero y sudor me excitó. Y yo, acercándome, rozando su brazo con mis tetas:

—Ven conmigo, Brodsky. Mi lengua en tu boca, mis uñas en tu espalda, mi coño chorreando por ti. Hazme tuya…

Le susurré al oído, mi aliento caliente: —Tienes una polla enorme bajo la túnica, ¿verdad? Siente cómo palpito por ti.

Él dudó, pero luego… ¡boom! Levantó la mano:

—Elijo a las tres.

El silencio, luego aplausos locos. El Ojo Coquín parpadeó, como aprobando. Nos miramos las tres, cejas alzadas. ¿Las tres? ¡Mierda, esto iba a ser épico!

Nos lo llevaron a la cámara secreta, velas parpadeando, incienso con aroma a jazmín y sexo. Lo desvestimos lento. Sus manos temblaban tocándome las tetas, pezones duros como piedras bajo sus dedos ásperos. Olor a su sudor masculino, fuerte, adictivo. Cyrielle le besó el cuello, yo bajé a su polla… Dios, era gruesa, venosa, cabeza hinchada brillando de precum. La lamí desde la base, lengua plana, sabor salado, gruñí:

—Mmm, qué rica… Mira cómo te empalo la boca.

Démonia le azotó el culo suave: ¡Plaf! —Obedece, pero goza.

Él jadeó: —¡Joder, Lilas… chúpame más profundo!

La tragué entera, garganta apretando, saliva chorreando por mi barbilla. Sonidos húmedos, glup glup, sus gemidos roncos llenando la habitación. Cyrielle se frotaba contra su muslo, coño mojado dejando rastro brillante.

El Trío de Placeres Olímpicos

Lo tumbamos en el altar de mármol frío. Yo me subí primero, a horcajadas. Su polla rozando mi entrada, labios hinchados, clítoris palpitando. Bajé despacio… ¡Ahhh! Entró estirándome, sensación de plenitud ardiente. Olor a mi jugo mezclándose con el suyo.

—Fóllame, Brodsky… ¡Sí, así!

Rebotaba, tetas saltando, slap slap de mi culo contra sus huevos. Él agarraba mis caderas, uñas clavándose, dolor placentero. Cyrielle se sentó en su cara:

—Lámeme, hermano… mi coño dulce para ti.

Él lamió ansioso, ella gemía agudo: —¡Sí, lengua dentro! Démonia nos azotaba alternas, fuego en la piel.

Cambié posición, perrito. Él detrás, embistiéndome fuerte, polla golpeando mi punto G. Sensación de olas crecientes, sudor goteando por mi espalda, su pecho pegado. Olor a sexo puro, intenso. Démonia debajo, lamiendo mis tetas, mordiendo pezones.

—Tu coño aprieta delicioso, Lilas —gruñó él.

—Más duro… ¡me corro!

Explosión, jugos salpicando, cuerpo convulsionando. Él no paró, sacó y entró en Cyrielle, misionero tierno al principio, luego salvaje. Ella chillaba:

—Eres un dios… lléname!

Démonia lo montó a la inversa, culo rebotando, ano guiñando tentador. Él metió un dedo, ella aulló de placer. Yo besaba su boca, saboreando el coño de Cyrielle en su lengua.

—Ahora todos juntos —jadeé.

Lo pusimos de lado, yo delante chupándolo, Cyrielle su polla en coño, Démonia dedo en mi culo mientras me lamía. Ritmo frenético, gemidos coro: ah, oh, sí, fóllame…

Él rugió: —¡Me vengo!

Chorros calientes en mi boca, tragué golosa, resto salpicando tetas de todas. Colapsamos, pieles pegajosas, respiraciones agitadas, olor a orgasmo flotando.

—Habéis sido perfectas —murmuró él, acariciándonos.

Nos miramos, sonrisas cómplices. Un año así… uf, chicas, si entráis en la logia, pedid el trío. Nunca olvidaré su polla, sus gemidos, ese éxtasis olímpico. ¿Queréis más detalles? Preguntad…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *