Ay, amiga, si supieras lo que me pasó anoche con Helena… Acababa de cerrar la tienda de lencería, ‘Amor de Mujer’, y la invité a mi taller para probar el conjunto que le cosí. Estaba nerviosa, ¿sabes? Su piel suave, esos ojos… La vi entrar, con esa sonrisa pícara. ‘Ya cerré, estoy lista para ti’, me dijo riendo. Le pasé el conjunto: un slip que se hundía perfecto en su entrepierna, un sujetador que apenas contenía sus tetas redondas.
Me arrodillé para ajustar, mis dedos rozando su piel cálida, oliendo su perfume mezclado con sudor ligero del día. ‘Gírate, por favor… Un poquito más…’, le pedí, devorándola con la mirada. Sus nalgas firmes, el tejido tenso marcando curvas. Se sentía tan bien que no quería quitárselo. Al levantarme, ¡zas! Sus manos en mis caderas, y un beso suave en los labios. Humedad en mi boca, su lengua tímida probando la mía. ‘Permíteme agradecerte…’, murmuró, abriendo botones de mi blusa.
El ensayo que encendió la chispa
Sus besos en hombros, caricias en mi pecho. No resistí. Bajó mi falda, mi media hasta los pies. Sus dedos en mis piernas, fríos al principio, luego calientes. Boca en mi pubis, a través del slip húmedo. ‘Ven…’, me ordenó. Me senté, temblando. ‘Quítate el sujetador’. Lo hice, pudorosa, mis pezones duros. Me tumbó en el suelo, labios en mis tetas, mordisqueando. Mano izquierda en mi coño, frotando. Luego, adentro: dedo entre labios, al clítoris. ‘Ahhh… sí…’, gemí. Minutos eternos, su aliento caliente, olor a sexo mojado. Exploté en un grito, cuerpo arqueado, jugos chorreando.
Ella se levantó, sujetador tenso por sus tetas hinchadas. ‘La próxima, tú me harás gritar’. Me abrazó, su humedad contra mí. Dos mujeres locas por follar.
Placeres compartidos en mi apartamento
Días después, la invité a mi piso. Vestida con un pantaloncito y caraco, piel dorada al aire. Ella, falda negra, collant satinado, pull que quitó pronto, sujetador de encaje negro. Vino dulce, confidencias. ‘¿Has follado con tíos?’, le pregunté. ‘No, me asustan. Me toco sola. Contigo descubro esto…’. Nos besamos, lenguas enredadas, sabor a vino y deseo.
‘¡Tumbada boca abajo!’, le dije. Besos por espalda, nuca a culos. Ronroneaba, ‘Mmm…’. Quité falda, collant despacio, nylon rasgando suave. Manos everywhere: nalgas apretadas, hombros suaves, muslos internos. Me tumbé encima, manos bajo tetas, pellizcando pezones. Se retorcía.
La giré, quité sujetador. Tetas erguidas, vientre caliente. Besos profundos, chupando areolas, dedos en pezón. Bajé slip, pubis oscuro en piel blanca. Rodillas entre piernas, boca en clítoris: salado, húmedo, caliente. Lengua dentro, manos arañando culos. ‘¡Dios… no pares!’, gritó. Intensidad up, hasta su orgasmo: temblores, gritos ahogados, jugos en mi cara. Me acurruqué en su pecho jadeante, durmiendo oliendo su sudor dulce.