Confidencia caliente: mi orgasmo prohibido en la librería de cómics

¡Ay, amiga! No sabes lo que me pasó el otro día… Estaba con mi marido en ese nuevo centro comercial, tan vacío, y entramos en una librería de cómics preciosa. Parquet oscuro, luces tenues, olor a papel nuevo y tinta fresca. El dueño, un tipo maduro pero guapo, con ojos que te desnudan. Le pedimos consejos para un regalo infantil, pero yo… yo no podía quitarle los ojos de encima.

—Hola, ¿podría recomendarnos algo? —le dije, acercándome. Su voz grave me erizó la piel. Hablamos de series, Tintin, Asterix… pero mis ojos bajaban a su boca. Mi marido distraído con los libros. Al final, compramos un montón, pero yo vi unos cómics eróticos: Manara y Djinn. Se los pedí aparte, bajito: —Guárdemelos, vengo sola esta semana.

La llegada al paraíso de los cómics

Él sonrió, cómplice. Olía a café y hombre. Me fui con el corazón latiendo fuerte, imaginando…

Días después, 10 de junio, temprano. Entro sola, tienda vacía. Busco los libros en la trastienda… y ¡zas! Lo sorprendo leyendo. Café por todos lados: libros arruinados, él empapado. —¡Mierda! —grita, furioso. Yo roja como un tomate.

—¿Qué haces aquí? ¡Es privado! —me regaña, voz ronca. Huele a café caliente, sudor nervioso. Me siento culpable, pequeña, excitada por su enojo. —Lo siento… déjeme ayudar.

Saco pañuelos, me agacho a limpiar. Mi falda gris ajustada sube un poco, siento el aire fresco en las nalgas. No llevo bragas, ¿sabes? Solo por morbo ese día. Él se quita la camisa mojada, torso fuerte, músculos tensos. Cierro los ojos un segundo, oliendo su piel salada.

Vuelve, cierra la tienda. —Tienes una mancha en el zapato —dice, arrodillándose. Su mano en mi tobillo, suave, sube despacio por la pantorrilla. Piel erizada, cosquilleo eléctrico. No me muevo. Su mirada clavada en la mía, verde intenso contra mis ojos.

El clímax en la trastienda prohibida

La mano sube, bajo la falda. Toca mi nalga desnuda, firme. —¡No! —susurro, pero piernas temblando. Segunda mano en la otra nalga, aprieta, separa. Jupe arriba, mi coño rasurado a la vista, húmedo ya. Huele a deseo, a mi excitación dulce.

Su boca… ay, Dios. Se pega a mi pubis, besa suave. —No, por favor… no aguanto —gimo. Pero abro piernas. Lengua lame mi clítoris, caliente, húmeda. Chupetea, gira alrededor. Grito ahogado, manos en su pelo. Sabor salado en su boca, mi jugo chorreando.

—Anne… mírame —dice. Empuja dedo en mi ano, lento. —¡Haaa… despacio! —suplico, rictus de placer-dolor. Lengua en clítoris, chupando fuerte, dedo entrando phalange a phalange. Otro dedo en mi coño, resbaladizo, follando suave. Olor a sexo, sudor, café viejo.

¡Exploto! Piernas flojas, grito ronco: —¡Sííí! Pierdo el control, cyprine por su cara, dedos. Me lame todo, limpia. Me siento en el pouf, temblando. Lágrimas… primera vez infiel, primera vez anal. —Amo a mi marido… pero tú… me has vuelto loca.

Él sonríe, polla dura contra pantalón. La toco, enorme. —Vete ya, o no respondo —dice. Salgo corriendo, falda arrugada, coño palpitando. Olvido los cómics… ¿Volveré? El deseo quema aún.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *