Eh… no sé por dónde empezar, pero… acabo de volver de lo de anoche y tengo que contártelo. Soy Josiane, la de los agricultores del pueblo, ya sabes, la delgada morena con gafas gruesas como fondos de botella. En el instituto, todos se reían de mí: la barbuda, la peluda, la fea. ‘¡Ni borracho la besaría!’, decían en el vestuario. Yo calladita en mi esquina, sin amigas, sin novio. Pero mira, ahora tengo 27 años, sigo con mis gafas, mi bigotito leve, mis pelos por todos lados… y anoche follé como una diosa con Thierry, el mismo que me pinchaba más.
Todo empezó hace una semana en la tienda de prensa. Farfullaba entre revistas de punto cuando… ‘¡Hola Josiane!’. Era él, Thierry, el que volvió del sur. Le hice la bise, primera vez en la vida. ‘¿Cómo estás? ¿Sigues por aquí?’, preguntó. ‘Sí, tengo un taller al lado de la iglesia, resto obras de arte’, le dije. Se interesó, hablamos de Martini en la terraza. Sus ojos bajaban a mis tetas grandes, que se notan bajo la blusa fea. Le invité a casa, ‘por la camaradería de antes’. Él solo una vez me ayudó con la moto…
El reencuentro inesperado
Apareció esa noche. Mi taller es un desastre: virutas, buriles por el suelo. Olía a madera y a mi sudor del día. Subimos a la cocina, bordello total, luz tenue. ‘¿Qué te sirvo? Martini o Martini, no bebo alcohol’, dije. Se sentó frente a mí, silencio pesado. Lo veía incómodo, pensando en las burlas de sus amigos. Yo lo miraba fijo, detrás de mis gafas. ‘No hablas mucho…’, le pinché. ‘Perdona, día duro’. Sonreí. ‘Tengo mucho que decirte. Siempre me gustaste, eras mi fantasía en la adolescencia’.
Se puso rojo como un tomate. Serví más Martini. ‘Quieres comer o… hacer otra cosa?’, pregunté directa. ‘Lo que tú quieras’, balbuceó. ‘Lo que quiero es follar contigo. ¿Tú quieres?’. ‘Eh… quizás a tu cuarto’. Me reí, ‘¡Los tíos son complicados! Vamos’. En la cama, bum, fuego puro. Besos salvajes, nos arrancamos la ropa. Sudor mío fuerte, mezcla de axilas calientes, coño húmedo, sin perfume. Él olfateó, ‘Hueles… increíble’. Sus manos en mis tetas puntiagudas, yo en su polla dura como hierro.
Le chupé los sobacos peludos, salado, él gime ‘Joder…’. Bajé a su verga, la lamí entera, bolas sudadas en mi boca. ‘¡Si supieras cuántas veces me masturbé pensando en ti!’, le dije mientras me comía el coño. 69 perfecto: su lengua en mi mata negra y espesa, yo engullendo su tronco grueso. ‘¡Qué pelos, qué sabor!’, gruñe. Mi jugo le chorrea la cara, él traga todo. Yo exploto primero, grito ahogada, él eyacula en mi garganta, leche espesa y caliente que me bebo hasta la última gota.
La noche de sexo desenfrenado
Dormimos abrazados, piel pegajosa. Medianoche, lo despierto: ‘Quiero que me folles fuerte’. Desliza su polla en mi coño empapado, sin condón aún. ‘¡Mira cómo entra en mi bosque!’, digo. En misionero, me aprieta los pezones, los estira, duele rico. Cambio a perrito: ‘¡Fuerte, como a una perra! ¡Siente mi coño apretándote!’. Golpes de cadera, plaf plaf, olor a sexo crudo, sudor goteando. ‘¡Me encanta tu polla gorda! Ahora… en el culo, porfi’. Él jadea, ‘¿En serio?’.
Al amanecer, lo preparo. Lubriqué su dedo en mi ano peludo, lo mete despacio. ‘¡Qué cochino, lame mi culito primero!’. Lengua caliente en mi roseta, cosquilleo loco. Luego su verga, lenta, ‘¡Ahhh, lléname!’. Me masturbo el clítoris, tetas balanceándose. Acelera, yo gozo temblando, ‘¡Sííí, rómpeme el culo!’. Él sale, quita condón, se pajea sobre mis gafas. ‘¡Córrete en ellas!’. Chorros calientes en los cristales, le exprimo la verga con la lengua, saboreo todo.
Desde entonces, follamos a diario. Yo natural total: ducha rápida, bragas de algodón del súper, vaqueros holgados. No me maquillo, no epilo. Pero en la cama… soy una fiera. Él dice que soy la mejor, olvidó a sus ex. Quiere casarse, pero yo quiero mi independencia, mi bordello. Aún así, casi exclusivo, nos vemos cada noche para follar como animales. ¿Quién iba a decir que la fea Josy sería su adicción?