Mi portátil zumba bajito en la penumbra. No quiero despertar a mi amor en la habitación de al lado. Solo llevo unas braguitas finas, y mi mano se desliza entre mis piernas, suave, recordando… Esta confidencia es sobre nuestra primera noche juntos. Aún siento el calor.
Siempre he sido una tía abierta al sexo, de esas que vibran con el deseo puro. Tenía 24 años, curvas generosas, culo que ondula como pecado, tetas pesadas como frutos maduros, vientre suave que invita a hundirse. Él era un chaval de 20, tímido hasta el pudor, saliendo con Manu, mi amiga morenita y menuda.
Cómo un chico tímido entró en mi vida
Manu y yo éramos de la misma promo en la uni. Su rollo con él iba mal, puro sexo frustrado. Aún vírgenes después de meses, intentos fallidos de follar, él eyaculando en los pantalones, ella gimiendo con mi lengua… eh, no, con la de él. Yo lo sabía todo. Mi cuerpo gritaba madurez, independencia, pero él me miraba con ojos hambrientos.
‘¿Por qué no se lía contigo?’, me dijo Manu una vez, celosa. Rompieron en drama. Yo consolándolo, cafés, risas. Nuestros ojos se cruzaban… fuego.
Dos días después, en mi pis compartido en las afueras, bajera propia abajo. Ponemos música, té, charlamos de profes. Me levanto a mear cada rato, nerviosa, riendo. Silencio cae. Nos miramos.
‘Creo que estoy enamorada’, digo bajito.
‘¿De quién?’
‘¿Tú qué crees?’
‘Mí también, Nadia. Locamente.’
Me lanzo, beso suave, labios carnosos contra los suyos. Lenguas danzan, salvajes. Él debajo, yo encima, a cuatro patas. Sus manos en mi espalda, bajan a mis caderas… ¡al fin en mi culo! Firme, redondo, lo aprieta. ‘Quiero tus manos por todo mi cuerpo…’, susurro en su oreja, mordisqueando.
Sus dedos hábiles desabrochan mi sujetador bajo la camiseta. Se me hinchan los pezones. Me siento en su vientre, siento su polla dura contra mi culo. La rozo, él gime.
‘Quítame la camiseta’, pido. Sus tetas libres, asimétricas, perfectas. Las chupa, lame, succiona fuerte. ‘¡Ay, sí! Más…’
Nos rodamos, él encima. Besos en cuello, axilas suaves, ombligo. Manos en muslos, roza mi entrepierna. Jeans húmedo. Huele mis dedos. ‘Me encanta tu olor… salvaje, de deseo.’
Ondulo bajo sus masajes. ‘Para, me da corte…’
La noche que nos devoramos sin límites
‘No, quiero comerte entera.’
Desabrocho jeans, zipper baja lento, mi vientre sale, mullido, caliente. Pelo oscuro bajo encaje blanco. Lo beso, sabroso a especias. Mano dentro, muslos sudados, coño chorreando a través de bragas.
Las bajo, jeans fuera. Desnuda, piernas abiertas. Raie peluda, coño ancho, labios morados, jugoso. Dedos en grieta, pulgar en clítoris escondido, entra en mi chocho. ‘¡Ohhh!’ Gimo, lo absorbe.
Saco mano blanca de crema, pruebo: musgo, amargo dulce. Levanta piernas, rodillas al pecho. Ano expuesto, lo beso, lamo. Subo a coño, lengua ancha lame todo. ‘¡Joder, qué bien!’
Grito, agarro su pelo. Lengüetazos rápidos en clítoris. ‘¡Me corro! ¡Sí, me corro fuerte!’ Temblores, chorro en su cara.
Me repone, besa mi torso. Mano en su paquete. Desabrocho, polla sale, curva, brillante. Lengüetazos en huevos sudados. ‘Vas a correrte ya…’
‘¡Me encantaría!’ Labios en frein, succiona suave. Eyaculo en barriga, chorros calientes.
Limpio, aún dura. Capote del cajón. Me monto, froto glande en labios, empalo despacio. ‘¡Oh sí!’ Cabalgo, él aprieta nalgas. ‘¡Amo tu cuerpo, tu coño, tu culo!’ Corro otra vez, él conmigo.
Noche en vela, besos, charla, más sexo. Oscuridad, bajo sábanas: ‘Chúpamela.’ Boca tierna, mano suave. Me corro en su boca. ‘Estás dulce.’
Amanecer, nuisette satinada, él detrás, polla en raie. ‘Hay algo duro en mi espalda.’
‘¿Qué será?’ Me cacho, froto culo. A cuatro patas, capote, levrette salvaje. Manos en tetas, embiste. ‘¡Gime!’ Me corro no, pero él sí, profundo.
Han pasado años. Dos niños, vivimos juntos. Sigo gorda de curvas, él me adora. Follando por casa, dedos en ano me hacen explotar. Esta mañana, rápida: lo monto, corro, él se corre en mi cara. ‘¡La próxima te limpio con lengua!’
Él publica esto online. Imagino lectores tocándose… me excita.