Confidencia caliente: Mi noche loca con Isabelle en el restaurante y su cama

El restaurante está genial, pero un jaleo tremendo, sobre todo desde que las chicas empezaron a hablar de pollas. Cécile describe el rabo de su marido sin filtro, y Vero y Christelle se mean de risa oyendo lo gorda que es.

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— La primera vez, ¡pensé que me partía en dos! —dice, y estallan en carcajadas.

La seducción empieza en la mesa del restaurante

Yo sonrío, pero no entro tanto en el rollo. Tengo 28 años, soltera pero con un historial de folladas memorables, adoro el sexo, las emociones fuertes, ese cosquilleo que te sube por la espalda. Pero hoy, con colegas, voy más light. La única callada es Isabelle, enfrente mío. 45 años, divorciada, abuela reciente, misteriosa total.

Nuestras miradas se cruzan, sonrisa cómplice. Parece que vamos a una. Termino mi copa de vino y ella me sirve más, aunque digo que no.

—Te queda bien el vino —me dice sonriendo.

Me pilla desprevenida. La miro diferente: morena, pelo suelto, blusa floja con escote sutil, tetas redondas asomando. Charme puro.

—Brindemos por tus amores —propone.

—Por los tuyos —respondo.

Sus ojos brillan, pícaros. Siento un calor raro, bajito en la tripa. Hetero total, pero su mirada… uf. El alcohol me relaja, charlamos solas, ignoro el concurso de vergas a mi izquierda. Ella se suelta, brilla como nunca.

De repente, las otras se van a bailar. Isabelle ríe.

—Nos han dejado tiradas.

—¿Buscando pollas gordas? —suelto yo, riendo como tonta.

—Seguro —contesta, ojos brillantes.

Me incomoda un poco, voy al baño. Bajando escaleras de madera fina, orino un rato largo, la vejiga hinchada por el vino. Salgo y ¡zas!, Isabelle en el lavabo.

—Me has asustado —digo viéndola en el espejo.

—Perdón.

Me deja sitio, pero se queda detrás. Su calor me roza. Me lava las manos, ella me mira.

—Eres preciosa. Tu novio tiene suerte.

Sonrío, me ruborizo. Sus manos en mis caderas, sobre la falda. Tiemblo. Podría apartarme, pero no. Suave, caliente. Me hipnotiza.

—Te dejo paso —digo con voz ronca.

—A luego —responde, como promesa.

Vuelvo a la mesa, corazón a mil. Ella natural, pero yo electrificada. Recuerdo sus manos… ¿Le van las tías? Posible, es un enigma.

De pronto, roce en mi tobillo. ¡Su pie! Bajo la mesa, nylon contra piel. Sobresalto, la miro. Sonríe maliciosa. No retiro la silla. ¿Por qué? Su pie sube por mi pantorrilla, suave, exaspante. Se me mojan las bragas, pezones duros. Gimo bajito, nadie nota.

Me ofrezco, pierna adelante. Ella gana, lo sabe. Tortura deliciosa hasta que anuncian fin de cena. Las chicas van a pub.

—Sin mí —digo.

—Ni yo —añade Isabelle, esquivando mi mirada caliente.

Nos llaman viejas, salimos al parking. Talones resonando, pulso loco. En sombra, me abraza, besa. Gimo, labios suaves, lengua invadiendo. Dulce olor a su perfume, vino en boca.

—Mmm… —murmuro.

Su mano baja falda, roza bragas empapadas.

Explosión de placer en su apartamento

—Estás chorreando, cariño.

Beso cuello, mordisquea oreja. Olor a sexo en aire húmedo.

—¿Casa mía o tuya?

—Tuyas. Te sigo en coche.

La sigo, coño palpitando. Llego, piso mojado entre piernas. Cocina moderna, bebe agua mirándome.

—Tengo sed… —digo.

Bebo, ella devora con ojos. Quiero huir, pero me coge muñeca.

—Quédate, porfi…

Beso lento, sensual. Desabrocha blusa, roza encaje sujetador. Pezones pican. Bajo falda, duda por culotte fea.

—Espera…

Me lleva a cama, penumbra. Nuca, me desnuda toda. Cuerpos desnudos rozan, tetas contra tetas, piel suave, sudor salado.

—Eres tan bella —susurra.

—Para…

—Me gustas hace meses.

Sus dedos en coño, húmedo, resbaladizo. Olor a excitación fuerte. Boca en tetas, chupa, muerde. Gimo alto.

—¿Te gusta?

—Siii…

Lamer pezones, mano masajea clítoris. Piernas abiertas, ella baja. Nervios.

—Espera…

No para. Lengua en labios mayores, suave, experta. Sabor salado mío en su boca después. Grito, orgasmo brutal: cuerpo arqueado, temblores, jugos saliendo.

—Joder… waouh.

Ríe.

—¿Feliz?

—Brutal.

—Descansa, mañana te toca a ti.

Beso con mi sabor. Olor a sexo en sábanas.

—Buenas noches, preciosa.

A seguir…

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