Confidencia caliente: Mi jefe, mi marido celoso y la orgía en el riad marroquí

Acabo de llegar a este nuevo trabajo, ¿sabes? Me dieron todo nuevo: ordenador, sillón, coche de empresa, móvil… y un jefe guapísimo. Yo, Lola, 28 años, morena con curvas que vuelven loco a cualquiera, pechos generosos, culo redondo que estira las faldas. Vestida siempre profesional, pero con un botón suelto que deja ver un poco de encaje… Ay, qué calor me entra recordándolo.

Al principio, puro trabajo. Pasábamos horas juntos, yo organizando papeles, él mandando. Pero poco a poco, complicidad. Un guiño cuando un cliente pesado llama, un “¿Lo paso o estás ocupado?” en voz baja. Hmmm, su voz grave me ponía la piel de gallina.

La seducción en la oficina con mi jefe

Un día, cambio de software. Traje mi portátil a su mesa redonda. Sus ojos… no paraban de bajar a mis piernas. Largas, torneadas, cruzándolas y descruzándolas, el roce del nailon susurrando. Olía a su colonia, madera y hombre. No tiraba la falda hacia abajo, la dejaba subir… un juego sutil.

—Lola, ese caso de Martín… —dijo un día, mientras yo me agachaba al cajón bajo. Rodilla flexionada, falda arriba, mi tanga de encaje a la vista. Su mirada quemaba.

Me giré, vi su paquete hinchado. Ruborizada:

—¿Es por el caso Martín?

—No, es por tus gustos en lencería…

—Ey, ¡no es serio! —reí, pero mi coño ya palpitaba, húmedo.

—Pues yo estoy muy serio, mira. —Me tomó la mano, la puso en su polla dura como piedra. Caliente, latiendo.

Lo besé. Sus labios voraces, lengua invadiendo mi boca. Gemí, sus manos en mi culo y teta, amasándolos. Suaves, firmes… hummm.

—No, no… mi marido… me mataría.

—¿Qué? Es marroquí, celoso a morir. Me revisa cada día, dedo en coño y culo. Si estoy mojada… interrogatorio.

—Joder, ¿y lo aceptas?

—Obligada… pero, ay, esa mano callosa hurgando… me excita.

Cerró la puerta. Se arrodilló, sacó su verga gruesa, venosa. La mamé con hambre: chupé, lamí el glande salado, tragué hasta la garganta. Sus gemidos roncos: “Sí, así, puta… no, amor, así”. Eyaculó en mi boca, leche caliente, espesa, tragué todo. Limpié con kleenex en mi tanga empapada.

Después, charlas. Él: “¿Te gusta eso de tu marido?”. Yo: “Me hace sentir suya, deseada. Pero necesito más… saber que placo.”

Ocasiones escasas, mamadas mensuales, desnuda para él, pero siempre con hambre.

Llega el stage, tres días en un castillo. Mi marido furioso, pero fingí reglas. “Estaré impura”, le dije, mi regla empieza al volver.

La iniciación prohibida en el riad del desierto

Noche 1: Escalera secreta. Lo espero afuera, luna plateada. Subimos, nerviosos. Ropa volando. Sus manos en mis tetas, chupándolas, olor a sudor excitado. Me folla en todas posiciones: misionero, polla hundiéndose profunda, clítoris rozando; a cuatro, cachetes rebotando slap-slap; anal, lubricado con saliva, ardor dulce. Semen en boca, coño, culo. Gritos ahogados, orgasmos temblando.

Noche 2: Tierno, lento. Sus besos en cuello, olor a sábanas frescas.

Vuelta tensa. Meses después, vacaciones al Marruecos. Zagora, riad del primo rico de mi marido.

Calor asfixiante, polvo rojo pegajoso. El riad: oasis fresco, jazmín flotando, agua susurrando en fuentes.

Primo: gordo, djellaba seda, ojos lujuriosos.

—Gira, belleza europea. Piel blanca, curvas para hijos…

Salto al estanque, agua fresca en piel ardiente, vestido pegado, pezones duros visibles. Ríen en árabe.

Me visten: velo único, seda rozando piel, joyas tintineando. Bebidas dulces, calor subiendo… palpitaciones en coño.

Sala oscura, música hipnótica, darbouka retumbando. Cinco hombres: primo y hermanos.

Bailo, voile se desenreda. Manos en tetas, coño. Lenguas lamiendo, salado sudor. Primo: verga corta gorda, glande ancho. “Tómame, por Dios…”

Me penetra, pie lamiendo dedos, cosquilleo eléctrico. Boca llena, manos pajeando pollas circuncidadas, lisas. Aïcha unta ano, dedos en prostata a través pared.

Eyacula rugiendo, semen caliente inundando. Yo corro, temblores.

A cuatro patas, turnos: embestidas profundas, slap de huevos, succiones sincronizadas. Doble penetración: coño y culo llenos, estirada, orgasmos múltiples, jugos chorreando.

Hasta alba, cubierta esperma, saliva, olor almizclado. Baño calmante, aceites.

Vuelvo cambiada. Trabajo distraída, fantaseando volver, ser octava esposa, esclava del placer.

Pero familia ata. Ahora, solo recuerdos mojan mi coño…

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