Esta mañana, al despertar, Pablo me susurra al oído: «¿Confías en mí, cariño? ¿Confías en mí?».
¿Por qué me lo pregunta así, todavía acurrucados bajo el edredón, medio dormida? Le echo un vistazo rápido. Umm… está listo, muy listo. La tienda de campaña bajo las sábanas me lo confirma. Me deslizaría debajo para rozar con los labios la punta de su polla, sentirla palpitar antes de tragármela entera y oírlo gemir de placer.
El despertar intrigante y la preparación
Pero no. Reprimo el impulso. Espero, impaciente, excitada por el misterio. Mi mente divaga. ¿De qué hablamos ayer? Sonrío para mis adentros, fingiendo indiferencia.
Me mira desde la almohada: «Quieres saberlo, admítelo…».
Agazada, curiosa, respondo: «¡Ni mucho menos!».
Me conoce demasiado bien. Sabe que muero por saberlo, pero mi orgullo me lo impide.
«Vale», dice. «Pista: esta noche a las 20h, vístete sexy y arréglate. Te llevo a cenar».
¿Por qué ‘arréglate’? Siempre voy maquillada y guapa cuando salimos. Me encanta notar las miradas sobre mí en el restaurante. Umm, tiene esa mirada pícara, ojos brillantes de malicia, sonrisa provocadora. ¿Qué trama? Pagaría por meterme en su cabeza. Siempre intento adivinar sorpresas.
Años de matrimonio, broncas como todos, pero complicidad total. Lo amo hasta morir. No imagino la vida sin él. Pero shh, no se lo digas. A veces lo odio, quiero largarme cuando me hace daño, descarga su rabia. Pero adoro sus delirios, fantasías, sorpresas.
La mañana en el trabajo es eterna. No me concentro. Solo pienso en sexo, besos, caricias, folladas salvajes.
Mediodía. ¡El cabrón! No come conmigo. Grrr. Me vengaré.
Llego a casa, como algo sin saber qué. ¿Qué ponerme? ¿Qué planea? Frustración y deseo mezclados.
Tarde igual, hiperactiva. Colegas dicen que estoy speed. Si supieran…
Por fin termino, conduzco en piloto automático, corazón latiendo fuerte.
Ducha. Agua caliente. Manos resbalan por pechos, sexo. Umm, qué rico. Jet entre muslos, fantaseo con su polla frotándose en mi espalda, manos pellizcando pezones.
Basta de sueños. Maquillaje natural, cubro arrugas. Me siento deseable, coqueta.
Armario. Vestido negro abierto lado izquierdo hasta medio muslo, medias finas negras, lencería negra, escote mostrando encaje. Joyas oro. Pintalabios rojo. Mirada de amor a mi hombre.
Me abre la puerta, recorro su mirada por mi culo que arqueo. Sé que sonríe. Monto, cruzo piernas mostrando jarretera. Siento su mirada en mi entrepierna, imagino su polla endureciéndose en el bóxer. ¡Humm!
Camino ligero, charlas banales.
Restaurante. Mesa para tres. Sorprendida. Él pide por mí. Raro, divertido.
Cóctel, cena, risas. Me susurra: «¿Confías en mí?».
Sus ojos langüinosos me calientan. Su pie roza mi sexo bajo la mesa. Deseo de besos reprimido.
Postre. Servidor posa plato ante mí… y se sienta.
Lo miro. Ojos de fuego. Rojo, miro a Pablo.
«¿Confías en mí?».
El restaurante, el desafío y el clímax ardiente
¡Grrr!
Otro mesero trae postres. Estéban es guapísimo, fornido como rugbista, camisa ajustada mostrando músculos.
Pablo susurra: «Quítate el tanga y dáselo a Estéban. Juego».
¡Desafío! Me levanto, sonrío desafiante, beso mejilla Estéban, meto tanga en su bolsillo.
Susurro: «Sácalo, huélelo cuando me siente».
Va al baño. Cabina estrecha. Me siento, quito tanga. ¡Está empapado! Mi coño chorrea. Gargouillis en vientre, ganas de dos hombres usándome.
Camino de vuelta, puño apretado sintiendo humedad. Miradas. Llego. Él lo saca, lo huele mirándome intenso. Fascinado.
Pablo agarra mi mano bajo mesa, amor y deseo.
Yo provoco: cucharada chantilly en labios, succiono lento. Ojos suplicando: ‘Tomadme’.
Pablo paga. Salimos. Mareada de deseo.
En coche, Pablo conduce a hotel. Estéban atrás conmigo. Manos suyas en muslos. «¿Lista?» pregunta Pablo.
«Sí… confío».
Habitación. Luces tenues. Olor a sábanas limpias, perfume nuestro.
Pablo me besa salvaje, lengua invadiendo boca. Estéban detrás, manos en tetas, pellizca pezones duros. Gemido escapa: «Ahh…».
Ropa vuela. Desnuda, tetas firmes balanceándose. Pablo chupa un pezón, Estéban el otro. Lenguas húmedas, succiones ruidosas. Coño palpita, jugos bajando muslos.
Pablo arrodilla, lame clítoris. «Umm, qué sabrosa». Lengua círculos rápidos. Piernas tiemblan.
Estéban polla en mi boca. Gruesa, venosa, salada pre-semen. La chupo profundo, garganta apretando. «Joder, qué boca» gruñe.
Cambio. Estéban me tumba, abre piernas. Entra lento. «¡Dios, qué apretada!». Empuja fuerte, bolas golpeando culo. Plaf, plaf. Olor sudor, sexo.
Pablo en mi boca. Ritmo sincronizado. Gemidos: «Sí, fóllame… más duro».
Me corono primero, chorro moja sábanas. «¡Me vengo! Ahhhh».
Estéban acelera, saca, semen caliente en tetas. Pablo folla coño dilatado, gruñe: «Tuyo todo».
Explota dentro, semen rebosando. Besos, abrazos sudorosos.
Agotada, feliz. «Confío en ti, amor». Noche inolvidable.