¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Acabo de vivir algo que aún me pone la piel de gallina. Tengo 27 años, soy de Madrid, y el sexo es mi vicio favorito. Adoro las sensaciones fuertes, ese cosquilleo que te sube por la espalda… Bueno, os cuento. Era agosto, calor de muerte. Mi ex, Pablo, y yo seguimos siendo amigos con derecho a roce. Él hace el servicio militar en una vieja caserna cerca de aquí. Me invitó a su piso el sábado para tomar algo antes de salir.
Llego yo con mi top blanco ajustado, falda negra de cuero cortita, sin bragas, claro, porque me encanta sentir el aire… Abro la puerta y ahí está Pablo, moreno italiano, con su barquita, guapísimo. Pero luego entra su colega, Javier, del servicio, un chaval de 19 años, alto, tímido, rubio con ojos verdes. Mmm, flash total. Nos besamos en las mejillas, olor a colonia fresca de él, me encanta.
La soirée qui dérape en douceur
Nos sentamos en el sofá. Yo en medio, Pablo a un lado, Javier enfrente en el sillón. Hablamos de pelis, pero nada nos convence. Cruzo y descruzo las piernas, noto cómo Javier me mira… Ay, se pone rojo. Veo que no llevo nada debajo, su mirada se clava en mis muslos. El corazón me late fuerte, huelo mi propia excitación empezando a subir.
—Ey, Pablo —le susurro al oído—, ¿vemos si el chico se anima?
Él sonríe pícaro, me mira. Yo empiezo a acariciar la entrepierna de Pablo por encima del pantalón. Javier nos observa, boquiabierto. Pablo sube mi falda, muestra mi coñito rubio, bien cuidado. Sus dedos rozan mis labios húmedos, brillan de jugos. Huele a sexo, dulce y salado.
—¿Qué… qué hacéis? —balbucea Javier, mordiéndose el labio.
—Shh, relájate —le digo yo, mirándole fijo a los ojos—. ¿Quieres unirte?
Pablo se baja el pantalón, polla dura, circuncidada, lista. Me arrodillo y la chupo despacio. Lengua alrededor del glande, saboreo el precúm salado. Chup chup, saliva goteando. Javier se toca por encima, jadea bajito.
—Ven aquí, tímido —dice Pablo—. Ocúpate de ella.
Me levanto, labios brillantes de saliva, me pongo de rodillas ante Javier. Le bajo el vaquero, ¡uf!, sin calzoncillos tampoco. Polla tiesa, venosa, goteando. Empiezo con lametitas largas, desde la base hasta la punta. Él gime: “¡Joder, qué bueno!”. La meto entera, garganta profunda, mano masturbando. Sus manos en mi cabeza, temblando.
Pablo se pone detrás, me levanta el culo. Siento sus manos en mis caderas, polla empujando mi coño empapado. Entra de una, levrette, plaf plaf. Cada embestida me hace apretar los dientes en la polla de Javier, pero suave, sin morder. Olor a sudor, a sexo mezclado, sonidos chapoteantes.
—Para, que me corro ya… —gime Javier.
Pablo sale, nos movemos al sofá. Yo monto a Pablo, subo y bajo, tetas rebotando. Javier se sienta al lado, lo masturbo. Le beso, lengua con sabor a pollas. Él me toca los pechos, pezones duros como piedras.
—Vamos a la cama —digo yo, jadeando.
L’explosion de plaisirs partagés
En la habitación, gran cama. Me tumbo, abro piernas. Javier duda.
—Bájate, chaval. Cómeme el coño.
Se acerca, cara entre mis muslos. Huele mi aroma almizclado. Lamidas torpes al principio, grandes lengüetazos en labios, clítoris. Gimo: “¡Sí, ahí, más rápido!”. Le guío, dedo en mi vagina, masajea mi punto G rugoso. Lengua en el clítoris hinchado. Me corro fuerte, cuerpo arqueado, chorros calientes, grito ahogado: “¡Aaaah!”.
Le beso, saboreo mis jugos en su boca. Chupada rápida a su polla, luego me echo atrás.
—Es tu primera vez, ¿verdad? No pasa nada, métela.
—Nunca… con una chica…
—Tranquilo, estoy limpia, toma la píldora.
Entra despacio, coño resbaladizo envolviéndole. Va-et-vient, lento luego rápido. Besos en cuello, mordiscos oreja. Pablo mira desde sillón, masturbándose.
—¡Me vengo! —grita Javier, se tensa, eyacula dentro, caliente, rebosando.
Luego Pablo me folla él, misionero salvaje. Javier mira, recuperándose. Acabamos sudados, riendo.
—Para la peli, sesión de medianoche —digo yo.
—Próxima vez, más posiciones —guiña Pablo.
Sonrío. Sé que habrá más. ¡Qué noche!