Confession espagnole : ma rencontre torride dans un parking parisien

Estábamos en pleno verano en París, hacía un calor asfixiante. Yo, Sofia, 28 años, española de pura cepa pero viviendo aquí por trabajo. Conducía mi pequeño coche por las calles del noveno, cerca de la rue Lafayette, atascada como siempre. Iba a un probador de vestidos para la boda de mi hermana, por eso la ropita ligera esa, escotada, que se me subía por los muslos. Sudor pegajoso en la piel, el aire acondicionado al máximo, pero nada. Necesitaba aparcar ya.

Me paro en un paso de peatones, bajo la ventanilla del pasajero. Ahí está él, alto, guapo, con esa mirada que te come. Me inclino para hablarle, mis tetas casi saltan del escote. ‘Perdona, ¿sabes de algún parking público cerca?’ Le pregunto, desesperada, con mi acento español que siempre llama la atención.

La rencontre inattendue et l’invitation fatale

Él sonríe, empieza a explicarme: gira aquí, por allá… Pero es un lío con el tráfico. Sus ojos van directos a mi pecho, lo noto, me excita un poco. Suspiro, ‘¿Seguro que no hay más fácil?’ Él duda, me mira las piernas. ‘Mira, mi oficina está justo enfrente, subo y te guío, ¿vale?’ Mi corazón late fuerte. ‘¿En serio? ¿No te molesta?’ Digo, pero ya abro la puerta. ‘Soy Franck, encantado.’ ‘Sofia, gracias mil.’

Entro en el coche, su olor a hombre, colonia fresca mezclada con sudor del día. Mi bolso al suelo, cigarrillos en el salpicadero, pintalabios rojo. Cierro la puerta, espacio cerrado, íntimo. Arranco, quince minutos para 300 metros. Charlamos: mi viaje desde España, su curro de empresario. Es simpático, me mira sin disimulo, yo le dejo. ‘Qué bonita vestido, te hace unas piernas…’ Dice, y yo río, ‘Gracias, pero conducir con tacones es un infierno.’ Nuestras miradas se cruzan, chispa eléctrica.

Llegamos al parking rue du Désir. Bajamos niveles, busca sitio. Sus ojos en mis manos al volante, en mis tetas que rebotan al girar. ‘¡Allí!’ Un hueco al fondo, detrás de un 4×4 enorme, contra la pared. Intento entrar por delante, no cabe. Giro, contra-maniobro, él me mira el culo al inclinarme. Sudor en mi espalda, olor a cuero caliente del coche.

De repente, dice: ‘Quizá sea más fácil por detrás, metiéndolo por el culo.’ Me echo a reír, roja como un tomate. ‘¿Lo dices por mí o por el coche?’ Le suelto, juguetona. Nos miramos, risa nerviosa, aire cargado de deseo. ¡Por fin! Entra el coche, apago motor. Ventanas cerradas, solos en el subsuelo. No puedo abrir mi puerta, él tampoco la suya del todo. Perfecto.

Me giro hacia él, rodillas en el asiento. ‘Gracias, Franck, jajaja, ahora estás atrapado aquí conmigo.’ Río, pero mi voz tiembla. Él me mira, intenso. Silencio. Se acerca, coge mi cara con manos grandes, cálidas. Nuestros labios se tocan. Suave al principio, luego lengua, chupando, lamiendo. Mmm… Su aliento caliente, sabor a café. Gimo bajito, me entrego.

L’explosion de plaisir cachée au fond du parking

Sus manos en mi cintura, finas mis caderas contra sus palmas. Frío recorre mi piel. Baja a mi cuello, lame mi oreja, huele mi pelo. ‘Joder, Sofia, cómo me pones, qué guapa.’ Susurra. ‘Sí…’ Suspiro, arqueo espalda. Sus manos suben, cogen mis tetas por debajo. Pesadas, firmes, las amasa. Bajo el escote, besa la piel suave, salada de sudor. Huele a mi perfume vainilla mezclado con excitación.

‘Quiero verlas, Sofia, por favor, déjame mamarlas.’ Ruego él, voz ronca. No digo nada, desabrocho atrás, bajo tirantes. ¡Libres! Grandes, redondas, pezones duros. Plantea su cara entre ellas, chupa, muerde suave. ‘Ahh… sí…’ Gimo, pelo en su cabeza, empujo contra su boca. Saliva brillante en mis pezones, chasquidos húmedos. Olor a sexo empezando a llenar el coche.

Sus ojos hambrientos. ‘Te excita, ¿eh? Mostrar las tetas a un desconocido.’ Dice, pellizcando. ‘Sí… desde que te vi mirándolas… ahh, me mojo.’ Confieso, susurro. Mano en mi muslo, sube falda. Piel suave, cálida. Besos otra vez, lenguas enredadas. Dedos rozan mi braga, empapada. ‘Estás chorreando.’ Murmura. Abro piernas, instinto. Dedo roza raja, mete dentro. Calor húmedo, apretado.

‘No pares, Franck…’ Jadeo. Me dobla, dos dedos ahora, chapoteo de mi coño. Olor fuerte a hembra en celo, salado. Saco tetas más, él mama mientras me folla con mano. Clit hinchado bajo pulgar, vueltas rápidas. ‘Voy a correrme… sí, más fuerte.’ Grito bajito, eco en parking vacío. Cuerpo tiembla, contracciones, chorro moja su mano. ‘¡Ahhh! Joder…’ Me aprieto contra él, beso salvaje.

Luego, relax. Sus dedos salen, brillan de mi jugo. Los huelo él, lame. ‘Deliciosa.’ Sonrío, jadeante. ‘Tengo que irme.’ Digo, pero veo su polla dura en pantalón. ‘Llámame esta noche, te devuelvo el favor.’ Prometo, guiño. Subo todo, beso último, sabor a mí en su boca. Salimos, subimos rampas. Todo el día oliendo a mi corrida en sus dedos, él soñando.

Por la noche, no contesté. Semanas después, cena. Besos, caricias, pero nada. ‘Deberíamos haberlo hecho aquel día.’ Dije. Y desaparecí, como vine. París y sus locuras…

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