¡Ay, chicas, venid que os cuento algo que me ha pasado hace nada! Tengo 28 años, soy una morena redondita con tetas pesadas y un culo que no cabe en las bragas. Mi marido Javier siempre dice que soy una viciosa del sexo, y tiene razón. Pienso en pollas todo el día, me mojo con nada. Un roce, una palabra sucia… y ya estoy chorreando. Él lo adora, me pone a cien verlo disfrutar de mis locuras.
Hace poco empezamos con la salsa, en un club aquí en Madrid. Bailamos con parejas distintas, y apareció Manuel. Trapito, peludo, con esa vibra de macho rudo que me vuelve loca. Javier me picó: “Mira cómo lo miras, esa verga debe ser enorme”. Yo, que no miento, le dije: “Sí, amor, me muero por probarla”.
La rencontre torride au club de salsa
Una noche, Manuel va al baño. Yo no me aguanto: “¿Me acompañas? Quiero hacer una ‘pequeña comprobación'”. Él me mira, duda un segundo, mira a Javier que le guiña el ojo. Vale. Entramos en un cubículo, cierra la puerta. El corazón me late fuerte, huelo su colonia mezclada con sudor masculino. “Muéstramela”, le digo directa. Él baja la cremallera, saca… ¡Dios! Un pedazo de verga gorda, venosa, como un mango de piqueta. La cojo, pesada, caliente en mi mano. “Joder, qué cosa más bonita”, susurro. La huelo, fuerte, a macho. La lamo un poquito el glande, salado, y chupo las bolas. “Para, que hay gente”, dice riendo. Pero yo branlo fuerte, siento cómo palpita. “Ven a casa, quiero que me folles delante de mi marido y que él grabe”. Acepta al instante.
Salimos, yo sonriendo como idiota. Javier me pregunta: “¿Y?”. “Un pedazo impresionante, amor. Vamos a casa ya”. Manuel nos sigue en su coche. En el camino, Javier mete la mano bajo mi falda. Mi tanga está empapada, huelo a coño jugoso. “Mira cómo moñas, guarra”, me dice al oído mientras me frota las labios gordos a través de la tela. El chasquido húmedo llena el coche. “¿La chupaste?”. “Solo un poco, no pude resistir. Sabe rico”. Me mete los dedos, me hace correrme ahí mismo, gimiendo, mordiéndome el labio. Chorrea por mis muslos, olor a sexo caliente everywhere.
Llegamos a casa. Un trago en el sofá para calmarnos. Javier coge la cámara. “Empieza, cariño, palpa esa polla”. Me arrodillo, bajo la braguette de Manuel. Sale esa bestia, ¡uf! La agarro con las dos manos, branlo despacio, destapo el glande morado, brillante de pre-semen. Huelo su aroma rancio, me froto la cara. La meto en la boca, profunda, me ahogo un poco, babeo. “¡Qué polla más rica!”, gimo. Él me empuja la cabeza: “Trágatela toda, puta”. Chupó, lambo las venas, masajeo las huevos pesadas.
Me levanto, me bajo la falda. Mi culo rebosante, tanga negra perdida entre nalgas. “Acércate, Manuel, cómetela”. Me pongo a cuatro, él aparta la tela: “¡Joder, qué chocho más mojado!”. Su lengua raspa mi clítoris hinchado, lame hasta el culo, chupa mis jugos. Huele a mi coño ácido, dulce. Gimo fuerte: “¡Sí, métela en el ano!”. Me folla el culo con la lengua, yo me abro las nalgas, tiemblo.
L’orgie filmée: squirts et sodomie démente à la maison
Al bar, me subo al taburete, culo al aire. “Fóllame la chocha”, le pido a Javier grabando. Manuel se pone condón, frota su glande en mi raja babosa, chap-chap húmedo. Entra de un empujón, me llena. “¡Aaaah!”, grito. Bombea lento, profundo, sus huevos chocan contra mí, plof-plof. Javier me mete un dedo en el culo… ¡y exploto! Squirt enorme, chorro caliente salpica el suelo, olor a pis y coño. Primera vez que me pasa. “¡Hostia, squirteas!”, dice Manuel riendo.
No para. Pone la polla en mi ano, empujo atrás. Entra, quema, estira. “¡Me la vas a partir!”, balbuceo. Me folla el culo, yo reculo como loca, buscando el ritmo. Otra vez, tiemblo, squirt de la chocha sin tocarla. “¡Haaa! ¡Me corro!”. Chorros tras chorros, suelo charco. Él me azota las nalgas: “¡Así, gorda, rómpete el culo!”. Grito: “¡Salazar! ¡Más!”.
No aguanta: “Me corro”. Me bajo, quito el condón, lo trago entero. Él agarra mi cabeza, eyacula chorros espesos, salados, amargos. Me lo bebo todo, babeando.
Javier no resiste. Me pone a cuatro otra vez, me folla el culo lubricado de semen y condón. Entra fácil, me revienta en tres embestidas, se corre dentro. “Expúlsalo, sucia”. Me abro, pujo: prrt, peto grasiento, semen blanco escurre de mi ano, por la chocha, al suelo en grumos pesados. Huelo a semen rancio, culo usado.
¡Madre mía, qué noche! Javier dice que es el vídeo más guarro. Yo, aún temblando, quiero repetir. ¿Qué os parece, chicas?