Ay, chicas… Tengo 27 años ahora, pero esto me pasó cuando tenía 20. Estaba con mi novio, Pablo, hacía seis meses que salíamos. Era mono, juguetón, pero… no habíamos follado del todo. Yo siempre con mi rollo de ‘me guardo para el marido’. Pero bueno, nos tocábamos mucho. Él metía la mano en mi braga cuando quería, yo le hacía pajas y a veces… le chupaba la polla hasta el final. Mmm, su sabor salado en mi lengua… Y él me lamía el coño como un dios, me hacía correrme horas enteras.
Aquella noche íbamos a una fiesta cerca de Nantes, en una casa enorme con piscina. Yo llevaba un vestido ligero de primavera, encaje en las braguitas, me había maquillado más de lo normal. Pablo conducía el coche de su madre, prometió no beber. Llegamos al atardecer, olor a hierba fresca, música alta, alcohol por todos lados.
La soirée à la piscine et la tentation
La piscina estaba llena de gente, luces parpadeando en el agua. De repente, un tío grande, unos 22 años, voz ronca, contando chistes pesados. Se quitó la ropa delante de todas y saltó desnudo. ¡Joder! Su polla… gruesa, peluda, colgando pesada. Mis ojos se clavaron ahí, el corazón latiéndome fuerte. Pablo me miró mal, me alejó rápido.
Bailamos, bebí un poco… Pablo se distrajo con un amigo. Yo seguí moviéndome, y ese tío, Manu lo llamaban, me puso las manos en las caderas. Su aliento a cerveza en mi cuello, calor de su cuerpo. ‘Qué culito tan rico’, murmuró. Reí nerviosa. Sus dedos apretando mi carne a través del vestido.
Desaparecí con él escaleras arriba, risitas ahogadas. Entramos en una habitación oscura, luz de luna filtrándose. Olor a perfume caro y sudor. ‘Mira qué polla tengo’, dijo sacándosela. Era enorme, venas marcadas, cabeza hinchada. La toqué, temblando. ‘¡Dios, es la más grande que he visto! Quiero… chupártela’.
Me arrodillé, saliva acumulándose. Lamí la punta, salada, musky. La metí en la boca, gorgoteando, él gimiendo ‘Sí, zorrita, así’. Pero se quejó: ‘Tu coño es un bosque, ¿no te afeitas?’. Me puse roja. ‘Pablo nunca me dijo nada…’. Él sacó una maquinilla. ‘Déjame arreglarte, te va a gustar’.
Me tumbó en la cama, abrió mis piernas. El zumbido de la maquinilla, cosquilleo en mi monte. Pelo cayendo, aire fresco en mi piel desnuda. ‘¡Mira qué coñito de niña!’, exclamó pasando los dedos. Mojada ya, resbaladizo. Olía a mi excitación, dulce y fuerte. Me lamió, lengua plana devorando, chupando clítoris. Gemí alto, ‘¡Ay, no pares!’.
L’espionnage, la confession et le cunnilingus final
Intentó follarme la concha. ‘No, no la concha, soy virgen ahí’, protesté. Él sonrió: ‘Vale, por el culo entonces’. Untó saliva, empujó. Dolor agudo, ardor. ‘¡Para, cabrón! Nunca por ahí…’. Pero entró despacio, centímetro a centímetro. Llenándome, estirándome. ‘Relájate, estás apretadísima’. Empujones rítmicos, piel chocando, slap-slap. Placer raro subiendo, vientre apretado.
‘¿Te gusta, putita?’, gruñó. ‘Sí… joder, sí, fóllame el culo’. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Se corrió dentro, caliente, líquido chorreando. Me obligó a chupársela limpia, sabor amargo a mi culo y su leche.
Bajé, encontré a Pablo. Caminaba rara, culo ardiendo, semen goteando. En el coche, al sentarme, ‘¡Ay, me duele el culo!’. Mentí: ‘Me caí en las escaleras’. Él fingió creerlo. Paramos en una área, vi el asiento mojado, mi jugo y su corrida mezclados, pegajoso.
Pablo subió mi falda de golpe. ‘¡Sin bragas! ¿Sin pelos? ¿Estás empapada?’. Lloré, confesé todo entre sollozos. ‘Me afeitó, me lamió… y me la metió por el culo. Estaba tan dura, tan grande… corrí como loca’.
Él me miró, polla tiesa. ‘Enséñamelo’. Abrí las piernas, coño lampiño brillando. ‘Lámeme, Pablo, tú eres el mejor’. Me hundió la cara, lengua en clítoris, luego en el coño, saboreando restos. Bajó al ano, lamiendo su corrida, chupando. Gemí, ‘¡Sí, límpiame, pervertido!’. Me corrí en su boca, temblores, jugo salpicando.
Desde entonces… todo cambió. Pero eso es otra historia.