Confession coquine d’une Espagnole : Le royaume secret des fées et dragons

¡Ay, amiga, si supieras lo que me pasó anoche! Estaba sola en mi baño, el agua caliente resbalando por mi piel desnuda, como una lluvia tibia y dulce. Mis manos, traviesas como siempre, empezaron a explorar. La derecha, mi Dextrette, bajó despacito por mi vientre, rozando el monte de Venus. Olía a jabón de lavanda mezclado con mi excitación, ese aroma almizclado que me pone loca.

De repente, toqué algo sensible. Clitorette, mi pequeña joya escondida. La froté suave, con la yema del dedo, en círculos lentos. Uf… un cosquilleo eléctrico subió por mi espina. ‘¿Qué es esto?’, me dije, jadeando bajito. El agua chapoteaba contra las baldosas, mi respiración se aceleraba. Más rápido, presionando un poco. Mis alas imaginarias –mis muslos– temblaron. ¡Y entonces! Un estallido, alas batiendo frenéticas en mi mente. Oro cayó: jugos calientes brotando de mí, salpicando el suelo. Grité: ‘¡Dios, qué placer!’ Mi cuerpo convulsionó, olas y olas, hasta que me quedé floja contra la pared, oliendo a sexo puro.

La découverte de Clitorette dans mon bain secret

Pero no paré ahí. Vaginette, mi concha, se puso roja, hinchada de deseo. La toqué, metiendo dedos. Húmeda, resbaladiza, chup-chup con cada movimiento. ‘Necesito más’, murmuré. Salí del baño, piel goteando, y llamé a mi amigo secreto. ‘Ven ya, tengo un reino que explorar’, le dije por teléfono, voz ronca.

Llegó rápido, ese cabrón. Era como Queutus, el dragón pequeño al principio, pero se hinchó viéndome desnuda. ‘¡Joder, estás empapada!’, dijo, ojos fijos en mi coño reluciente. Lo besé, lengua enredándose, sabor a cerveza en su boca. Sus manos, gruesas, me manoseaban los pechos, pezones duros como piedritas. ‘Tócame como en el baño’, le ordené. Se arrodilló, lengua plana lamiendo Clitorette. ¡Zas! Alas batiendo otra vez. Gemí alto: ‘¡Sí, así, no pares!’ Su aliento caliente, barba raspando mis labios internos, olor a sudor masculino subiendo.

L’invasion des dragons et l’or des orgasmes

Me puso en cuatro, polla dura como hierro golpeando mi culo. Entró despacio en Vaginette. ‘¡Qué apretada!’, gruñó. Estirándome, llenándome, venas pulsando dentro. Empujones rítmicos, piel chocando –plaf, plaf– eco en la habitación. Sudor goteando, mezclándose con mis jugos. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. Sus manos en mis caderas, guiándome. ‘¡Más profundo!’, grité. Clitorette frotándose contra su pubis peludo.

Entonces llamé refuerzos. Dos amigos más, los otros dragones. Entraron, pollas tiesas. ‘Únete a la fiesta’, les dije. Uno en mi boca, sabor salado, venoso, chupando glot-glot. Otro en mi culo, doble penetración. Estirada al máximo, dolor-placer. ‘¡Folladme fuerte!’, supliqué. Alas batiendo locas: Clitorette explotó primero, luego Vaginette squirtó oro –chorros calientes empapando sábanas. Ellos rugieron, semen caliente llenándome, goteando por muslos.

Al final, exhausta, cubierta de sudor, semen y mis propios jugos. Olía a sexo salvaje, aire pesado. Reímos, abrazados. ‘Esto es nuestro Gasm eterno’, dije. Ahora vuelo más alto, amiga. ¿Quieres unirte la próxima?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *