Han pasado tres días sin vernos, ayudando con los henos. Esta noche, fiesta en el pueblo. Perfecto para escaparnos. ‘¡Vamos a la fiesta, mamá!’, le digo. ‘Vale, André, cuida de tu prima y no volváis tarde’, responde ella. ‘Tranquila’. Salimos, pero pronto tomamos un sendero que sube la colina. Caminamos despacio. Llevo un vestidito de verano cortito, que se pega a mi piel por el calor. Nos paramos en un rincón tranquilo, una plaquita de hierba entre arbustos y rocas. La noche aún tibia, no está del todo oscuro. Nos sentamos en una piedra.
‘¿Qué tal tu stage?’, pregunto. ‘Genial, superinteresante’, dice él. ‘¿Y la gente, simpática?’. ‘Sí. Oye, uno me ligó. Estaba bueno, además. Creo que si quería, adiós mi virginidad’. ‘¿Qué?’. ‘Mi pucelaje, ¡tonto!’. ‘Pero el otro día estabas a punto de perderlo. ¿Por qué no te lanzaste con ese chico?’. ‘Porque soy romántica, lo guardo para el hombre de mi vida. ¿Por qué dices que estaba decidida?’. ‘¡Espera! Cuando te dejas desnudar por un chico, es una invitación, ¿no?’. ‘Claro, solo pensáis en eso’. ‘¿Qué querías que pensara? ¡Yo no pedí nada! ¿Y tú, qué querías?’. ‘No sé… Quizás ver si le hacía efecto a un hombre’.
La Fiesta del Pueblo y Nuestra Escapada Secreta
La noche cae del todo, negrísimo. Miramos las estrellas. ‘Nos duele el cuello así’, digo tumbándome. ‘Túmbate, verás qué bien’. Me echo a su lado. El cielo increíble, pero abajo suenan la música y risas de la fiesta. ‘Oye…’, susurro. ‘¿Sí?’. ‘Eh… ¿Te tocas a veces?’. ‘¿Cómo?’. ‘Tu… cosa, ¿te diviertes con ella como el otro día en el granero?’. ‘No sé de qué hablas’. ‘No disimules. Dicen que todos los chicos lo hacen’. ‘Bueno, soy como los demás’. ‘¿Y cómo lo haces?’. ‘Como todos. Pienso en algo excitante’. ‘¿Cómo?’. ‘Me acaricio los muslos, las bolas, el sexo… Se pone duro, me lo agarro y voy y vengo hasta correrme’.
‘¿Y mola?’. ‘¡Sí, una pasada!’. ‘¿Desde que estás aquí lo has hecho?’. ‘¡Claro, con lo que me has provocado!’. ‘¿Pensando en mí?’. ‘Sí’. ‘¿En qué exactamente?’. ‘En lo que me enseñaste, y lo que no…’. ‘¿Mis tetas?’. ‘Sí’. ‘¿Mi culo, muslos?’. ‘Obvio’. ‘¿Metiendo tu polla entre mis muslos?’. ‘¡Para ya!’. ‘Eres asqueroso’. ‘¡Es normal después de lo nuestro! ¿Y tú no has pensado?’. Silencio. ‘¿Y tú te masturbas?’. ‘Estás loco, no’. ‘¡Dicen que todas las chicas!’. ‘Bueno… Soy como las demás. Me acaricio…’. ‘¿Qué?’. ‘Tetas, barriga…’. ‘¿Y?’. ‘Hacia los pelos de abajo’. ‘¿Y?’. ‘Un poco el culo, pero menos. Y entre muslos, en mi raja’. ‘¿Profundo?’. ‘No, solo arriba, hay un botoncito… Tan rico que duele, aprieto muslos y tiemblo toda, como si me fuera a desmayar’.
‘¿Corres?’. Silencio. ‘¿Con otra chica?’. ‘Una vez, con una amiga en el granero. Nos desnudamos, nos tocamos un poco. Pero ella se sintió culpable, nunca más’. ‘¿Y tú con otro chico?’. ‘No, es placer solitario’. Nos quedamos callados. Abajo, la fiesta sigue. Sale la luna, luz pálida. Ese charla me ha puesto a mil, imágenes en la cabeza… Se gira, posa la mano en mi pierna. No me muevo. Sube al rodilla, bajo el vestido, acaricia muslo hasta cadera, elástico de la braga. Baja, pasa adelante, hacia dentro. Muslos apretados. Entreabro un poco, deja entrar la mano. Piel suave, increíble. Tiembla, sube al chocho. Presiona la braga. Eléctrico. Me masajea nerviosa. Aprieto piernas, para. Saca mano, sube a barriga, baja otra vez, mete en braga. Dedos en mi vello, juega. Baja, roza arriba de raja. No más. Retira, prueba por muslo. Alcanza…
Caricias, Masturbación y un Clímax Inesperado
‘¡Mi braga! La vas a romper… Quítamela’. Me arrodillo, levanta culo. Deslizo por caderas, muslos, pies. Me siento, quito vestido, me tumbo: una pierna estirada, otra doblada y abierta. Él se desnuda rápido. Luna ilumina sus tetas y barriga blancas. Chocho en sombra. Vuelve a acariciar, caliente, húmedo. Suave las ninfetas. Baja a mi agujerito, sursulto, piel sedosa. Sube. Abro mucho muslos. Su polla tensa, a punto de explotar. Vulva abierta, mojada. Encuentra capuchón, botoncito. Lo roza, deja, entrada al coño. Desliza fácil, vuelve al clítoris, suave al principio, luego fuerte. De repente, aprieto muslos, lo empujo.
‘Ven encima’, susurro. Intenta abrir con rodilla. ‘¡Para, duele! Ven encima’. Me echo sobre ella, apoyo en rodillas y codos. Sus tetas aplastadas contra mi pecho, polla entre barrigas. Me agarra culo, mete mano, coge verga, palma en glande – duele –, mueve cadera y mano. ¡Explotó! Me corro en su mano, barrigas pegajosas. Me aparto, cara en su cuello. Sperma por todos lados. Se arrodilla.
Me mira, sonríe: ‘Se puede mejorar’. Nos vestimos. Le doy mi tanguita: ‘Regalo, guárdala’. Minutos después, casa. Sin braga, aire fresco en culo bajo vestido. ‘¿Bien la fiesta?’, tía. ‘No está mal… Fiesta de pueblo’. ‘A dormir. Mañana salgo temprano a Burdeos, vuelvo tarde. Tu padre come fuera. Arreglaos solos’. ‘Tranquila, mamá’. Le cedo paso escaleras. Sube meneando culo, vestido vuela. En su piso, al oído: ‘Esta vez, te acabas solo, yo igual. Piensa en mí: tetas, barriga, culo, interior muslos, botoncito…’. Beso mejilla, sube falda, me enseña culo, se va cantando.
Subo, cojo su tanga – olor a ella, humedad –, pienso en todo. Me corro fuerte, imaginándola tocándose.