Eh… no sé por dónde empezar, pero te lo cuento como si estuviera ahí de nuevo. Tengo 27 años, vivo con mi novio, pero me falta esa chispa de obediencia que probé con un ex. Me metí en un sitio de domi-sumo, solo para charlar. Y apareció él. Charlamos por ICQ, mails diarios contándole mi ropa, mis folladas con mi chico… Todo para que me conociera, para dominarme de verdad.
Unas semanas después, números de móvil. Llamadas calientes, voz grave que me eriza la piel. ‘Ven en falda, medias, tanga, sujetador sin tirantes’, me ordena. Martes, 18:30 en la estación de O. Llego tarde del curro, reunión de mierda. Aparco mal, lo llamo. ‘Estoy aquí, preciosa’, dice. Nos vemos, sonrisa nerviosa. Quiere cenar, pero le confieso: mi novio me pidió matrimonio anoche. ‘No puedo traicionarlo’, digo temblando. Él insiste, cena encantadora, manos rozando.
El chat que lo cambió todo
Paseamos en el parque, mano en mano. ‘Ven a mi hotel, solo a ver el collar’, propongo yo… no, él lo dice. Subo delante, siento sus ojos en mi culo. Ascensor apretado, su aliento en mi cuello, olor a colonia fuerte. Habitación en el quinto. Saco el collar, perlas blancas y azules. ‘¿Puedo ponérmelo?’, pido. ‘Sí, sumisa’. Me lo pongo, me miro al espejo. Él empieza a desnudarme, chemisier cae. Brazos quietos, pasiva. ‘¿Quieres ser mi sumisa?’, pregunta. ‘Sí, Señor’, susurro bajando la vista.
Pero traigo sujetador normal, del trabajo, y pantalón. Error. ‘Désobédience’, dice. Cravache en mi piel, beso el cuero, sabor salado. Manos arriba, espejo reflejando mi transformación. Dedos en mi coño, húmedo ya, ‘¿Qué quieres?’, ‘A usted, Señor’. Ojos vendados, oscuridad intensifica todo. Pierdo zapatos, pantalón baja con caderas moviéndose, vergüenza quema. Dedos en mi tanga, moja todo, los chupa: primera vez mi propio sabor, dulce-amargo.
Pluma en pezones, duros como piedras. Muevo, castigo: manos atadas atrás. Baja sujetador, pechos libres. Tanga abajo, coño chorreando, inspección. Dedo en culo, estrecho, duele-placer, gimo bajo. ‘Lávate’, ordena con pera de lavement. Baño puerta abierta, él vigila. Agua caliente, corrige con fría, agarra teta: ‘Obedece’. A rodillas en baldosas frías, húmeda, correa al collar, arrastra al lit.
La entrega total en la habitación
Cuerda de chanvre, áspera en piel mojada. Enrola tetas, losangos en vientre, nudos en clítoris y ano. Frota, enloquezco: ‘¡Por favor, Señor, déjeme correrme!’. No. Cravache por sujetador malo: 10 en cada teta. Mordiendo cuero, feints primero, luego zas, piel arde, grito sorpresa. ‘¿Aceptable?’, ‘Sí, Señor’. Golpes lentos, saboreo cada uno, sudor perla.
Pantalón: martinet en culo y muslos. Llanto, pero coño gotea. A rodillas, ojos vendados: ‘Saca mi polla con boca’. Dientes en cinturón, slip, esfuerzo, aliento caliente. Polla dura roza mejilla, juego, al fin garganta profunda, primera vez tan hondo, arcadas placenteras. Semen caliente, lo trago todo, lamo glande.
Falta de silencio: castigo con labios. Posición expuesta, ceinturon ancho en coño. Primer golpe plano, ‘¡Oh, gracias Señor!’. Cuenta sola, clítoris vibra, labios hinchados. Luego lengua suya cura, orgasmo fiero, chorro.
Recompensa: ‘Quiero su polla en mi culo, Señor’. A cuatro, lubrico con mis jugos, olor almizclado. Glande empuja, sphincters ceden, dolor agudo-lujuria. Entra lento, lleno, muevo yo, gemidos roncos. ‘¿Miedo?’, ‘Sí, pero siga’. Corrida juntos, éxtasis puro. Ducha, cuerpos pegados, seis de la mañana. Nos separamos, ya planeando más. Virus instalado, moretones para explicar… ¡Qué noche!