Confesión ardiente: mi sexo prohibido con el suegro que me volvió loca

Ay, chica… no sé por dónde empezar. Tengo 27 años, soy Paulina, de un pueblo cerca de Madrid. Me casé con Hugo, un chico dulce pero… un poco lento, ¿sabes? Problemas de nacimiento, nada grave, pero en la cama… cero. Vivimos en la villa enorme de su padre, Carlos, el profesor de la universidad. Él abajo, nosotros arriba. Hugo trabaja de noche en la fábrica, duerme todo el día. Yo… me moría de aburrimiento. Engordaba, comía sola, sin tocarme ni nada. Hasta que un día…

Estaba llorando en las escaleras, con las piernas abiertas sin darme cuenta, mi braga blanca asomando. Carlos llega del trabajo, impecable con su traje blanco, sombrero. ‘¿Qué pasa, Paulina?’, me dice bajito. Le cuento todo, sollozos, mocos. Me abraza, huelo su colonia cara, limón y madera. ‘Ven, cuéntame’. Prepara té, yo sirvo temblando las tazas de porcelana. ‘Ugo es bueno, pero no… no me toca. Nunca hemos…’. Se queda callado, ojos en mis tetas. ‘Haré el ménage aquí, el jardín’, propongo. Él asiente, manos en mi cintura al besarme las mejillas. Siento su polla dura contra mi vientre. ‘Sí, perfecta’. Sus manos bajan a mis nalgas, aprieta. Me mojo al instante, olor a mujer caliente subiendo.

Cómo empezó la tentación en casa

Días después, lo veo llegar. La casa brilla, huele a limón. En el jardín, yo en bikini turquesa, sudando bajo el sol. Pico la tierra, tetas rebotando, mi coño marcado en la tela, ‘patita de camello’ como dicen. Él me mira desde la ventana, se toca la verga. ‘¡Buen trabajo! ¿Calor?’, grita. Bajo la azada, corro. Piel pegajosa, sudor salado. Agua con limón fría en la frente, entre tetas. Bebo, gluglú, chorros por el cuello.

Esa noche, cena. Hugo se va. Bajo en camisón fino, pezones duros pinchando. Me duele la espalda del jardín. ‘¿Masaje?’, ofrece. Baño de monjes, olor a hierbas. Me desnudo, plana en el sofá, culo al aire. Piel roja del sol. ‘Primero crema’. Sus dedos frescos en hombros, espaldas. ‘Mmm… más fuerte’. Bajo a muslos, pantorrillas. Abro piernas, pelitos negros asomando, olor musgoso de mi excitación. Manos en nalgas, abre mi raja. Chup chup húmedo al tocar. ‘Tus frambuesas…’, dice viéndome tetas. ‘Prueba’. Tiro de sus manos a mis pechos, tetones duros como moras. Nos besamos, dientes chocan, saliva dulce. Me come entera: orejas, axilas saladas, tetas chupadas, ‘pop’ al soltar pezón. Pies, dedos en boca. Lengua en coño, río de miel. ‘¡Aah! Carlos…’

Me pone a cuatro, verga gorda en mi boca. Salada, venosa. La chupo, bolas en fauces. ‘Ahora…’. Glande en mi entrada, empujo. Lentoo… entra, milímetro a milímetro. ‘¡Dios, qué prieta!’. Coño estirado, llena. Testículos peludos contra mi clítoris. Oscilo, masajeo con cadera. ‘¡Joder, qué buena!’. Él empuja, plaf plaf piel sudorosa. Huele a sexo, sudor, polla. Me corro, espasmos, ‘¡Síii!’. Otra vez, clítoris frotado. Orgasmos en cadena, grito ronco. Él acelera, ‘¡Toma mi leche!’. Chorros calientes dentro, rebosan por muslos.

La noche que explotó el deseo

‘Gracias… fue… increíble’. Nos abrazamos, sudor pegajoso. ‘Sigue diciéndome usted, por Hugo’. Subo, froto sábanas. Duermo con él después. Desde entonces, desnuda en casa. Limpio, tetas bamboleando, él me para: dedos en coño, ‘Estás chorreando’. Me folla en cocina, contra pared. ‘¡Más profundo!’. Boca en verga al volver del curro, glug glug garganta. A cuatro en jardín, luna testigo, grillos zumbando. Olor a tierra húmeda, semen en culo.

Fin de semana, Barchetta roja restaurada. A la sierra, viento sube falda, coño al aire. Cena en terraza, vino tinto. ‘Soy tuya para siempre’. Paseo, fuentes heladas, salpica riendo. En esquina oscura, mano en teta, dedos en chocho jugoso. ‘Esta noche, culo en balcón’. Me unta saliva, entra lento. ‘¡Auuu… sí!’. Estrellas, viento fresco en ano abierto. Gemidos eco. Él ruge, llena mi tripa.

Ahora, cada día paraíso. Limpio, follo, jardín. Él rey, yo su puta devota. ¿Arrepentida? Ni loco. Esto es vida, placer puro.

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