Confesión picante: Mi follada lésbica en el ascensor de Glasgow

¡Hola! Me llamo Buffy, tengo 28 años y soy española, aunque trabajo de comercial en el agroalimentario por todo el Reino Unido. Mido 1,70, pelo rubio, ojos color miel, tetas firmes y redondas, culo carnoso. Me parezco un poco a Sarah Michelle Gellar, hasta el vello fino en los brazos que no me depilo. Soy super abierta al sexo, me flipan las mujeres, sus curvas, su suavidad. Me gusta dominar a veces, pero no siempre, solo fluye.

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Este martes iba rumbo a Glasgow, cuatro días de visitas a clientes. Siempre que voy, es fiesta porque mi amiga Angéla regenta un hotel top. Tiene más de 50, está buenísima aún. Hace años nos enrollamos, pero ahora su novia no deja. El staff es todo chicas, y no es casualidad: selecciona sáficas puras. No sé cómo hace los tests, pero funciona de lujo.

Llegada al hotel y la sorpresa de Angéla

Llamé antes: ‘¡Angéla, llego en un rato!’. Midió, me recibe con abrazo y un french kiss corto, mmm, su lengua tibia. Hablamos dos minutos, luego me pasa a Valérie, la rubia francesa con tetas enormes. Sus ojos brillan de ganas.

—Hola Buffy, ¿qué tal? —dice con voz dulce.

—Bien, ¿y tú?

—Genial, estás aquí. —Me roza la mano, sube a mi teta. No me quejo.

—¿Me enseñas la habitación?

—Claro. Gillian, ¡muéstrale la habitación a Buffy! Au revoir, ¡nos vemos! —guiño.

—Quedamos tres noches, algo sacamos… Pensé que era para mí Valérie, pero no. Bah, este hotel nunca falla.

Llega Gillian, 20 años, ojos azules, pelo rubio rojizo, pecas everywhere. Uniforme ceñido, falda corta.

—Soy Gillian, le muestro su habitación.

Subimos al ascensor viejo, hidráulico, lentísimo. Al quinto piso. Veo cámara, guiño. ¡Plop! Se para a los 30 seg.

—¿Qué pasa? —digo, no sorprendida.

—No sé. —Toca alarma.

Me siento en el suelo, rodillas arriba. Ella estira piernas, veo tops de sus medias. Piel pálida, sonrisa linda, camisa deja ver tetas generosas. Me acerco, mano cerca de su culo.

—¿Eres nueva?

—Quinta semana.

—¿Te gusta?

—Sí, genial. —Acerco mano a rodilla, subo lento. Me mira.

—Eres preciosa.

—Gracias. ¿Qué haces? —curiosa, no molesta.

—¿Has estado con una chica? —mano en su teta derecha. Baja mirada.

—Quizá… —Amaso suave. Le gusta. Su mano en mis tetas, masajea.

De repente, salta sobre mí, beso salvaje. Lenguas enredadas, saliva dulce, su aliento a menta. Me amasa tetas fuerte. La empujo suave, abro camisa. Me echa atrás, brazos en suelo, lame tetas sobre sujetador. Lo sube, chupa pezones duros. Mmm, su lengua caliente, círculos, succiona.

—Sigue, ¡joder qué rico! —gimo.

El ascensor parado: placer sin frenos

Manos en mis caderas, roza flancos. Lengua en pezones, grito. Baja mano por pierna, frota pantalón en piel. Dedo bajo pantalón, acaricia espalda, vuelve tetas. Me corro ya, coño chorreando, culotte empapada, pantalón húmedo. Olor a sexo sube, almizclado.

—Hmmm, delicioso —me apoyo en pared.

A cuatro patas, menea culo, lame labios. Manos en cintura, desabrocha cinturón. Lame vientre, ombligo, borde pantalón. Baja un poco, ve mi tanga blanca. Beso ahí.

—Huele rico —dice.

Dedo bajo tela, roza pubis rasurado. Baja más pantalón, besa tanga. Quita zapatos, arranca pantalón. Solo tanga, sujetador arriba, camisa abierta. Presiona, me pongo bocabajo.

—Quiero ver ese culito.

Muerdo labio. Masajea pantorrillas, muslos, besa lento. Brazos tensos, cabeza girada viéndola.

—Qué culazo —dice.

Gimo. Manos en tanga.

—Mejor a pelo.

Baja tanga despacio, besa nalgas. Lengua en raja, fente. Mmm, húmeda, caliente.

—No te muevas, mi ciervita.

Se levanta, striptease. Se toca tetas sobre camisa, desata lazos lento. Abre, sujetador blanco apretando melones. Mano en falda, se toca coño. Baja falda, se gira, quita sujetador. Tetas perfectas, pezones rosados. Baja braga rápido, solo medias. Se arrodilla sobre mí, pelotea tetas. Se echa encima, tetas en mi espalda, frota coño en culo. Humedad suya en mis nalgas, resbaladizo. Gime, se corre, chorro caliente en mi piel. Me lame limpio, lengua rasposa.

Me gira, mira coño. Soplo en clítoris, tiemblo. Piernas tras ella, lengua dentro. Me arqueo, mano en pelo.

—Sigue, aaaah.

Mano en tetas, amasa. Lengua fouilla, gimo bajito. Dedo cerca ano, círculos.

—¡Mételo! —grito.

Juega, pulgar en vulva. Boca en clítoris, muerde suave. Dedo entra en culo, aprieto piernas. Me folla todo, exploto, jugos en su cara. Se lame, reparte en mis tetas, me besa con mi sabor salado dulce.

La miro: esta novata es pro.

—¿Qué tal? —dedo en labios.

—Brutal, pero ahora yo…

¡Ascensor arranca! Lo para, nos vestimos rápido. No probé su néctar aún. Dos palabras para Angéla…

Fin por ahora.

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