Confesión ardiente: atrapada por la nieve con un desconocido y sexo salvaje

Ay, chicas, no os lo vais a creer. Acabamos de terminar la sesión de formación, eran como las cuatro de la tarde, y de repente el director entra en la sala de conferencias. ‘Chicos, la nieve está cayendo fuerte, las carreteras se van a cerrar. Hay buses para el hotel’. Fuera, el viento aullaba, copos enormes pegándose a las ventanas. Todos corrieron a los buses menos yo. Vivo cerca, pero con esta nevada… ni loca. Y entonces veo que él también se queda. Pascal, se llama. O Pablo, como queráis, un tío maduro, unos cuarenta, pero con ese rollo interesante, mirada pícara.

Nos miramos. ‘¿Tú también atrapada?’, me dice. ‘Sí, mi coche no pasa esto’. Llamo a mi novio: ‘Tranquilo, amor, no pasa nada. Hay otro tío aquí conmigo’. Cuelgo y nos ponemos a charlar. Revisamos la cocina, hay comida. Volvemos al salón, intentamos trabajar un rato en los papeles de la formadora. Pero la tele no funciona, el wifi muerto. ‘Si tuviera mi portátil…’, dice él. Entonces, en la sala de conferencias, vemos el ordenador de la formadora olvidado. Grande, bruna de unos cincuenta, siempre tan pro.

La nevada nos deja solos en el centro de formación

Ana, ¿lo pruebas? Le digo que sé la contraseña, la vi teclearla. Dos particiones: Pro y Privé. El dossier de vídeos… 110 GB. ¡Madre mía! Lo cogemos, lo conectamos a la tele. Yo clico una al azar. No es docu de viajes, es ella… desnuda, besando a un tío, chupándosela. Pascal llega con su saco de dormir. Se para detrás de mí. ‘Joder, ¿qué es esto?’, susurra. Pauso, pero él dice ‘Sigue, no es sextape, mira… alguien filma’. Y tiene razón. Es su marido candaulista, ofreciéndola.

Otra vídeo: Camerún, dos negros enormes follándosela. El aire se carga de electricidad. Huelo su colonia mezclada con el mío, sudor nervioso. ‘¿Tú has hecho candaulismo?’, le pregunto. Se ríe. ‘No, pero no me choca. ¿Y tú, has engañado a tu chico?’. Le cuento lo del boda, el tío bajo la mesa, sus dedos en mi coño, cómo me corrí, luego se la mamé y tragué. ‘Desde entonces, dejo que mi novio me llene la boca’. Él se acerca. Su mano en mi muslo. La mía sobre la suya. Nos besamos, dientes chocando, lenguas salvajes.

Sus manos everywhere: pecho, bajo la falda. Gimo, ‘Sí…’. Me levanto, nos desnudamos a tirones. Su polla… dura como piedra, pegada al vientre, gruesa. La agarro, late. Me tumba en el sofá, quita zapatos lentos, collant deslizándose por mis piernas sedosas. Huele mi tanga, mojada. ‘Hueles a deseo puro’, murmura. Boca en mis labios abajo, lengua en el surco, clítoris hinchado. Chupa, aspira. ‘¡Ahhh!’. Manos en su pelo, guío.

Videos calientes, confesiones y un orgasmo tras otro

Pero él quiere más. Me gira cabeza colgando del sofá, piernas arriba. Polla en mi boca, profunda. Glup, glug… saliva chorreando por mi cara, lágrimas de placer. Empujo sus nalgas, quiero más. Pum pum contra garganta. ‘¡Me corro!’, grita. Chorros calientes en mi boca, trago todo, salado, espeso. Me besa, prueba su semen en mí. Sigue duro. Capote on.

La tele sigue: marido follando a la formadora en el espejo. La pongo a cuatro patas. Entro fácil, coño chorreando. Plaf plaf, olores a sexo, sudor. Gime, mira la pantalla. Él la empala anal. Yo rozo su ano, pero ‘No aún… fóllame así’. Me corro dos veces, él dentro. Luego cabalgo, pechos rebotando. Mañana, a cucharada en el saco.

Semana después, le escribo: teoría del desvío sexual funciona, ¿repetimos con mi novio? Su mujer responde: venid a casa, cuatro es mejor. ¡Chicas, esto recién empieza!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *