Ay, chica, no te imaginas lo que viví anoche en ese club swinger. Estaba de rodillas sobre la alfombra suave, entre las piernas de él, Ludwig, un tipo alto y fuerte. Su polla dura, gruesa, palpitaba delante de mi cara. Olía a hombre, a sudor mezclado con ese aroma almizclado que me vuelve loca. La lamí despacio desde la base, sintiendo las venas hinchadas bajo mi lengua. ‘Mmm, ¿te gusta, cariño?’, le susurré mirándolo con ojos provocadores.
Él jadeó, ‘Joder, Camille, eres una diosa’. Mi cabeza rubia subía y bajaba, succionando con fuerza, saliva chorreando por la hampe. Usaba las manos para masajear sus huevos pesados, apretándolos suave. Sentía su calor en mi boca, el sabor salado de la preeyaculación en mi lengua. Cada vez que lo miraba, sus ojos brillaban de placer. Yo me mojaba tanto… mis bragas empapadas, frotando los muslos uno contra otro. ‘¿Sientes cómo me excita chupártela?’, le dije, soltándola un segundo para lamerle las bolas, oliendo su esencia.
De rodillas, saboreando cada centímetro
Enfrente, Ghislaine, esa morena celosa, se montaba en Georges como una loca. ‘¡Ah! ¡Sí, más fuerte!’, gritaba ella, sus tetas grandes rebotando. Se giraba para verme, queriendo picarme. Yo sonreí alrededor de la polla de Ludwig, acelerando el ritmo. Slurp, slurp, los sonidos húmedos llenaban el aire. Mi coño palpitaba, casi me corro solo de dominarlo así. Él gemía, ‘No pares, por favor…’. Le acaricié el vientre, las piernas, volviendo a mi polla favorita.
De repente, vi una gotita perlada en su meato. ‘Mira qué rica’, murmuré, lamiéndola. Él se tensó, caderas arriba. Yo me concentré, boca alrededor del glande, lengua girando. Sus manos en mi pelo, pero suave. Olía a sexo puro, aire cargado de gemidos ajenos. Ghislaine chillaba más fuerte, ‘¡Me corro! ¡Mejor que contigo, Ludwig!’, celosa porque sabía que yo le daba lo máximo.
El clímax, la jalousie y el caos final
Entonces, ¡pum! El primer chorro me salpicó la cara, caliente, espeso. Tragué lo que pude, el resto en mi piel, mi pelo. ‘¡Sí, toma todo!’, gruñó él, convulsionando. Me levanté, labios hinchados, sonriendo satisfecha. ‘Te hice volar, ¿eh?’, le dije besándolo.
Pero… ¡cries, disparos! ‘¡Son los polis!’, gritó alguien. Pánico total. Gente desnuda corriendo, tetas y pollas volando. Yo busqué mi ropa, corazón latiendo fuerte, olor a semen aún en mí. Salí como pude, riendo nerviosa. Qué noche, amiga. Aún siento su sabor en la boca.