Confesión ardiente: Mi intercambio loco con un couple italiano en la Costa Azul

Lo que os cuento pasó hace un mes, en unas vacaciones cortas en la Costa Azul. Tengo 28 años, estoy casada con Pablo desde hace tres, y aunque nos queremos mucho, el sexo rutinario empezaba a cansarme. Soy petite, con tetas firmes, culito redondo y tonificado de tanto gym, pelo negro largo y piel bronceada. Siempre he sido curiosa, abierta al placer, pero Pablo era mi único hombre hasta entonces.

Esa mañana, después del desayuno, fuimos a la playa. Al lado de nuestro parasol, un couple: él, Vittorio, unos 50, musculoso, bronceado, con canas en las sienes; ella, Mabel, 40 y pico, curvas deliciosas, bikini ajustado que marcaba sus pechos grandes y culo apetecible. No pude evitar mirarla, pero él me sonrió primero. Charlamos. Vittorio era simpático, charlador. Yo reía con sus bromas, mientras Pablo iba con Mabel al agua.

El encuentro casual en la playa que lo cambió todo

De repente, Mabel volvió y me susurró: ‘Mi marido te come con los ojos. Somos liberados, ¿y vosotros?’. Me quedé helada. Le conté que nunca habíamos hecho nada así, que me ponía nerviosa. Pero ella insistió: ‘Prueba, Vittorio es un dios en la cama. Y yo quiero a tu Pablo’. Su aliento olía a menta, su piel a crema solar con coco. Me excité solo de imaginarlo.

La tarde pasó con charlas inocentes, pero el aire estaba cargado. Quedamos en el bar del hotel. En la cena, Pablo me contó lo de Mabel, pero yo ya ardía por dentro. Fuimos al bar. Copas y copas, risas. Sonó un saxo lento. Vittorio me pidió bailar. Pablo asintió, yo miré a mi marido con ojos furiosos, pero cedí. Su cuerpo contra el mío, duro, olor a mar y colonia masculina. Me susurraba al oído: ‘Eres preciosa, Susana… déjate llevar’. Reí, nerviosa.

Mabel aprovechó la penumbra para tocar la pierna de Pablo. Yo lo vi de reojo. Cuando volví, Vittorio propuso champagne en su habitación. Acepté sin pensarlo. Caminando, Vittorio le dijo a Pablo directo: ‘¿Te parece si te follo a tu mujer mientras tú follas la mía?’. Pablo palideció, pero dijo sí. Yo temblaba de anticipación.

En la habitación, dos camas grandes. Luces tenues, música suave. Vittorio me atrajo, lamió mi oreja… mmm, cosquilleo eléctrico. Besos en el cuello, piel erizada. Intentó mi boca, resistí un segundo, pero su lengua invadió, cálida, jugosa. Olía a vino. Sus manos en mis tetas, abrí el corsé. Chupó mis pezones, duros como piedras, mordisqueó suave. Gimeé bajito: ‘Ay… sí…’

Me quitó la falda, el tanga empapado. Olía a mi excitación, almizcle dulce. Me tumbó, besó mi ombligo, muslos. Lengua en mi coño, chupando clítoris… ¡Dios! ‘Ohhh… Vittorio… despacio…’, arqueé la espalda. Lamía del clítoris al ano, saboreando mis jugos. Evitó que me corriera, maestría pura.

La habitación: placeres prohibidos y orgasmos explosivos

Su polla… gruesa, venosa, más larga que la de Pablo. La tragué, no toda cabía, pero mamé con ganas, manos arriba-abajo, lamí huevos salados, dedo en su culo. Él gemía ronco: ‘Brava, Susana…’. Luego me gamahuchó más, sacó lubricante. Me puso al borde, piernas colgando. Untó mi coño.

‘Vent piano, por favor’, susurré. Se apoyó, glande brillante entró lento… resistencia, luego ¡zas! Adentro. Jalea de celos y excitación en Pablo, que ya follaba el culo de Mabel. Vittorio bombéa profundo, yo cabrgueaba: ‘Más… ay, sí…’. Miré a Pablo: ‘Te quiero…’, piernas en su cintura. Golpes de vientre contra pubis, chapoteo húmedo. ‘Te haré correr como nunca’, gruñó. Quince minutos eternos, yo masturbándome, pero él paró mi mano.

‘¡Más rápido! ¡Voy a correrme!’, imploré. Él aceleró: ‘Ohhh… ahhh…’. Yo: ‘Sí… ahora… ¡arrrgh!’. Orgasmos juntos, su leche caliente rebosando mi coño, goteando muslos. Besó mis tetas temblorosas.

Pausa. Me puso a cuatro, lamió espalda, culo alzado. Lengua profunda en ano y coño: ‘Oh… ai… sí…’. Dedos lubricados dilatando. Glande en mi culito virgen… ‘Suave, eh’. Dolor pinchazo, luego placer. Se hundió, yo empujaba atrás: ‘¡Fóllame el culo!’. Tetas balanceándose, gemidos salvajes.

Le pedí la polla de Pablo en la boca. La saqué del culo de Mabel, limpia, mamé salada. Luego sobre Vittorio, polla en culo, Pablo en coño. Sentía las dos vergas frotándose dentro, separadas por membrana. Ojos en blanco: ‘¡Os quiero! ¡Más fuerte… así… aghhh… todo adentro!’. Convulsiones, mordí sábanas. Ellos corrieron, semen llenándome ano y coño, caliente, viscoso.

Ducha rápida. Volví con Pablo, dormimos. Al día siguiente, desayuno. Él: ‘¿Te gustó?’. Sonreí coqueta: ‘Sí… pero fue la última…’. Mentira. Quedan días: ‘Nos quedan cuatro…’, guiñé.

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